No me llames princesa (1)

Capítulo 78

PAMELA

Las personas creen que una guerra empieza con el primer disparo.

No.

Empieza cuando alguien deja de creer que el rey merece seguir sentado en el trono.

&&&

El edificio está vacío.

Eso es exactamente lo que buscaba.

No pertenece a la organización. Nunca ha pertenecido. Y, por esa misma razón, Sebastián jamás pensaría en buscarme aquí.

Subo las escaleras sin prisa.

El silencio siempre ha sido un buen aliado. Hace que la gente hable más bajo. Y piense más alto.

Empujo la puerta.

Dentro ya esperan cuatro personas. No hace falta saludarlas. Todos saben por qué estamos aquí.

Un plano ocupa casi toda la mesa.

Lo observo unos segundos.

Después me acerco.

-Empezad.

Uno de ellos desliza varias carpetas.

-Las confirmaciones ya están.

Paso las hojas lentamente. No necesito leerlas enteras. Solo comprobar una cosa. Las firmas. Todas están. Casi todas.

-Falta una.

-Llegará hoy.

Asiento.

No pregunto quién.

Si todavía no está, todavía no importa.

Levanto la vista.

-¿Y los apoyos?

-Más de los previstos.

-¿Cuántos?

-Los suficientes.

No. Esa no es una cantidad.

-Número.

El hombre baja la vista al documento.

-Diecisiete.

Me parece aceptable. No es excelente. Es aceptable.

&&&

Extiendo el plano.

El edificio aparece dividido por plantas. Entradas. Salidas. Pasillos. Puntos ciegos.

Recorro el papel con la yema del dedo.

Me detengo.

-Esto no sirve.

Uno de los hombres frunce el ceño.

-¿Qué ocurre?

Señalo una esquina.

-Aquí.

-No hay cámaras.

-Precisamente.

Silencio.

-Si no hay cámaras, Sebastián desconfiará.

Cambio el recorrido con un bolígrafo. Después otro. Y un tercero.

-Entrarán por aquí.

-Eso alarga el tiempo.

-Cinco segundos.

-Es arriesgado.

Lo miro.

-Más arriesgado es asumir que Sebastián ha dejado de pensar.

Nadie responde.

Bien.

&&&

Llaman a la puerta.

Tres golpes.

Dos.

Uno.

La señal acordada.

-Adelante.

Brad entra. Traje oscuro. Carpeta bajo el brazo. Cara de funeral, como siempre.

Se acerca a la mesa.

No mira a nadie más.

Solo el plano.

-¿Cómo va?

-Mejorando.

Deja su carpeta. Dentro hay fotografías. Rutas. Horarios. Movimientos.

Las observo una por una.

-Buen trabajo.

Él asiente apenas.

No necesita más.

-¿Damon?

-Preparado.

-¿Y tú?

-También.

Paso la última hoja.

No encuentro errores.

Eso me gusta.

-¿Las chicas?

Brad tarda un segundo en responder.

-No saben nada.

-¿Seguro?

-Sí.

Asiento despacio.

-Que siga siendo así.

Él comprende por qué. Clarissa intentaría ayudar. Malena intentaría entender. Y ninguna de las dos debería estar cerca cuando el tablero empezara a romperse.

Brad guarda silencio unos segundos.

Después pregunta:

-¿Ya hay fecha?

Lo miro.

No respondo.

Todavía.

Él entiende la respuesta.

Y eso basta.

Recoge la carpeta.

Antes de marcharse se detiene.

-¿Estás segura?

Curiosa pregunta.

-¿De qué?

-De que ya no hay otra salida.

Lo observo.

Hace años habría respondido distinto.

Ahora no.

-La otra salida terminó el día que Sebastián empezó a creer que era imprescindible.

Brad baja ligeramente la cabeza.

No vuelve a insistir.

Sale del despacho.

&&&

Cuando la puerta se cierra...el silencio vuelve.

Mucho mejor.

Abro el cajón inferior del escritorio.

Dentro solo hay una fotografía. La saco. Es antigua. Demasiado.

Sebastián aparece en el centro. Más joven. Más delgado. Sonriendo. A su lado estoy yo. Delante, tres niños. Clark, Damon y Simon.

Todavía no habían aprendido a ocultar lo que sentían. Todavía quedaba algo de infancia. Miro la fotografía durante un largo rato.

Después apoyo el pulgar sobre el rostro de Sebastián.

-Debimos hacerlo hace años.

La vuelvo a guardar.

No por nostalgia.

Por costumbre.

&&&

La puerta vuelve a abrirse.

El mismo hombre de antes.

Esta vez respira más deprisa.

Eso no me gusta.

-¿Qué ocurre?

-Tenemos confirmación.

Levanto la vista.

-Habla.

-El itinerario es definitivo.

Espero.

-Sebastián irá solo.

Silencio.

-¿Completamente?

-Sí.

-¿Sin escolta?

-Solo el conductor.

Observo el plano otra vez. Ahora todo cambia. Los tiempos. Las distancias. Las posibilidades.

Muy despacio...

Sonrío.

-Perfecto.

El hombre tarda un instante.

-¿Qué hacemos?

Cierro la carpeta.

El sonido resuena en toda la habitación.

-Dejad de preparar la operación.

Parpadea.

-¿Se cancela?

Lo miro.

-No.

Pausa.

-Empieza.

&&&

Todos abandonan la sala pocos minutos después.

Me quedo sola.

Como prefiero.

Delante de mí permanece la carpeta negra.

En la portada hay una etiqueta escrita hace mucho tiempo.

Operación: Matar al Rey.

Siempre me pareció un nombre demasiado teatral.

Cojo un bolígrafo.

Tacho las tres palabras lentamente.

Debajo escribo solo una línea.

Fecha confirmada.

Cierro la carpeta.

Apago la luz.

Y antes de salir del despacho pienso una última cosa.

Hay personas que creen que la muerte de un rey cambia un reino.

No.

Lo que cambia un reino...es descubrir cuántos llevaban años esperando verlo caer.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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