Bastian parecía estar enfrascado en una conversación demasiado acalorada por teléfono. Su ceño se fruncía en cada palabra que decía. Y su mano izquierda se movía con inquietud. Llevaba media hora fuera de casa y parecía no querer entrar y saludar a sus invitados. Invitados qué mi madre había invitado, no él. Porque no era feliz con toda esa payasada que mi madre había hecho. Y por obvias razones, ni siquiera era feliz con su prometida que siempre desaparecía sin razón alguna. Era muy sospechoso su repentino viaje a Londres.
No sabía mucho sobre la vida de Sophia. Solo que era modelo en la agencia donde mi madre era la dueña.
— Parece que tu hermano no se encuentra nada contento con los repentinos viajes de Sophia —asentí. Mi abuela miraba a Bastian desde el balcón del segundo piso — Esa chica es muy misteriosa.
Estaba de acuerdo con mi abuela. No la conocíamos de nada, simplemente que sus padres vivían en Francia. Me molestaba no poder averiguar más sobre ella, pero quien era yo para meter mis narices ahí. Si yo, era igual o peor que Sophia.
Estos últimos años me los había pasado evitando a todo aquel que preguntara por mi familia. Ni Cssandra se imaginaba que su compañera de apartamento era una mentirosa. A ver, le había contado lo suficiente para que cerrara la boca y dejara de preguntar sobre mi vida.
— Sophia tendrá sus razones para desaparecer, abuela. Simplemente no podemos intervenir
Mi abuela asintió queriendo dejar del tema atrás. Y es que, si, definitivamente no podíamos meternos en la vida de la nueva esposa de mi hermano. Me eché el pelo hacia atrás y bajé las escaleras tan despacio como pude. Mi teléfono móvil vibro, era un mensaje de Cassie:
Cass. ¿te estas divirtiendo?
Rodé los ojos y puse mis dedos sobre la pantalla.
Yo; claro que sí, justo ahora estoy compartiendo una copa de champan con mi madre y nos contamos las últimas novedades.
Cass: que humor tan agrio el que tienes. Deberías follar un poco, te hace falta.
Cassie tenía razón. Desde mi última relación, que fue hacia unos ocho meses, no había tenia contacto físico con ningún chico. Tampoco es que estuviera tan necesitada. Simplemente no me apetecía acostarme con cualquier imbécil.
Yo: intento congeniar con toda esta gente. Y con mi madre también.
iba tan enfrascada en el teléfono que tropecé con alguien. Levanté la mirada y unos ojos verdes me miraron con tanta intensidad. La mujer que iba a su lado era hermosa, pero algo mayor. Avergonzada, quise disculparme, pero una mano me agarro del brazo, al girarme vi a mi madre, muy sonriente.
— ¿Dónde estabas? — me dijo ella. —llevo buscándote hace una hora. No puedes simplemente desaparecer.
— Estaba ocupada. Por si no lo sabes, también tengo una vida.
Ignoró mis palabras y comenzó a charlar con aquella mujer. Volví a centrar mi mirada en aquel hombre; era guapísimo, alto, cabello castaño, tenía una mirada tan intensa, que podría decirse, acabaría descifrando todos y cada uno de mis secretos. No podía apartar la mirada, era como si estuviese embrujada; como si él me hubiese embrujado. Podría seguir diciendo cuan hermoso y atractivo me parecía, sin dejar de lado que tenía la mandíbula tan apretada. Sus ojos recorrieron mi cuerpo, lo sé, porque no dejaba de verme. Yo tampoco podía hacerlo.
Mi respiración se aceleró tanto, que me costaba respirar. El teléfono móvil que llevaba en mis manos, volvió a vibrar. Aparté la mirada y vi un mensaje de mi ex novio, Demian. Decidí ignorarlo, puesto que llevaba cinco meses insistiendo en que regresáramos. Demian, era el capitán del equipo de Hockey, un atractivo chico de Boston, con una familia de dinero. No podía simplemente olvidar lo que había hecho. Infidelidad, sí. Se había besado con una fan, por así decirlo.
Demian: Cassie me dijo que habías tenido que viajar. Brooki, dame una oportunidad, prometo que esta vez me lo tomaré en serio. Estaba asustado de todo lo que estaba pasando entre nosotros, no puedes culparme.
Yo: no puedo, ya olvídalo Demian.
Demian: nena, ¡por favor!
Decidí ignorarlo, porque si le seguía respondiendo, estaba complemente segura que caería en sus redes y lo demás seria historia. Ya había pasado una vez, me encontraba en el apartamento, él me escribió, yo estaba demasiado estresada por los exámenes y terminé acostándome con él. Desde ese momento me juré a mí misma que eso no se repetiría.
Apagué el teléfono para evitar más distracciones.
Levanté la mirada para buscarlo y pedirle disculpas, pero estabas de espaldas a mí, con la misma mujer, ahora mi padre se había unido a la conversación. Al verme, levantó la mano, como si no lo hubiera visto. Caminé hacia ellos despacio, ideando alguna disculpa muy convincente.
— Ella es Brooke —mi padre nos presentó —y es nuestra pequeña hija.
Rodé los ojos.
Me parecía una estupidez que hubiera dicho aquello.
— Lamento lo de antes —me disculpé. —no me fijé, iba tan distraída.
El hombre asintió con la cabeza ¿acaso no hablaba? Perturbada, me quedé allí, esperando que de su boca saliera alguna palabra mientras conversaba, pero lo único que veía eran asentimientos de cabeza. Me froté las manos que se me empezaron a sentir sudadas, por los nervios. Nervios, ya que su mirada se desviaba cada cierto momento hacia mí.
Se me erizó la piel.
Las personas a nuestro alrededor eran totalmente inconscientes de lo que estaba pasando entre nosotros, un vaivén de miradas. Me sentía como una chiquilla tonta, no podía pasarme, definitivamente no podía volver a suceder otra vez.
Acalorada por su intensa mirada, me alejé de allí con el corazón agitado. Mi respiración era irregular. ¿Qué me pasaba? No podía comprender, que tan solo unos segundos bastaron para hacerme perder la razón.