No me llames princesa

Capítulo 15

DAMON

Me levanto de la cama con un dolor de cabeza insoportable de cojones, así que me dirijo hacia mi escritorio y saco unas pastillas para calmar el dolor.

Estos encuentros con Malena me están afectando. Aunque he aceptado reunirme con ella voluntariamente y ahora estaba metido en este lío yo solito.

Toc toc toc.

Aparece mi hermano Simon por la puerta, algo tímido a pesar de su edad, pero bueno, eso lo hacía distinto de la mierda de familia que somos el resto claro. Porque Simon no es sangriento, malévolo ni nada por el estilo por ahora y eso lo hacía un hermanito inocente pero al que quería mucho.

-Buenos días, Damon -me dice bajito-. ¿Has dormido bien?

Le brindo una pequeña sonrisa.

-Buenos días, Simon, sí he dormido genial, ¿y tú?

-B-bien, gracias por preguntar...

-No es nada, hermanito -me acerco a él y le doy unas palmaditas en la espalda-. ¿Te han enviado padre y madre para saber si no me había suicidado? -digo burlón.

Simon pone una cara de espanto que yo me empiezo a descojonar.

-¡Damon!, no digas cosas como esas... -dice mordisqueándose el labio-. Tienes razón en que papá y mamá me han enviado, pero para ver si estabas levantado, y si ese era el caso, mandarte para abajo para que desayunaras...

-Perdón, Simon -me limpio una lágrima de la risa-. ¡Anda!, pero que considerados, oye -hago una mueca-. Diles que ahora bajo.

-Vale, pero no tardes, Damon -dice eso y se va.

Cierro la puerta y me dejo caer al suelo.

-Uff... -miro al techo-. Malena...Clarissa..., me estáis complicando la vida de una manera...

Me levanto del suelo y abro la puerta.

&&&

Llego al amplio comedor de mi casa, decorado con muchísimo lujo, cosa que detestaba desde niño, bueno, en mis dos casas, la de Argentina y la de aquí de España.

Me siento al lado de mi hermano mayor, Clark y un sirviente me trae el desayuno, que son unas tostadas con un vaso de leche del tiempo.

-Buenos días, hijo -dice mi madre.

-Buenos días.

Mi padre hace una mueca de desprecio, desagrado, no sé, cualquier cosa menos orgulloso.

-Podrías ser más amable, Damon -dice mi padre metiéndose un trozo de tostada en la boca.

-Vale.

El desayuno transcurre de forma silenciosa a partir de ahí, cosas que agradezco muchísimo.

&&&

Me pongo unos pantalones de color negro y una sudadera del mismo color, luego me pongo unos guantes. No me molesto en arreglarme el pelo, es una perdida de tiempo.

Bajo las escaleras y voy a la entrada de la mansión, osea de mi casa, que está custodiada por dos guardias de seguridad, que me paran nada más ver que tengo intenciones de salir.

-Deténgase, joven amo -dice Denis, el bombilla, porque estaba calvo.

-Denis -le digo serio-. No es necesario que me pares, no sé por qué lo haces, es agotador.

-Lo siento, joven amo, pero son instrucciones -apriesta la mandíbula-. Ahora sí tiene pensado salir de la mansión, dinos a Mark y a mí a donde va.

Suspiro y me restriego las manos por la cara.

-Voy a hacer un encargo.

Asienten y se aportan de la puerta, los despido con la mano y salgo.

&&&

Llego al vertedero lejos del pueblo y en el centro me encuentro a Brad.

-Hola, tío -dice Brad.

-Hola, bro -le doy un apretón y un mini abrazo.

Miro al cielo.

-¿Qué tenemos hoy?

-Dos jovencitos -dice Brad sonriendo.

-¿Ha mandado mi padre capturarlos?

-No -me mira-. Tú madre.

-¿¡¿Mi madre?!? -hacia mi madre que no se metía directamente en este tipo de asuntos desde hace el año de la vieja.

-Sip, la misma e inigualable Pamela -lo dice imitando como un aire de grandeza.

-¿Y por qué nos ha mandado hacer esto?

-Pues según lo que me han dado de información, que es poca -se aclara la garganta-. Es porque son hijos de...¿la mafia de Portugal?, no sé, algo de eso.

-Ah.

Nos quedamos un rato en silencio y después me mira.

Brad sonríe, girando el cuchillo entre los dedos.

Lo miro de reojo.

-Te he dicho que no me llames así.

-Sí, sí... lo que digas -se ríe por lo bajo-. ¿Listo?

Miro hacia el fondo del vertedero. Donde están los chavales atados, temblando como un flan.

Son demasiado jóvenes. Uno intenta decir algo pero no se le entiende. Tiene la boca seca. El otro ni siquiera levanta la cabeza.

Aprieto la mandíbula.

-Date prisa -dice Brad, como si esto fuera cualquier cosa-. No tengo todo el día.

Doy un paso adelante. Luego otro.

Pero algo no encaja. Malena aparece en mi cabeza sin pedir permiso.

Su voz. Su cara. Su forma de mirarme como si todavía fuera alguien normal.

Cierro los ojos un segundo.

-¿Qué te pasa? -pregunta Brad, ladeando la cabeza.

Abro los ojos.

-Nada.

Pero no suena convincente.

Brad sonríe.

-No me jodas... -murmura-. ¿Te estás ablandando?

No contesto.

Me acerco a uno de los chicos y me agacho frente a él.

Tiembla y no deja de mirarme.

Como si supiera. Como si ya estuviera muerto.

Respiro hondo.

Y por un segundo...dudo.

Brad se ríe detrás de mí.

-Hostia... esto sí que no me lo esperaba.

Aprieto el puño. Y entonces sonrío.

Pero no es una sonrisa real. Es la de siempre. La que toca.

-Venga -digo, levantándome-. Terminemos con esto.

Pero mientras camino...no dejo de pensar en lo mismo:

Malena me estaba cambiando.



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En el texto hay: secuestro, mafia, humor

Editado: 20.07.2026

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