MALENA
Salgo de la universidad con la mochila colgando de un hombro y la cabeza en cualquier lado menos donde debería.
No sé nada de Clarissa.
Ni un mensaje.
Ni una llamada.
Ni un "estoy viva, boluda".
Aprieto el móvil entre los dedos mientras camino.
Esto no es normal.
Clarissa podrá ser un desastre, una drama queen y la persona más caótica que conozco... pero nunca desaparece así.
Nunca.
Miro la pantalla otra vez. Nada.
-Dale, boluda... -murmuro-. Contestame...
Guardo el móvil con frustración y sigo caminando sin ganas, arrastrando un poco los pies.
Y entonces lo veo.
Me quedo quieta.
Mi corazón da un salto raro, como si se hubiera tropezado consigo mismo.
No puede ser.
Parpadeo.
Sigue ahí.
Un poco más alto. Más... cambiado. Pero hay algo.
Algo en la forma en la que está de pie. En cómo gira levemente la cabeza.
Trago saliva.
No... no puede ser él.
¿O sí?
Antes de poder pensarlo demasiado, mi cuerpo decide por mí.
Empiezo a caminar más rápido.
Luego corro.
-Pará... -susurro, casi sin aire-. Pará...
Llego hasta él y le agarro del brazo, girándolo hacia mí sin pensarlo.
Respiro agitada, con el corazón latiéndome en la garganta.
Él me mira como si estuviera loca.
Como si fuera una desconocida.
Y eso... duele más de lo que debería.
-¿D-Damon...? -mi voz tiembla-. ¿Sos vos?
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Sus ojos recorren mi cara como si estuviera buscando algo... o recordando.
Y entonces cambia.
Muy poco.
Pero lo suficiente.
-¿Malena...? -dice despacio, como si no terminara de creérselo-. ¿De verdad eres tú?
Se me escapa una risa nerviosa mezclada con un sollozo.
-Sí... boludo, soy yo...
No aguanto más.
Me lanzo a abrazarlo.
Por un segundo... nada.
Ni responde. Ni se mueve. Nada.
Y justo cuando pienso que me equivoqué, que no es el mismo, que---
Sus brazos me rodean.
Más despacio. Más contenido.
Pero me abraza.
Cierro los ojos con fuerza.
-Te extrañé, Didi... -murmuro contra su pecho.
Siento cómo se tensa apenas.
-Yo también... Lena... -responde, más bajo.
Hay algo raro en su voz. Algo que no logro identificar. Pero no me suelta.
Nos separamos un poco. Lo miro bien ahora.
No es el mismo chico de antes.
Hay algo en su mirada... más duro. Más apagado.
-Estás distinto... -digo sin pensar.
Él esboza una media sonrisa.
-Tú también.
-Mentiroso -le doy un pequeño golpe en el brazo-. Sigo siendo igual de linda.
Eso le arranca una risa.
Y, por un segundo... es él otra vez.
El de antes.
El de Argentina.
El de los veranos eternos y las tardes en el patio.
-¿Cuánto pasó? -pregunto-. ¿Quince años?
-Algo así... -dice, pero su tono cambia un poco-. Bastante tiempo.
Asiento.
Demasiado.
-Che... -lo miro-. ¿Te pinta tomar algo y ponernos al día?
Duda. Muy poco. Pero lo hace.
-Sí... vamos.
Y eso me deja pensando.
&&&
Hablamos, reímos, recordamos cosas.
Pero hay algo.
Algo que no encaja.
Damon está... presente, pero no del todo.
A veces se queda en silencio.
A veces me mira como si quisiera decir algo... y no lo hace.
Y no sé por qué... pero eso me pone incómoda.
-¿Y vos? -le pregunto-. ¿A qué te dedicás ahora?
Se encoge de hombros.
-Trabajo.
Frunzo el ceño.
-Ah, bueno, gracias por la info, crack.
Sonríe un poco.
Pero no amplía.
Raro. Muy raro.
Miro el móvil otra vez. Nada de Clarissa.
Se me borra un poco la sonrisa.
-¿Todo bien? -pregunta él.
Dudo. Pero asiento.
-Sí... es que... mi mejor amiga... desapareció un poco del mapa -digo intentando sonar ligera-. Pero bueno, seguro está en alguna de sus locuras.
Damon no responde.
Silencio.
Levanto la mirada.
Me está mirando fijo.
Demasiado serio.
-Seguro... -dice al final.
Y no sé por qué...
Pero esa forma de decirlo...
No me gusta nada.
&&&
Salimos de la cafetería.
El aire de la tarde me despeja un poco... o eso intento.
-Bueno... -digo-. Me alegro de haberte encontrado, Didi.
Él asiente, metiendo las manos en los bolsillos.
-Yo también.
Silencio.
Incómodo. Raro.
-Che... -digo de repente-. Pasame tu número, ¿no? No pienso perderte otra vez así como así.
Damon duda.
Solo un segundo.
Pero lo noto.
-Sí... claro.
Saca el móvil y me dicta el número. Lo guardo rápido.
Lo añado como: "Didi cara de piedra".
Porque sí. Porque me da la gana.
Le hago una perdida para que tenga el mío.
Su móvil vibra en su mano. Mira la pantalla.
Y, por un segundo... se queda quieto.
-Malena... -lee en voz baja.
Como si ese nombre le pesara.
-Sí, esa soy yo -sonrío-. La misma pesada de siempre.
Él alza la mirada.
Y sonríe un poco.
Pero no del todo.
-No cambiaste tanto.
-Vos tampoco... -lo miro mejor-. Bueno, sí. Estás más serio. Más... no sé.
-¿Más español? -dice con una media sonrisa.
-No, más misterioso... -respondo sin pensar.
Silencio.
Otra vez.
-Bueno... -me rasco la nuca-. No desaparezcas otros quince años, ¿dale?
-No prometo nada -dice.
Y ahí está otra vez.
Ese tono raro.
-Adiós, Lena.
-Adiós, Didi...
Me doy la vuelta y empiezo a caminar.
Pero esta vez... no miro atrás.
Y aun así... siento que él sí lo hace.
Editado: 20.07.2026