No me llames princesa

Capítulo 3

CLARISSA

Entro despacio y empiezo a inspeccionar la habitación. Hay una cama individual con sábanas limpias -lo cual me sorprende bastante teniendo en cuenta el estado general de esta casa-. A su lado, una mesilla de madera oscura con una lámpara.

Al lado de la puerta hay una estantería con varios libros. Me acerco y paso los dedos por los lomos. Bueno...al menos no me voy a morir de aburrimiento. Igual me muero de otras cosas, pero oye, prioridades.

En la pared que hay al lado de la cama hay una ventana, para verla, me apoyo en la cama para investigar. Y que maravilla, ¡tenía barrotes!, ya sabía yo que Don Secuestrador no me lo iba a poner tan fácil...

-Claro que sí, Clarissa -murmuro para mí misma-. Secuestrada, encerrada y probablemente a punto de morir...vas genial. De puta madre.

Me dejo caer sobre la cama y miro el techo. Hay algo de musgo en las esquinas y frío que se cuela por los rincones, hasta me hace tiritar. Abro las sábanas y me acurruco dentro.

-Ahora sí...

Cuando me iba a quedar dormida, escucho unos pasos del pasillo, y como solo estábamos Brad y yo en esta casa, supongo, y ahora que me pongo a pensar...¿por qué no he pensado antes que puede haber más personas en esta maldita casa?

Me echo las sábanas alrededor del cuerpo cuando me levanto para oír mejor lo que pasa. Pego el oído a la puerta.

-Damon, ya sé que te dije que no iba a dejar rastros del asesinato del lunes... -la voz de Brad suena tranquila, casi aburrida-. Hubo un pequeño contratiempo.

Se me hiela la sangre. Asesinato. Aunque no sé de que me sorprendo, viniendo de Don Secuestrador me espero cualquier cosa.

-Y ahora ese problema está aquí, en la casa -continúa-. Necesito que me traigas ropa cómoda de mujer...y ropa interior.

Aprieto los labios.

-Sí...más o menos de su talla.

Silencio. Mi cabeza empieza a ir demasiado rápido

¿"Problema"?

¿Soy yo ese problema?

-Si puedes traerlo mañana mejor -añade-. Así te lo enseño.

Se ríe.

-Sobre las nueve. Sí. Perfecto. Adiós.

Se oyen pasos hacia aquí. Mierda. Me separo de la puerta todo lo rápido que puedo, pero al girarme piso la sábana y-

-¡Joder!

Pierdo el equilibrio y acabo en el suelo de mala manera. Justo en ese momento, la puerta se abre.

Perfecto timing, Clarissa. De verdad. Levanto la vista. Ahí está, mirándome como si me hubiera salido dos cabezas y cuatro brazos más, ya ni te cuento si contamos con mi pelo que parece un nido de pájaros.

-¿Me ayudas? -le digo desde el suelo y con el culo doliéndome como cien pares de demonios.

Brad arquea una ceja, claramente aguantándose la risa.

-¿Se puede saber qué haces en el suelo?

-Nada -refunfuño.

-Ya.

-¿Me vas a ayudar o te quedas ahí mirándome?

Se acerca con calma, demasiado tranquilo para mi gusto, y me agarra del brazo para levantarme. Su contacto es firme. Demasiado firme, porque me empieza a doler el brazo bastante. Cuando estoy de pie, no me suelta inmediatamente.

-Mañana tendremos visita -dice, mirándome fijamente.

Trago saliva.

-Así que compórtate.

Su tono ha cambiado. Ya no hay rastro de burla, solo algo frío y peligroso.

-¿Entendido, Clarissa?

Asiento despacio.

-S-sí

Me suelta bruscamente.

-Bien.

Da un paso atrás.

-Porque no quieres comprobar lo que pasa cuando no lo haces.

Y esta vez...creo que debería hacerle caso, si de verdad no quiero acabar en el otro barrio.



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En el texto hay: secuestro, humor, amistad real

Editado: 02.07.2026

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