No me llames princesa (1)

Capítulo 73

SEBASTIÁN

Hay personas que creen que investigar es difícil.

No.

Lo difícil es escuchar.

La gente habla demasiado.

Siempre.

Solo hay que dejar que se cansen y, tarde o temprano, terminan entregándote algo útil.

Tengo una carpeta abierta sobre el escritorio.

Una carpeta nueva.

Pequeña.

Demasiado pequeña.

No me gusta.

Las carpetas pequeñas suelen esconder problemas grandes.

Toco el borde con los dedos.

"Malena Romero."

Universitaria.

Veinte años.

Buenas notas.

Sin antecedentes.

Padres normales.

Vida normal.

Amigos normales.

Todo normal.

Demasiado normal.

Y eso me irrita un poco.

Porque las personas normales no deberían acercarse a mi hijo.

Los mundos distintos tienen la mala costumbre de romperse cuando se tocan.

Paso una página.

Fotografías.

Ella riéndose.

Ella saliendo de clase.

Ella en una cafetería.

Ella caminando.

Y Damon.

Siempre Damon.

Interesante.

Muy interesante.

La puerta del despacho se abre.

Nicolás.

-No llamaste.

-No.

Bien.

-¿Qué ocurre?

-Se han revisado los movimientos del almacén.

Lo miro.

-¿Y?

-No encontramos nada.

-Sí encontramos algo.

Nicolás espera.

-La ausencia de algo también es una respuesta.

Asiente.

No parece entenderlo del todo.

Es normal.

La mayoría no lo hace.

-Deberías descansar -dice.

Lo miro.

-¿Eso era una broma?

-No.

-Pues procura que no vuelva a ocurrir.

Nicolás baja la vista.

-Señor.

-Qué.

-Hay otra cosa.

Levanto una ceja.

-La chica.

Miro la carpeta.

-Sí.

-Hemos investigado.

-Ya lo sé.

-No parece una amenaza.

Sonrío un poco.

Muy poco.

-Las amenazas más peligrosas nunca lo parecen.

Nicolás guarda silencio.

Bien.

-Lo curioso -continúo- no es ella.

-¿No?

-No.

Cierro la carpeta.

-Lo curioso es él.

Nicolás tarda unos segundos.

-Damon.

-Sí.

Porque conozco a mi hijo.

Lo conozco mejor que nadie.

Lo he educado yo.

Lo he visto romper huesos.

Lo he visto mentir.

Lo he visto crecer.

Y jamás.

Jamás.

Lo he visto decir:

"No te metas en eso."

Interesante.

Porque esa frase no es una orden.

Es miedo.

Y Damon no suele tener miedo.

No de esa manera.

Nicolás observa los documentos.

-¿Qué harás?

-Nada.

Parpadea.

-¿Nada?

-De momento.

La impaciencia es un defecto desagradable.

La gente cree que encontrar una debilidad significa utilizarla inmediatamente.

No.

Primero se observa.

Después se comprende.

Y finalmente se decide.

Todo lo demás es estupidez.

Nicolás asiente.

-Y sobre el traidor...

Ah.

Eso sí es interesante.

Sonrío apenas.

-La gente enamorada es fascinante.

Nicolás parpadea.

No entiende nada.

Es una pena.

-Se vuelven torpes. Distraídas. Predecibles.

-No veo la relación.

-Claro que no.

Me levanto.

Camino hasta la ventana.

La ciudad sigue ahí.

Pequeña.

Ruidosa.

Ridículamente convencida de que controla algo.

-Lo divertido de las familias -digo al final- es que siempre terminan decepcionándote.

Nicolás no responde.

Sabe que no hablo con él.

Bien.

La gente inteligente sabe cuándo no participar en una conversación.

-Vigílalos a todos.

-¿Todos?

-Todos.

-¿Incluso...?

-Sí.

No necesita preguntar nombres.

Ya los conoce.

Nicolás se marcha.

Y vuelvo a quedarme solo.

Prefiero estar solo.

Las personas son útiles.

La soledad es eficiente.

Abro otra vez la carpeta de Malena.

Miro una fotografía.

Está sonriendo.

Es una sonrisa agradable.

Demasiado agradable.

Parece feliz.

La felicidad siempre ha sido una cosa curiosa.

La gente cree que es fuerte.

Pero no.

La felicidad es frágil.

Muy frágil.

Y cuanto más feliz es alguien...

más tiene que perder.

Suena el teléfono.

Pamela.

Interesante.

Contesto.

-Sebastián.

Su voz es tranquila.

Como siempre.

-Tenemos que hablar.

-No.

-Sí.

-No.

Pausa.

-Pamela.

-Qué.

-Sigues siendo igual de pesada.

-Tú sigues siendo igual de insoportable.

Sonrío un poco.

Cuántos años.

Cuántas conversaciones.

Cuántas mentiras.

-Hablaremos mañana -dice.

-Qué romántico.

-Intenta no morir antes.

Cuelga.

La sonrisa desaparece.

Porque mi esposa tiene muchas virtudes.

Pero el humor no es una de ellas.

Vuelvo a mirar la ciudad.

Y por primera vez en mucho tiempo...tengo la extraña sensación de que algo se mueve.

Algo importante.

No sé qué es.

Todavía.

Pero está ahí.

Y lo curioso del peligro...

es que la mayoría de las veces no llega haciendo ruido.

Llega sonriendo.

Y cuando te das cuenta...ya está sentado contigo en la habitación.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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