No me llames princesa (1)

Epílogo

BRAD

Los hospitales tienen un silencio extraño.

No es un silencio vacío.

Está lleno de respiraciones.

Pasos.

Máquinas.

Esperas.

Sobre todo esperas.

&&&

Han pasado seis días.

Seis.

No parece mucho.

Se siente como una vida entera.

Sigo sentado en la misma silla.

O en una muy parecida.

He dejado de distinguirlas.

Clarissa continúa dormida.

Los médicos dicen que ha sido un milagro.

La bala no alcanzó ningún órgano vital.

Pero perdió demasiada sangre.

Ahora solo queda esperar.

Esperar.

Otra vez.

Nunca me ha gustado esperar.

&&&

Ernesto descansa junto a la ventana.

Sigue vivo.

Como prometí.

Le he puesto agua.

Le da el sol por las mañanas.

Incluso he buscado cómo cuidar un cactus.

No pienso admitirlo delante de nadie.

Pero lo he hecho.

Promesas.

Son incómodas.

&&&

Clarissa sigue exactamente igual.

El mismo flequillo desordenado.

La misma expresión tranquila.

Como si estuviera durmiendo una siesta demasiado larga.

Le sujeto la mano.

Está más caliente que hace unos días.

Eso dicen que es buena señal.

Quiero creerles.

-Hoy Ernesto casi se cae de la ventana.

Silencio.

-Lo he salvado.

Pausa.

-No vuelvas a hacer algo así.

Porque no pienso cuidar dos plantas.

Nada.

Como siempre.

&&&

Llaman suavemente a la puerta.

-Adelante.

Entran Damon y Malena.

Ella lleva una bolsa de tela entre los brazos.

Él...parece haber dormido algo más.

Solo un poco.

-Hola -dice Malena en voz baja.

Asiento.

-Hola.

Se acerca despacio hasta la cama.

La mira unos segundos.

Después me observa a mí.

-¿Puedo...?

Entiendo lo que quiere decir.

Me levanto de la silla.

-Claro.

Malena ocupa mi sitio.

Yo me aparto unos pasos.

Damon viene conmigo.

Ninguno interrumpe.

&&&

Malena sonríe.

-Hola, dormilona.

Silencio.

-Sé que técnicamente no puedes responderme...pero voy a hablar igual. Porque ya sabes que tengo un pequeño problema con el silencio.

Damon resopla muy bajito.

Ella sonríe un poco más.

-Han pasado muchas cosas desde que decidiste faltar a la universidad.

Mira un momento a Damon.

-La primera...es que Didi dejó de hacerse el interesante.

Él levanta una ceja.

-No exageres.

-Estoy intentando tener una conversación importante.

-Tú nunca tienes conversaciones importantes.

-Qué poca fe.

Vuelve a mirar a Clarissa.

-Bueno...resulta que...Damon y yo nos besamos.

Hace una pausa.

-No te voy a contar cómo fue. Porque cuando despiertes pienso darte todos los detalles. Con lujo de detalles. Absolutamente todos.

Damon se lleva una mano a la cara.

-Lena...

-¿Qué?

-Nada.

-Exacto. Nada. Eso pensaba.

&&&

Malena deja la bolsa sobre la mesilla.

-Pero esa no era la única noticia.

Saca una maceta pequeña.

Una suculenta diminuta.

De hojas redondas.

La coloca con muchísimo cuidado junto a Ernesto.

-Como Ernesto estaba aquí solito...pensamos que quizá necesitaba compañía.

Mira las dos plantas.

-Ahora ya no está solo.

Damon observa la nueva maceta.

-Y ha insistido en ponerle nombre.

Malena asiente muy orgullosa.

-Claro. Las plantas con nombre viven más.

-Eso te lo has inventado.

-Completamente.

Se gira otra vez hacia Clarissa.

-Se llama Fernando. Porque Ernesto necesitaba un amigo. Y Fernando tenía cara de llamarse Fernando.

La habitación permanece unos segundos en silencio.

Malena contempla las dos macetas.

-Bueno...no os peleéis mucho. Ernesto. Fernando. Los dos sois muy dramáticos.

Por primera vez en seis días...suelto una risa. Muy pequeña.

Damon me mira.

Después sonríe él también.

Y durante unos segundos...

la habitación vuelve a parecer una habitación.

No un lugar donde esperar.

&&&

Los dos se marchan poco después.

La puerta vuelve a cerrarse.

Solo quedamos Clarissa...

Ernesto...

Fernando...

y yo.

Vuelvo a sentarme.

Le tomo la mano otra vez.

-He de admitir...

Fernando no está mal.

Silencio.

-Aunque Ernesto sigue cayéndome mejor.

Observo su rostro.

Nada cambia.

O eso creo.

Porque entonces...

Muy despacio...

Sus dedos aprietan los míos.

Apenas un movimiento.

Tan pequeño que podría pensar que lo he imaginado.

Levanto la cabeza de golpe.

La miro.

-Clarissa...

No vuelve a moverse.

Pero ya no importa.

Porque, por primera vez desde aquel disparo...

sonrío de verdad.

Y tengo la sensación de que...

quizá...

esta vez sí vamos a llegar al final juntos.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 24.08.2026

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