No Me Veas

NO ME VEAS

No tenía reproductor. Fue a pedirle uno a Michel —su única amiga verdadera, la única persona que quedaba en la lista corta de quienes aún se preocupaban por si él comía— con una excusa a medio inventar, y volvió con el aparato bajo el brazo.

Durante todo el trayecto sintió algo caminando un paso detrás de él. No se atrevió a comprobarlo más de dos veces. Las dos veces, no había nadie.

Instaló el reproductor. Lo conectó. Funcionaba.

Solo faltaba introducir la cinta.

Y entonces, con el casete a un centímetro de la ranura, el miedo lo alcanzó de golpe, entero, sin aviso: un miedo antiguo, anterior a cualquier palabra, el mismo que siente un animal cuando comprende, tarde, que ha entrado en la trampa correcta.

No me veas, decía la etiqueta.

Una orden. No una advertencia.

—Qué buen título —murmuró, con esa risa floja que usaba siempre que el miedo se le acercaba demasiado. Era su viejo truco de escritor fracasado: convertir el terror en una línea ingeniosa antes de que el terror alcanzara a convertirlo a él en otra cosa. Casi nunca funcionaba. Esta vez, menos que nunca.

Pensó en su alacena vacía. En sus libros olvidados. En todo lo que una cinta valiosa podía comprarle. Pensó, sobre todo, en que por una vez la decisión ya estaba tomada por otra persona, y solo tenía que dejarse llevar.

La introdujo.

La pantalla se llenó de estática, y Luis la observó con la fe absurda de quien cree estar a punto de recibir un regalo.

No sabía que ya lo había aceptado.

Solo que no era el que imaginaba.



#79 en Terror
#600 en Thriller
#211 en Suspenso

En el texto hay: miedo, nostalgia, terror

Editado: 06.08.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.