BRAD
La sangre tiene un olor muy concreto. Hierro. Calor. Urgencia.
Nunca me ha gustado realmente.
Y, aun así...está por todas partes.
Mis manos están cubiertas.
Las suyas también.
Pero ella no parece darse cuenta.
La sujeto contra mí mientras presiono la herida con toda la fuerza que puedo.
No sirve.
Sigue sangrando.
Demasiado.
-Brad...
Su voz apenas existe.
-No hables.
-Pero...
-He dicho que no hables.
Mi propia voz me resulta extraña. Más alta. Más rota.
Nunca hablo así.
Nunca.
&&&
Sebastián sigue delante de nosotros.
La pistola continúa apuntando hacia abajo.
Como si acabara de terminar un trámite.
Nada más.
Entonces Damon da un paso.
Y estalla.
-¡IMBÉCIL!
Su grito retumba en toda la casa.
-¡¿QUÉ COÑO LE HAS HECHO, CABRÓN?!
Sebastián apenas gira la cabeza.
Ni siquiera parece molesto.
Solo... aburrido.
-Se ha interpuesto ella solita.
Se encoge de hombros.
Como si acabara de hablar del tiempo.
-Si no se hubiera movido, el disparo te habría dado a ti, Brad. Porque era para ti.
Silencio.
Después sonríe.
-Todo ha sido culpa tuya.
Hace una pausa. Muy pequeña. Suficiente.
-Como lo de tus padres.
El aire cambia.
Damon aprieta los puños.
Yo levanto lentamente la cabeza.
Lo miro.
No siento rabia.
Todavía no.
Solo una calma muy rara.
Muy fría.
-Eso ha sido caer muy bajo, Sebastián.
La voz de Damon ahora es un susurro.
Él sonríe.
-Tú cállate, Damon.
Después vuelve a mirarme.
-Lo bueno nunca dura.
Silencio.
-Y la felicidad que estabas teniendo... -observa un instante a Clarissa entre mis brazos-...era perjudicial para tu carrera.
&&&
No respondo.
No puedo.
Porque Clarissa acaba de intentar incorporarse.
Muy despacio.
-No...
No puede.
Vuelve a caer contra mí.
-Quédate quieta.
Asiente muy poco.
Como si incluso mover la cabeza doliera.
La sangre sigue atravesando mi camisa.
No deja de salir.
No deja.
No deja.
No deja.
&&&
Sirenas. No. Motores. Muchos. Frenazos. Puertas. Pasos.
Pamela.
Clark.
Y detrás de ellos...más hombres.
Los refuerzos.
Por fin.
Pamela entra la primera.
Ve la escena.
Y todo cambia.
-¡MÉDICOS!
Su voz corta la habitación.
-¡AHORA!
Dos sanitarios cruzan la puerta corriendo.
Pero antes de que lleguen...yo ya estoy gritando.
-¡CURADLA!
Ni siquiera reconozco mi propia voz.
-¡QUE ALGUIEN LA CURE!
Uno de ellos se arrodilla inmediatamente.
Otro abre un maletín.
Empiezan a trabajar.
Muy deprisa.
Demasiado deprisa.
-Pulso débil -la onserva-. Compresión. Necesito vendas -se gira hacia su ayudante-. Preparad la camilla.
No entiendo la mitad.
Solo miro a Clarissa.
Ella intenta abrir los ojos.
Lo consigue.
A medias.
Me encuentra enseguida.
Claro.
Siempre me encuentra.
-Brad...
-Estoy aquí.
-Lo sé...
Respira con dificultad.
Luego...sonríe.
¿Cómo demonios puede sonreír ahora?
-Oye...
-No hables.
-Creo... -tose un poco-...creo que esta vez sí puedo librarme de recoger mi habitación.
La miro.
Incrédulo.
Ella sigue sonriendo.
Muy poquito.
-Porque... -hace una mueca de dolor-...sería feísimo obligar a una herida de guerra...a ordenar calcetines.
Durante un segundo...uno solo...se me escapa una risa.
Pequeña.
Rota.
Ella la oye.
Y sonríe un poco más.
-Mucho mejor... -susurra-.
Los sanitarios empiezan a levantarla.
Mi mano sigue sujetando la suya.
Hasta el último segundo.
-Brad...
-¿Qué?
Aprieta mis dedos muy débilmente.
-No...dejes...que Ernesto...se muera.
Parpadeo.
Incluso ahora.
Incluso así.
Sigue preocupándose por esa maldita planta.
Asiento.
-No se morirá.
-Promesa...
-Lo prometo.
Ella cierra los ojos.
Los sanitarios se la llevan.
La puerta se cierra detrás de ellos.
Y, de repente...la casa se queda vacía.
No realmente.
Pero sí para mí.
&&&
Pamela se coloca frente a Sebastián.
-Se acabó.
Él sonríe.
-No exactamente.
Levanta otra vez la pistola.
Error.
Clark dispara primero.
La bala atraviesa el brazo con el que sostenía el arma.
La pistola cae al suelo.
Sebastián ni siquiera grita.
Solo cambia el peso del cuerpo.
Como si aquello fuera una molestia menor.
Los hombres de Pamela lo rodean.
Él observa uno por uno. Calculando. Siempre calculando.
-Qué decepcionante.
Pamela no responde.
-Pensé que tardarías más.
-Yo pensaba que tú serías más listo.
Silencio.
Sebastián ríe.
Muy bajo.
-Así que al final eras tú.
-Siempre fui yo.
&&&
No escucho más.
Solo veo.
Mis manos siguen manchadas de sangre.
La sangre de Clarissa.
Miro a Sebastián.
Y algo...se rompe.
Empiezo a caminar.
Pamela me mira.
-Brad.
No paro.
-Brad.
Sigo avanzando.
Sebastián me observa.
Por primera vez...deja de sonreír.
Creo que acaba de entenderlo.
Llego hasta él. No digo nada. No hace falta. Le golpeo. Una vez. Otra. Y otra. Cae al suelo. Intenta incorporarse. No lo consigue. Lo vuelvo a golpear.
Toda la calma que he acumulado durante años...desaparece. No existe. Solo existe él. Y la sangre de Clarissa.
Clark me agarra del brazo.
No consigue moverme.
Damon también interviene.
Editado: 24.08.2026