CLARISSA
Miro el techo como si fuera lo único interesante de este sitio. Mentira. Es aburridísimo.
Estoy encerrada aquí sin hacer nada, como si fuera un objeto que solo existe para esperar. Leo, duermo, miro las horas pasar... y poco más. Patético.
Y lo peor no es eso... lo peor es que me estoy acostumbrando.
De pronto, escucho un grito a lo lejos. Me incorporo de golpe.
-Genial... ahora me da por la paranoia auditiva...
Mi corazón late más rápido de lo normal. No quiero pensar que ese grito pueda ser real... porque si lo es, significa que aquí pasan cosas peores de las que ya sé.
Me acerco instintivamente a la ventana, pero antes de que pueda asomarme, escucho pasos. Me siento rápido en la cama, fingiendo normalidad.
Como si eso fuera a salvarme de algo.
La puerta se abre.
Brad aparece por la puerta cubierto de sangre y con una expresión diabólica y divertida que no le había visto hacer nunca y me entra algo de miedo.
No es como antes... esto es distinto. Más oscuro. Más real.
-Hola princesa, ¿qué tal has dormido hoy?
-B-bien... -trago saliva-. ¿Por qué tienes sangre?
Se mira a sí mismo, como si fuera algo sin importancia.
-Ah, esto... nada. Un encargo.
Encargo. Como si estuviera hablando de comprar pan. Me dan ganas de vomitar.
Sonríe. Y esa sonrisa no tiene nada que ver con la de siempre. Da un paso más cerca.
-Pero creo que tú habrías hecho algún chiste malo incluso así.
Mi mente, como siempre, quiere responderle algo. Defenderse. Pero mi cuerpo no acompaña. Está demasiado ocupado recordándome que este tío puede matarme cuando quiera.
Juega con el cuchillo entre los dedos. Cuando lo apoya en mi garganta, me quedo completamente quieta.
El frío del metal me atraviesa más que el miedo.
-¿Debería matarte ahora?
Por un segundo... lo imagino. Y no hay nada. Ni dolor. Ni miedo. Solo vacío.
Silencio. Lo retira.
-Na. Sería aburrido.
Respiro, pero apenas. Me suelto una risa nerviosa, que muere rápido.
-Serás imbécil...
No sé por qué lo digo. No debería. Pero callarme se siente peor.
Antes de pensar, me lanzo hacia él. Error. En segundos me tiene agarrada del cuello contra el suelo.
-No deberías haber hecho eso, lindura.
-¿Me vas... a matar...?
Parte de mí quiere que diga que sí. Que esto termine ya. La otra... no está tan segura.
Me suelta y caigo al suelo. Respiro como si fuera la primera vez.
-No -dice tranquilo-. Pero no me provoques.
Me duele el cuello.
-Cab... cabrón...
La patada me pilla desprevenida.
-Cuida ese vocabulario, princesa.
El dolor llega tarde, pero llega fuerte.
Se limpia la sangre con un trapo, tranquilo.
-Y tú... también deberías cuidar a tu amiguita Malena.
Me congelo. El aire deja de entrar.
-¿Qué...qué le has hecho, malparido de mierda? -le digo enfadada no, lo siguiente, dejaría con gusto que me hicieran de todo, con tal de que no le pasara nada a Male, eso no lo pasaba por alto, ni vamos, ni de lejos.
Si le ha pasado algo... no sé qué haría, pero no me quedaría quieta.
Se agacha un poco, mirándome.
-Tranquila. Aún está bien.
Ese "aún" me revuelve el estómago.
-Ya ha hecho algo que no me gusta... ha denunciado tu desaparición.
Mi mente se llena de ruido.
Male...no...
¿Por qué has hecho eso...? ¿Por qué no te has quedado quieta?
-Y eso me complica las cosas.
Brad suspira, como si esto fuera un inconveniente cualquiera.
-Vamos a movernos.
Já, puto loco de mierda sin escrúpulos, cabeza hueca, tonto lava...¡Cálmate ya, Clarissa, te está dando datos del mundo exterior del cual, no tienes acceso y te dedicas a insultarlo!
Aunque bueno... insultarlo me hace sentir un poco menos débil.
Me alegraba saber que todavía le importaba a alguien...y sobretodo a la que yo considero mi mejor y única amiga.
Y eso... duele más que todo lo demás.
-Bueno, hoy voy a hacer una cosa muy bonita y divertida contigo -dice juntando las manos-. Te voy a llevar a una salita muy especial.
¿No será que tiene una maldita sala de tortura sexual, no?, aunque viniendo de él me lo esperaba.
Y aun así... una parte de mí necesita saberlo.
-No es lo que estás pensando, princesa. Es algo muuucho mejor que eso.
No sé si eso es mejor...o peor.
Pero mi cuerpo ya ha decidido: miedo.
&&&
Cuando entramos a la salita esa que me ha dicho Don Secuestrador o Braddie, como le digo en mi mente a veces, porque me recuerda a Barbie, me baja del hombro...
Y odio que incluso en un momento así mi cabeza haga bromas estúpidas.
Me deja en una silla de metal bastante incómoda. Me ata las manos y los pies y esto me recuerda también a cuando nos conocimos.
Y no debería... pero lo recuerdo demasiado bien.
Brad deja caer los instrumentos sobre la mesa metálica con un sonido seco que retumba más de lo que debería.
Ese sonido se me queda clavado en el pecho.
Me remuevo en la silla, tirando de las ataduras. Inútil.
-¿Qué vas a hacer, depravado? -mi voz suena más débil de lo que quiero.
Odio que lo note.
Él no responde al instante. Se pone los guantes con calma.
-Jugar.
Ese tono...no me gusta nada.
Se me hiela la sangre.
Lo observo coger la picana eléctrica. La hace girar entre los dedos como si fuera un simple juguete. Como si yo no fuera nada.
-No... -susurro, negando con la cabeza-. Ni se te ocurra...
Se acerca. Un paso. Otro. Mi respiración se descontrola.
No puedo dejar de mirarlo. No puedo dejar de pensar en lo que viene.
-Tranquila, princesa... -dice con una suavidad que da más miedo que cualquier grito-. No te va a doler tanto.
Mentira. Todo es una puta mentira.
Y lo sé... pero aun así quiero creerlo un segundo.
Editado: 20.07.2026