Iba caminando por la calle cuando piso algo. Levanto el pie y descubro que era una pistola. La retiro con cuidado y, cuando me quiero dar cuenta, alguien me coge por detrás y me pone un pañuelo en la boca que provoca que me desmaye de inmediato.
&&&
Cuando me despierto, estoy atada a una silla, con las manos sujetas y la boca tapada con cinta.
-Por fin despiertas, princesa -dice un hombre alto, robusto y tan guapo que debería ser ilegal.
Intento hablar, pero no puedo.
-Tranquila, princesa, no tengo planeado hacerte daño -me sonríe-. Por el momento.
Cuando termina, me entra un escalofrío que me recorre todo el cuerpo. Lo miro entre asustada y curiosa. Se me acerca y estudia mi cara con detenimiento, como si fuera una pintura de museo.
Luego me arranca la cinta de la boca de un tirón. Suelto un pequeño quejido, pero al menos ya puedo hablar.
-Has encontrado mi pequeña amiguita -coge la pistola y juguetea con ella-. Y como comprenderás, no podía dejarte por ahí y que alertaras a la policía -me mira divertido-. Así que... te traje aquí -extiende sus largos, musculosos y... apetecibles brazos.
Corta esos pensamientos prohibidos, Clarissa. Este tío tan buenorro... ejem, digo malo, te tiene secuestrada y amarrada a una silla. Espera un momento... ahora que lo pienso, ¿dónde carajos está mi mochila?
Recorro toda la habitación en la que estamos con la mirada, pero no la encuentro. Cuando vuelvo a mirar al tipejo que me ha secuestrado, me fijo en que ahora tiene entre sus manos mi mochila. Ha dejado la pistola a un lado.
-¿Buscabas esto, princesa? -dice, haciendo referencia a la mochila.
Cuando me quiero dar cuenta, está rebuscando en mi mochila.
-¡No busques en mi mochila, pervertido, depravado! -le grito, pero no me hace ni caso.
No para hasta que encuentra mi carnet de identidad. Se pone a leerlo con curiosidad y, cuando termina, me mira.
-Con que te llamas Clarissa Castellón Montijo... -dice con una sonrisa ladeada-. Tienes 19 años y vives en Guadalupe. Interesante...
-Sí, sí, ¿súper interesante mi vida, no? -intervengo-. ¿Tú cómo te llamas, atractivo secuestrador pervertido? -cuando me doy cuenta de lo que he dicho, lo rectifico-. Quiero decir, malvado secuestrador pervertido...
-¿Atractivo? -se ríe-. Bueno, te diré lo que quieres saber, princesa. Mi nombre es Brad, tengo 20 años y vivo en Badajoz. ¿Contenta, princesa?
-¡No, me tienes amarrada en una maldita silla! -replico enfadada-. ¿Por qué estoy aquí, a todo esto?
-Pues... primero porque me pillaste en la escena del crimen y, segundo... porque me pareciste interesante -me sonríe con una mezcla pícara y malévola.