BRAD
Me levanto de golpe, con el pecho ardiendo como si alguien me hubiera clavado algo por dentro.
Respiro fuerte. Demasiado fuerte.
Otra vez. Otra maldita vez.
Me paso una mano por la cara, pero no sirve de nada. La imagen sigue ahí, pegada a mi cabeza como una mancha que no se borra.
La sangre. Sus miradas. Mis manos. Aprieto los dientes.
Voy al baño y abro el grifo sin pensar. Me echo agua en la cara una, dos, tres veces... pero la sensación no se va. Solo empeora.
Me apoyo en el lavabo, mirando mi reflejo.
-Deberías sentirte bien, estúpido... -murmuro con rabia-. Fue tu primera vez... y no fue cualquiera.
Mis ojos bajan a mis manos.
-Tus propios padres... -suelo una risa seca, sin gracia-. Todo un logro, ¿no?
Silencio. No siento orgullo. No siento nada claro. Solo... ruido.
Agarro la toalla con brusquedad y me seco la cara como si así pudiera arrancarme algo de encima.
-Y ahora... -resoplo- tengo que ir a darle de comer a la princesita.
Cierro los ojos un segundo.
-Genial.
&&&
Cuando abro la puerta, me encuentro a Clarissa dormida en la cama, desparramada en una postura que, sinceramente, no sé cómo puede resultarle cómoda.
Frunzo el ceño.
No sé cómo puede dormir así. No aquí. No conmigo.
Me acerco despacio, casi sin hacer ruido. La observo un segundo más de lo necesario. Respira tranquila. Ajena a todo.
-Princesa...
Hace un pequeño ruido, como un gruñido suave.
Y no sé por qué... pero me hace gracia.
-Es hora de levantarse...
Le rozo la oreja, apenas un segundo. Error. Se despierta de golpe y---
Plaf.
La bofetada me gira un poco la cara.
Me quedo quieto un segundo.
Luego sonrío.
-¿¡¿Qué haces, so guarro de mierda?!? -me mira, poniéndose de pie sobre la cama y fulminándome con la mirada. Y, a pesar de mi humor de hoy... sonrío.
-Nada -digo con voz cantarina-. Solo despertar a mi linda princesita de su letargo.
Me mira con asco mientras se limpia la oreja.
Yo suelto una pequeña carcajada. Ella me observa como si hubiera invocado al diablo... aunque ya lo tiene delante.
-¿Te ha pasado algo bueno hoy?
La miro divertido.
-¿No?
Ella, con recelo, se baja de la cama de un salto y empieza a dar vueltas a mi alrededor.
-Sospechoso...
Suspiro.
-Bueno, ¿quieres desayunar o prefieres seguir comiéndome con la mirada?
-El desayuno, desde luego, porque no te voy a mirar más de lo estrictamente necesario. Tienes el ego por las nubes...
Después de eso, salimos de la habitación y la llevo a la cocina.
&&&
En la cocina, preparo tostadas casi en piloto automático.
-¿Cereza o arándanos?
-Arándanos.
-Oído cocina.
Cuando las tengo hechas, se las doy y desayunamos en silencio. Después seguimos la misma rutina de siempre: la llevo al baño, se resiste un poco, pero no consigue nada; se ducha, la llevo a su cuarto y la encierro de nuevo.
&&&
Cierro la puerta de mi habitación, cansado, con el ánimo también por los suelos. Me quito la ropa y me quedo solo con el pantalón del pijama. Hace calor.
Me dejo caer en la cama.
-Mi pequeña princesa me complica un pelín la vida... -entierro la cara en la almohada-. Me está empezando a joder demasiado.
Suspiro y miro hacia la ventana.
Me tumbo boca arriba. Luego me giro y cojo del cajón de la mesilla las gotas que me ayudan a dormir. Lleno un vaso, las echo y bebo.
Cierro los ojos.
Y, sin querer... pienso en la loquita que tengo encerrada en mi casa.
Editado: 20.07.2026