BRAD
Clarissa sigue mirando a la planta.
Como si esperara que Ernesto resolviera algún misterio existencial.
No lo hará.
Es una planta.
Aunque empiezo a sospechar que tiene más capacidad de razonamiento que algunas personas que conozco.
Ella está tumbada en el sofá.
Yo sigo en la cocina.
La taza de café está medio llena.
La conversación debería haber terminado hace rato.
Pero no termina.
Y ninguno parece especialmente interesado en marcharse. Extraño. Muy extraño.
Clarissa sigue observando a Ernesto.
-Te está juzgando.
-Lo sé.
-No. Lo digo en serio.
-Brad.
-Qué.
-No ayudes.
Asiento.
-Nunca ayudo.
-Eso es mentira.
-No.
-Sí.
La miro. Ella me mira. Luego vuelve a mirar la planta. Como si la conversación tuviera sentido. No lo tiene. Pero ya me he acostumbrado. Demasiado.
Me apoyo contra la encimera.
-¿Siempre hablas con cosas que no responden?
-Solo con las que me escuchan.
-Eso explica muchas cosas.
-Gracias.
-No era un cumplido.
-Lo sé.
Por supuesto que lo sabe.
La casa vuelve a quedarse tranquila. No incómoda. Simplemente tranquila.
Clarissa juega con una hoja de Ernesto.
-¿Tú tienes hermanos?
La pregunta aparece de la nada.
Muy ella.
-No.
-¿Ninguno?
-Ninguno.
-Qué raro.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
No merece la pena discutir. Nunca merece la pena discutir con Clarissa. Porque Clarissa considera la lógica una sugerencia.
-¿Y tus padres?
Ahí sí. Ahí la conversación cambia un poco. Muy poco. Pero suficiente.
Miro la taza.
-Murieron.
Ella se queda quieta.
-Lo siento.
-No lo sientas.
Porque no fue culpa suya. Porque no sirve de nada. Porque hace mucho tiempo de eso. Y porque la verdad es peor. Mucho peor.
Ella baja la vista.
-Aun así lo siento.
No respondo.
Porque no sé qué responder a eso.
Entonces ella se encoge un poco de hombros.
-Yo nunca conocí a los míos.
Levanto la mirada.
Clarissa sigue mirando al frente.
Como si hablara del tiempo.
Como si no importara.
-¿No?
Niega despacio.
-No.
Pausa.
-El director del orfanato me enseñó los documentos cuando era más pequeña.
Su voz es tranquila. Demasiado tranquila.
-Mi madre murió al darme a luz.
No dice nada más durante unos segundos.
-Y mi padre murió cuando yo tenía un año.
La miro.
-¿Cómo?
-Cáncer.
Asiento. No sé qué decir. Y eso es raro. Porque normalmente siempre encuentro algo que decir. Aunque sea una mala idea.
Ella sonríe un poco.
Pero es una sonrisa pequeña.
-Así que técnicamente fui huérfana desde que aprendí a existir.
No me gusta cómo suena eso. No me gusta nada.
-El orfanato tampoco fue gran cosa.
La observo.
-¿No?
Se ríe.
Una risa sin gracia.
-Brad.
-Qué.
-Los niños son monstruos.
No parece una broma.
-¿Tan malo era?
-¿Has conocido niños?
-Sí.
-Pues eso.
Me apoyo mejor contra la encimera.
-Explícate.
-Me insultaban.
Lo dice como quien comenta el tiempo.
-Me escondían cosas.
Pausa.
-Se burlaban bastante.
Otra pausa.
-Una vez me tiraron una bandeja de comida encima.
Parpadeo.
-¿Qué?
-Fue una semana complicada.
La miro.
Ella sigue hablando como si nada.
Como si no estuviera describiendo algo horrible.
-También me encerraron varias veces en un armario.
Aprieto la mandíbula.
-Clarissa.
-Qué.
-Eso no es normal.
-Ya.
Y ahí está el problema.
Lo dice como si fuera algo normal.
Como si hubiera decidido hace años que no merecía la pena enfadarse.
Y eso me irrita más de lo que debería.
Mucho más.
-¿Y los adultos?
Ella se encoge de hombros.
-Algunos ayudaban.
-¿Y los demás?
-Miraban para otro lado.
Perfecto.
Maravilloso.
Humanidad ejemplar.
Clarissa sonríe un poco al verme la cara.
-No pongas esa expresión.
-¿Qué expresión?
-La de querer cometer delitos.
-No sabes qué expresión tengo.
-Claro que sí.
Por desgracia probablemente tiene razón.
Ella se acomoda mejor en el sofá.
-No pasa nada.
-Sí pasó.
-Ya pasó. Que no es lo mismo.
Y por primera vez entiendo algo.
Entiendo por qué siempre espera lo peor.
Entiendo por qué convierte todo en una broma.
Entiendo por qué parece tan sorprendida cuando alguien simplemente se queda.
Porque la mayor parte de su vida la gente no lo hizo.
La observo unos segundos.
Ella levanta una ceja.
-¿Qué?
-Nada.
-Mentira.
-Posiblemente.
Clarissa sonríe.
Y esta vez la sonrisa es real. Pequeña. Pero real.
Y por alguna razón extraña... me alegra verla.
Más de lo que debería.
Mucho más.
Editado: 24.08.2026