CLARISSA
Me quedo mirando la sopa como si fuera un extraterrestre.
Miro al tío este y, mientras le mantengo la mirada, levanto el brazo para coger la cuchara. Ahora que estoy más consciente de la situación, me tiembla algo el cuerpo.
-¿Vas a comer algún día o no tienes hambre? -dice Brad algo impaciente. No lo muestra mucho, pero los ojos lo delatan un poco.
-Ahora como, que impaciente estamos desde por la mañana... ¿te has levantado con el pie izquierdo o qué? -digo ya malhumorada.
No me responde, pero me da igual. Consigo coger la maldita cuchara a pesar del tembleque que tengo debido al frío que hace.
Cuando me meto la primera cucharada en la boca, la sopa sabe algo agria y rancia. Hago una mueca de asco que, por supuesto, a don secuestrador no le pasa desapercibida y se ríe.
-¿Está rica? -dice poniéndose delante de mí y sonriendo-. Creo que, a juzgar por tu cara, está deliciosa.
Me termino la sopa lentamente, haciéndole esperar. Cuando termino, dejo la cuchara al lado del cuenco y cojo el trapo viejo, pero curiosamente limpio. Lo acerco a mi boca para limpiarme y lo miro.
-Sí, estaba deliciosa, súper deliciosa...
-Ahora te voy a conceder el privilegio de ir al baño para que puedas ducharte, lavarte los dientes y todas las memeces que hacen las chicas -me mira fijamente-. Deberías estar agradecida; la mayoría de los secuestradores no le dan este privilegio a sus víctimas.
-Oh, gran secuestrador pervertido, muchísimas gracias por dejarme hacer cosas muy básicas que toda persona debe tener, pero espera... -hago una pausa porque me he distraído mirando su cara. Sacudo la cabeza y vuelvo a centrarme-. Olvidaba que tú no eres una persona normal.
Se me acerca lentamente y me entra algo de yuyu, pero la parte buena es que puedo ver todos sus músculos con un plano de visión muy bueno...
Cuando termina de acercarse, se inclina levemente sobre la mesa, cerniéndose sobre mí.
-Clarissa, creo que he sido muy benevolente contigo -dice relamiéndose los labios-. No hagas que me arrepienta y te mate ahora mismo, ¿de acuerdo?
Lo miro atónita.
-S-sí, de acuerdo.
-Muy bien. Me alegro de que lo entiendas -dice, poniéndose recto. Une sus manos y pone una radiante sonrisa-. Ahora levanta ese lindo culo de la silla y sígueme al baño.
Se me suben los colores a la cara.
-¡No hables de mi culo, tío indecente! -me levanto de un salto.
-Lo que tú digas, princesa, pero yo a ese lindo culo me lo comería con patatas -dice riéndose mientras se adentra en el pasillo.
Lo sigo a regañadientes. Vamos todo recto, pero en algún momento pierdo el sentido de la orientación y, cuando me quiero dar cuenta, ya estamos en la puerta del baño.
-En el taburete tienes ropa interior limpia y una muda de ropa. Y allí, en el taburete blanco, tienes una toalla.
Cuando se va y me siento segura, entro al baño y cierro la puerta. Me desnudo rápidamente y me meto en la ducha. Cuando siento el agua caliente sobre mi cuerpo, mis músculos se destensan y me siento mejor.
Termino de ducharme, cojo la toalla y me seco rápido. Me pongo la ropa interior limpia, que ahora que lo pienso, ¿de dónde las habrá sacado? Bueno, eso es lo de menos, Clarissa. Tienes que dar gracias por lo benevolente que está siendo, porque por lo menos tienes algo con lo que vestirte.
Cuando voy a coger la ropa, veo que es un chándal bastante guay. Me lo pongo y, cuando ya he terminado de hacer todo lo que tengo que hacer en el baño, salgo.
Cuando salgo, me encuentro cara a cara con Brad y, por un milisegundo, nuestras bocas casi se juntan. Aunque me hubiera gustado... ¡basta ya, Clarissa! No puedes seguir con estos pensamientos tan descarados.
-He venido a ver si seguías viva -me dice-. Has tardado lo tuyo, princesa.
-Pues tampoco ha sido para tanto, chaval -paso por su lado para irme hacia otro lugar-. Cómo son los hombres de hoy en día...
Me sujeta del brazo y me da la vuelta.
-No te emociones tanto por estar libre, princesa. No quieres que te haga daño, ¿no? -me mira muy serio, lo más serio hasta ahora, y trago saliva nerviosa.
Niego con la cabeza.
-Bien, pues espero que no hagas algo estúpido.
Cuando termina de decirme eso, me suelta y me lleva a una habitación diferente de la que me había despertado días atrás. Esta tiene una cama pequeña, pero oye, algo es algo, una mesilla normalita y poco más. La habitación, como es característico de toda la casa o lo que sea esto, está escasa de luz, pero bueno.
-Aquí estarás de ahora en adelante.