No me llames princesa

Capítulo 10

CLARISSA

Como estoy aburrida, me he puesto a inventarme un baile. Bailo como el culo, pero bueno, se hace lo que se puede contra el aburrimiento.

-Levantaremos el soooool, nos perderemos los doooooos, y no habrá nadie que nos separe, hasta que se muera mi vooooz

Esa canción es la que estoy intentando cantar de lo que recuerdo mientras la bailo, cosa que me resulta bastante difícil de hacer.

Hago como un paso de baile de esos raros que hacen las bailarinas y salto, cayendo sobre el suelo con la delicadeza de un perezoso. Cuando me doy la vuelta, ahí está mi persona favoritísima del mundo mundial: Don Secuestrador.

Y por lo que se ve, se lo está pasando pipa, como si no hubiera tenido suficiente ayer. Hoy parecía que también estaba de buen humor. Manda narices. ¿Qué le había hecho yo a Diosito para merecer esto?

-¿De qué te ríes, tonto lava? -pregunto mientras frunzo el ceño.

-De nada, de nada, cara de laca -dice, quitándose con el dedo índice una lágrima de la risa.

-¿Te ríes de mi talento para el baile y el canto o simplemente te ha dado un ataque extraterrestre y te has empezado a reír de la nada? -lo miro.

-Por supuesto de tu talento para todo, princesa -se endereza-. Y que yo sepa, los extraterrestres no han venido a la Tierra, a no ser que usted sea uno de ellos -me dice con una mirada algo inquisitiva-. Aunque algo en mí me dice que sí, porque desde luego usted no es muy normal.

Me acerco a él y le pego en el brazo con mi puño de tía luchadora y fuertota. El muy idiota finge que le duele.

-Eres un gilipollas, ¿me oyes? -suspiro-. ¡Porque no hay ningún tío que sea decente! -caigo de rodillas y extiendo los brazos hacia el cielo-. Por favor, Diosito querido de mi vida, haz que se lleven a este vil demonio y pueda escapar de esta prisión que, por mierdas... digo, por cosas raritas y maquiavélicas del destino, me ha traído aquí. Amén.

Cuando me levanto orgullosa y contenta, miro a Brad y me está mirando entre curioso, divertido y como si de verdad me hubiera poseído algo.

-¿Estás bien, princesa?

-Perfectamente, ¿por?

-No sé, dímelo tú...

-Ñiñiñi, ¿me vas a dar de comer o no? Porque si no, cuando consiga salir de aquí te voy a denunciar por maltrato y desnutrición.

Suelta un suspiro y se gira hacia la puerta. Yo lo sigo. Esta vez me da de desayunar un vaso de leche y una... ¿magdalena? Curioso. Nunca me había dado esto, pero no rechisto, porque soy muy de bollería y tal.

Después del desayuno en silencio, me lleva al baño. Me ducho y me cambio de ropa, no sin antes comprobar la ventana, pero por desgracia también tiene barrotes. Esos creo que eran nuevos, porque la otra vez no los recordaba.

Salgo del baño y ahí está Damon. Es su primera aparición desde hace unos días, al menos que yo lo haya visto, porque a lo mejor ha venido otros días y yo estaba confinada en mi linda y acogedora habitación.

-¿Qué haces aquí?

-Nada, espiar a chicas mientras se duchan -dice. Al verme poner cara de mala uva y con ganas de darle un guantazo, añade otra cosa-. ¿Tú qué crees? He venido a ayudar a Brad con algunas cosas. Cosas que no te incumben ni necesitas saber.

-Qué majo, tío.

-Para eso estamos, tía -dice la palabra "tía" con demasiado énfasis y no sé por qué, pero me la suda.

Aparece Brad por el pasillo y saluda a Damon dándose la mano, el típico saludo masculino.

-¿Qué tal, Damon? -le dice, brindándole una sonrisa.

-Bien -responde, devolviéndole la sonrisa, aunque más pequeña. Luego se acerca a la oreja de Brad y no oigo lo que dice.

Brad se gira hacia mí.

-Bueno, princesa, es hora de ir a tu cuarto, ¿no?

Sin darme tiempo a replicar, me lleva a rastras hasta mi cuarto, súper bonito y acogedor. Yo no digo nada porque curiosamente me he quedado en blanco. Cuando me quiero dar cuenta, estoy parada frente a la puerta cerrada.

-¿Qué diantres acaba de pasar...? -murmuro.

Me quedo unos segundos mirando la puerta, como si esperara que alguien volviera a abrirla.

Pero no pasa nada. Silencio.

Frunzo el ceño. Hay algo raro.

No sé si ha sido la forma en la que Damon me ha mirado... o lo que le ha dicho a Brad al oído... pero no me ha gustado.

Nada.

Me dejo caer en la cama, mirando al techo.

-Genial, Clarissa... ahora también te paranoias -susurro.

Pero no es eso.

Lo noto en el pecho. Esa sensación incómoda que no se va.

Como si algo estuviera a punto de pasar.

Cierro los ojos.

Y por primera vez desde que estoy aquí...

No me siento solo encerrada. Me siento en peligro.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 20.07.2026

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