No me llames princesa

Capítulo 1

CLARISSA

Después de lo que me ha dicho, me quedo patidifusa. Porque desde luego no me esperaba lo que acaba de decir, aunque la verdad... no sé qué me esperaba que dijera.

-¿Me vas a desatar algún día, pervertido Brad? -lo miro enfadada-.

-Tranquila, mi princesa Clarissa -dice utilizando también mi nombre, que aunque me tenga aquí, escuchar mi nombre saliendo de esos hermosos labios suena casi a un cántico celestial-. Todo a su tiempo. Primero necesito comprobar que no te vas a escapar; luego ya hablaremos, princesa.

Sin darme tiempo a replicar, se va de la habitación y me quedo sola en aquella estancia, pequeña pero limpia y oscura, en la que, de ahora en adelante, me quedaré.

&&&

No sé cómo he conseguido dormirme atada a una silla. Lo bueno es que he podido dormir; lo malo es que me duele todo el cuerpo. Después de que me he acostumbrado a la poca luz que hay, entra Brad con una bandeja en la mano en la que hay sopa. Cuando me llega el olor, mi estómago gruñe y me sonrojo de la vergüenza.

-¿Tienes hambre, princesa? -dice mientras se ríe.

-No -digo con los colores subidos y, maldito mi cuerpo, porque me vuelve a sonar el estómago.

-Qué mentirosa eres, princesa -dice mientras se acerca-. ¿Has dormido bien?

-No.

-Otra mentira -dice con voz cantarina-. Si te suelto, ¿te vas a escapar?

-No.

Se lo ha tragado. Este tipo no sé si es tonto o se lo hace. Si me suelta, por supuesto que me voy a escapar de este lugar.

Se acerca a una mesa pequeña que hay más o menos al lado de la mesa grande de la sala y luego, con paso decidido y firme, se acerca peligrosamente hacia mí. Hoy lleva una camiseta negra ceñida, con lo cual disfruto de las vistas mientras se acerca.

Cuando ya está a mis espaldas, me pongo nerviosa y tensa, porque siento su respiración en mi cuello y también sus manos mientras me desata. Cuando termina, lo miro tiesa desde la silla, esperando la oportunidad para correr, pero claro, con este hombre todos mis planes se van al traste, porque sin previo aviso me coge y me carga al hombro para llevarme a otra sala, algo más grande y amueblada, y con la mano que tiene libre sujeta la bandeja con la sopa. Me sienta en una silla y luego me pone la bandeja delante, depositándola en la mesa.

-Come -me ordena-. Si no comes ahora, luego no te daré tus otras dos comidas.



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En el texto hay: secuestro, humor, amistad real

Editado: 02.07.2026

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