DAMON
La universidad siempre tiene el mismo ruido.
Gente hablando demasiado alto como si eso hiciera que sus problemas desaparecieran.
Cosas cayéndose.
Risas que no sé si son reales o solo costumbre.
Sigo el camino hasta la entrada sin detenerme demasiado.
No debería estar aquí tanto como últimamente estoy aquí.
Eso es un pensamiento que ignoro.
Siempre es más fácil ignorarlo.
Entro.
El aire cambia un poco dentro del edificio.
Más cálido. Más ordenado. Más falso.
Miro alrededor.
Y entonces la veo.
Malena.
Está cerca de una de las puertas del aula, hablando con alguien. Lleva una mochila colgada de un hombro y ese gesto suyo de estar siempre medio distraída, como si su cabeza estuviera en tres sitios a la vez.
No me ha visto todavía.
Eso dura poco.
Levanta la mirada.
Se queda quieta.
Un segundo.
Dos.
Y luego sonríe.
Como si el día acabara de mejorar sin pedir permiso.
Y corre.
Literalmente.
Corre hacia mí.
-¡Didi!
No sé por qué, pero el sonido de ese nombre aquí dentro siempre suena fuera de lugar.
Me alcanza en dos segundos y se detiene justo delante de mí, sin preocuparse de que la gente nos mire.
Que nos miran.
Siempre nos miran.
-Has venido -dice, como si fuera una sorpresa que exista la consistencia.
-Te dije que vendría.
-Ya, pero igual podías haber mentido.
-No es mi estilo.
-Tu estilo es no tener estilo -responde, sonriendo.
No lo niego.
Malena ajusta la mochila y mira alrededor, como si de repente recordara que el mundo no está hecho solo para nosotros dos.
-¿Tienes tiempo o vienes en modo "vida criminal urgente"?
La miro.
-Depende de cómo definas urgente.
-Todo lo defines como urgente.
-Es que todo lo es.
-Eso es deprimente.
-Es realista.
Ella pone los ojos en blanco, pero sonríe igual.
Me guía hacia el patio de la universidad sin preguntarlo demasiado. Es uno de esos sitios donde todo el mundo desaparece en el descanso. Bancos, árboles, ruido de fondo.
Demasiado normal.
Nos sentamos en uno de los laterales.
Ella deja la mochila en el suelo.
-Vale -dice-. Cuéntame cosas normales.
-No tengo cosas normales.
-Eso ya lo sé. Pero intenta.
Resoplo.
-He trabajado.
-Eso no cuenta como vida.
-Para mí sí.
Malena se ríe bajito.
Ese tipo de risa que no intenta impresionar a nadie.
-¿Y Clarissa?
La pregunta llega sin peso.
Pero igual se queda un segundo más de lo que debería.
-Está igual -respondo.
-Eso suena a que está bien y mal al mismo tiempo.
-Es Clarissa.
Asiente como si eso lo explicara todo.
-La echo de menos -dice después.
No hay dramatismo en su voz.
Solo verdad.
Eso es lo raro.
Malena apoya los codos en las rodillas.
-¿Ella cómo está contigo?
La miro un segundo.
-Rara.
-Eso no es nuevo.
-No. Pero... diferente.
Malena ladea la cabeza.
-¿Diferente bueno o diferente peligroso?
No respondo.
Porque no sé cuál de las dos opciones es correcta.
Eso parece bastarle.
Se queda mirando el patio.
-Me gustaría conocerla más -dice.
-No es fácil de conocer.
-Nadie lo es.
No contesto.
Porque en su caso probablemente tenga razón.
El viento mueve un poco los árboles.
El ambiente es demasiado tranquilo.
Demasiado estable.
Y eso siempre me hace desconfiar un poco.
Malena está a punto de decir algo más cuando mi móvil vibra.
Una vez.
Luego otra.
Lo saco del bolsillo.
La pantalla ilumina el nombre.
SEBASTIÁN.
No es frecuente.
Eso nunca es bueno.
Malena me mira.
-¿Problemas?
-Trabajo.
Mentira parcial.
Me levanto.
-Es un momento.
Ella asiente sin discutir.
-Vale.
Me alejo un poco del patio.
Hasta una zona más vacía, cerca de la pared del edificio.
Respiro una vez.
Contesto.
-Sí.
La voz al otro lado no necesita presentaciones.
-Damon.
Solo decir mi nombre así ya cambia el aire.
-Qué pasa.
Pausa breve.
-He encontrado algo interesante.
Aprieto un poco la mandíbula.
-Estoy ocupado.
-No lo estás tanto como crees.
Silencio.
Eso me molesta más de lo que debería.
-Habla.
Otra pausa.
Y entonces lo dice.
-He estado mirando tus movimientos recientes.
No respondo.
-Y he identificado una distracción.
El pulso no cambia.
Pero algo dentro sí.
-No tengo distracciones.
-Sí las tienes.
Pausa.
-Una universitaria.
El mundo no se detiene.
Pero casi.
Sigo sin hablar.
Porque si hablo, confirmo demasiado.
La voz Me interesa.
Cierro los ojos un segundo.
Luego los abro.
Y miro hacia el patio.
Malena está donde la dejé.
Moviéndose un poco en la silla.
Sin idea de nada.
-No te metas en eso -digo al final.
Silencio.
Luego una pequeña risa.
-Curioso.
-Qué.
-Que uses esa frase.
No respondo.
Porque ya sé lo que viene.
-Damon -dice él-. Cuida tus prioridades.
Y cuelga.
Así.
Sin más.
Me quedo mirando el móvil un segundo más de lo necesario.
Luego lo guardo.
Y vuelvo al patio.
Malena levanta la vista en cuanto me ve.
-¿Todo bien?
Me siento otra vez.
La miro.
Y durante medio segundo no digo nada.
Porque decir algo ahora cambiaría todo.
-Sí -respondo al final-. Todo bien.
Ella sonríe.
Y sigue hablando de algo sin importancia.
Pero yo ya no estoy escuchando igual.
Porque ahora hay una frase que no se me va de la cabeza.
Editado: 24.08.2026