CLARISSA
Hay días en los que el techo parece tener demasiadas respuestas.
Estoy tumbada sobre la cama, con las manos detrás de la cabeza.
El techo sigue siendo blanco.
Aburrido.
Sospechoso.
Lo miro como si en cualquier momento fuera a aparecer un mensaje secreto.
No aparece.
Qué decepción.
Ernesto está en la mesilla.
No puedo verlo desde aquí, pero sé que está ahí.
Las plantas tienen una capacidad extraordinaria para hacerte sentir observada.
Qué falta de educación.
Cierro los ojos.
Y entonces recuerdo la conversación con Brad.
"Los niños son monstruos."
No sé por qué esa frase se me ha quedado dando vueltas.
Quizá porque él no se rió.
Quizá porque, por primera vez, alguien la escuchó como realmente era.
No como una broma.
Sino como un recuerdo.
Y, sin pedir permiso...vuelve.
&&&
CLARISSA (7 AÑOS)
Tengo siete años.
Lo sé porque llevo toda la mañana diciéndolo.
-Hoy cumplo siete.
Se lo he dicho a una cuidadora. A un niño. Al cocinero. A una señora que ha venido a donar ropa.
Todos sonríen.
Todos dicen:
-Felicidades.
Nadie recuerda mi nombre.
No importa.
Hoy tampoco.
En el comedor hay tarta. No por mí. Es domingo. Los domingos siempre hay tarta. Pero durante unos minutos imagino que sí.
Que quizá la han hecho porque hoy cumplo años.
Una cuidadora se acerca.
Se llama Marta.
Siempre huele a colonia de flores.
Se agacha hasta quedarse a mi altura.
-Clarissa.
Levanto la cabeza enseguida.
-¿Sí?
Sonríe.
-Ponte el jersey bonito.
Frunzo el ceño.
-¿Por qué?
-Porque hoy vienen unas personas.
El corazón me da un salto.
-¿A por mí?
Ella duda un instante.
Solo uno.
Pero yo no lo noto.
-Nunca se sabe.
Nunca. Se. Sabe.
Corro escaleras arriba.
Busco el jersey azul. El que solo me pongo cuando vienen visitas. Me peino sola delante del espejo. El flequillo nunca queda bien.
Lo intento otra vez.
Y otra.
Y otra.
Después espero.
Sentada en un banco del pasillo.
Con las piernas balanceándose.
Cada vez que la puerta se abre... levanto la cabeza.
No son. Otra vez. No son. Otra vez. No. Otra. No.
Las horas pasan despacio.
Cada niño que desaparece con una familia hace que el banco pese un poco más.
Al atardecer ya casi no queda nadie esperando.
Solo yo.
Marta vuelve a aparecer.
Me acaricia el pelo.
Muy despacio.
-Cariño...
No hace falta que termine la frase.
Lo entiendo.
Asiento antes de que pueda decirlo.
-Están ocupados.
Ella no responde.
Porque las dos sabemos que acabo de inventarme una excusa para que no le dé pena.
Sonrío.
Lo mejor que puedo.
-No pasa nada.
Mentira.
Marta desaparece unos minutos.
Cuando vuelve trae una magdalena.
Tiene una vela torcida.
-Feliz cumpleaños.
La miro. Es preciosa. Muchísimo más bonita que cualquier tarta.
-Gracias.
Soplo la vela.
Pido un deseo.
No voy a decir cuál fue.
Porque nunca se cumplió.
Marta me da un beso en la frente.
Luego tiene que seguir trabajando.
Me quedo sola.
Con la magdalena entre las manos.
Le doy un mordisco. Está un poco seca. Pero sabe bien. Porque es lo único que alguien ha preparado para mí hoy.
Miro la puerta una vez más.
Por si acaso.
Sigue cerrada.
Aquella noche me dormí abrazando el jersey azul.
Pensando que quizá...solo quizá...el año siguiente alguien se acordaría de venir.
&&&
Abro los ojos.
El techo sigue ahí.
Tan blanco.
Tan aburrido.
Y descubro que tengo la cara húmeda.
Genial.
Muy elegante todo.
Me limpio la lágrima rápido con la manga.
Nadie lo ha visto.
Perfecto.
Llaman a la puerta.
-Pasa.
Brad entra.
Como siempre. Sin hacer ruido. Lleva una carpeta bajo el brazo. Claro. Porque seguramente hasta para respirar necesita documentación.
Levanta la vista hacia mí.
Y se queda quieto.
Solo un instante.
Suficiente.
Me giro un poco.
Como si estuviera acomodándome.
Me limpio la cara otra vez.
Más rápido.
Demasiado tarde.
Lo ha visto.
Por supuesto que lo ha visto.
Brad observa unos segundos.
No pregunta.
Nunca pregunta.
Deja la carpeta sobre el escritorio.
-He hablado con Damon.
Me incorporo despacio.
-¿Y?
-Puedes ver a Malena.
Parpadeo.
-¿De verdad?
Asiente.
-Vendrá esta tarde.
Y, sin querer...sonrío.
Una sonrisa pequeña.
Pero sale sola.
Brad sigue mirándome.
Más tiempo del habitual.
-¿Qué? -pregunto.
Niega muy despacio.
-Nada.
-Mentira.
-Posiblemente.
Me bajo de la cama.
Intento parecer una persona normal.
Fracaso rápidamente.
-¿Entonces puedo verla de verdad?
-Sí.
-¿Sin letra pequeña?
-Sin letra pequeña.
-¿Sin contrato firmado con sangre?
-Clarissa.
-Qué.
-Respira.
-Otra vez se me había olvidado.
Eso consigue que una esquina de su boca se mueva apenas.
No llega a ser una sonrisa.
Pero casi.
Y viniendo de Brad...eso equivale a fuegos artificiales.
Me acerco un poco.
-Gracias.
Él baja la vista un segundo.
Después vuelve a mirarme.
-Prefiero verte sonriendo.
El tiempo se queda raro.
No incómodo.
Solo...quieto.
No esperaba eso.
Brad tampoco parece haber esperado decirlo.
Porque aparta la mirada casi enseguida.
-Ve preparándote.
-Vale.
Da un paso hacia la puerta.
Editado: 24.08.2026