CLARISSA
Brad ya se ha ido desde hace unas horas, y esa maldita advertencia que me ha dicho, cada vez que la recuerdo, me da un escalofrío tremendo por todo el cuerpo. Se supone que debería estar durmiendo, pero no puedo, simplemente no puedo. Solo he dormido quizá unas dos horas, y eso me fastidia, porque yo soy dormilona de narices, y como consecuencia ahora mismo estoy dando vueltas por la cama.
Cuando me quiero dar cuenta, el día ya ha llegado y, como no he conseguido dormirme, cojo un libro. La luz del día me deja un poco cucu al principio, pero después vuelvo a sumergirme en la lectura. Y, como no, aparece mi persona favorita del mundo mundial: Don Secuestrador.
-Buenos días, princesa -me dice, regalándome una sonrisa que lo hace muy atractivo a ojos de mi mente, porque, como ya sabemos, mi mente va por un sitio y mi razonamiento por otro-. ¿Has podido dormir?
-Mmm... -le contesto.
-Interesante respuesta -me mira-. Bueno, como recordarás, hoy tenemos una visita. Y, como también recordarás con esa cabecita de muñeca que tienes, no quiero que lo estropees. Quiero que te portes bien o habrá consecuencias, y créeme, no quieres saberlas -me dice con tono amenazante.
Y, por curioso y loco que parezca, yo quiero saber sobre esas... consecuencias. En un ataque de pensamientos nada normales para alguien en mi situación, entierro la cara entre la almohada. Joder, que es un puto secuestrador... aunque se podría hacer pasar por modelo...
¡Ya basta, Clarissa! ¡Deja de tener estos absurdos pensamientos!
-Bueno, princesa... -ahora que levanto la mirada, veo que se ha acercado bastante a la cama en la que estoy-. ¿Te piensas levantar algún día?
Enfadada conmigo misma, me levanto rápidamente y, como no, torpemente de la cama.
-Sígueme.
-Qué mandón eres... -refunfuño por lo bajo.
-Te he oído.
Sin que se dé cuenta, le saco el dedo.
A pesar de todo, no me queda más remedio que seguirlo y me lleva de nuevo al baño.
-Dúchate, haz todas las cosas raras que hacen las chicas. La muda de ropa y la ropa interior limpia están en el mismo lugar que ayer.
Después de eso, se va.
Entro al baño, cierro la puerta con pestillo y me desnudo.
-Menudo bombón gruñón está hecho... no sé por qué Dios crea a gente tan guapa, pero con una personalidad de mierda pinchada en un palo -susurro para mí misma.
Me meto en la ducha, me aseo rápido, me visto, quito el pestillo y salgo.
-Princesa, enhorabuena, has hecho todo en tiempo récord -me dice, repasándome de arriba a abajo.
-Sí, sí...
-Bueno, ahora que ya estás limpita y hueles bien, es hora de que te presente al invitado.
Me lleva a un salón bastante amplio y, desde luego, por ahora esta es la habitación que más muebles tiene.
Brad me indica que me siente en un sillón de color caoba, viejo pero decente. Poco después aparece él con la supuesta visita, que, he de decir, también es bastante guapo... y esas pecas le dan un toque muy mono... ¿qué hemos dicho sobre estos pensamientos, Clarissa? Madre mía, soy un desastre...
Cuando llegan, se sientan el uno al lado del otro, y la visita me repasa con la mirada. Yo me revuelvo algo incómoda en el sillón.
-Damon, esta es Clarissa, la princesa secuestrada -me muestra una sonrisa gatuna, algo malévola y divertida por la situación.
-Un placer conocerte... bueno, en realidad no, me importas un comino, renacuaja -hace una mueca despectiva-. No tendrías que haber pasado ese día por allí y esto, querida, no habría pasado.
-Por favor, Damon, no seas tan cruel con la pobre princesita cautiva -le da una palmadita-. Aunque mi querido amigo sí que tiene razón en algo: no deberías haber estado ese día allí y así ninguno de los dos tendría que lidiar contigo.
Mi cara enrojece de la rabia.
-¡Malditos imbéciles! ¿Acaso creéis que yo sabía algo de lo que estaba pasando? ¡Pues no! Así que dejad de decir que ese día fue mi puñetera culpa, porque quienes de verdad tienen la culpa aquí sois vosotros, que matáis porque sí.
Cuando termino de hablar, hago varias bocanadas para recuperar el aire que he gastado en ese par de lelos.
Cuando los miro, ambos están serios, y me da un poco de cague, pero mis palabras tienen razón y no lo pienso discutir con nadie.
Aunque me cago en toda mi boca... le acabo de decir todo eso a un par de tíos que me podrían matar en cero coma...¡Es que más impulsiva y no nazco!