No mires al escenario

Capitulo 2

La mañana siguiente

El sonido de su alarma la despertó de un golpe.

7:00am

Solo había dormido 3 horas.

Stella abrió los ojos con dificultad. La cabeza le dolió un poco, todo por el cansancio acumulado.

Se sentó lentamente sintiendo como la luz de la ventana le quemaba los ojos.

Se levantó, se bañó rápido y se vistió con lo primero que encontró en su armario: unos jeans , una camisa azul y una sudadera negra. Se miró al espejo

Ojeras y Cansancio

Suspiró

Tomó la mochila y bajó las escaleras.

La casa seguía silenciosa.

Su mamá no estaba en la cocina.

No estaba en ningún lado.

Solo una nota en la mesa.

Desayuno en el refrigerador.

Hablamos al rato

-Mamá

Stella sintió un nudo en el estómago.

Sabía que la conversación sería difícil.

Sabía que su mamá estaba molesta.

Sabía que había cruzado los límites.

Le dolía.

Tal vez porque le hacía recordar a su mamá el trauma que ella no sabía que sabía.

Pero ella se prometió que no haría lo mismo que su mamá.

Por eso los odia y los detesta.

Salió de la casa y tomó el camino que siempre recorría.

Pero esta vez volteó a ver .

La casa número 10.

La casa abandonada.

La casa donde anoche había visto una luz encendida.

La casa donde había encontrado al chico vestido de negro.

Stella levantó la mirada.

La casa estaba completamente apagada.

Oscura.

Vacía.

Silenciosa.Como siempre.

La reja cerrada.

El portón oxidado.

Las ventanas cubiertas de polvo.

Ni un carro estacionado.

Ni una señal de movimiento.

Nada.

Stella se detuvo un segundo, frunciendo el ceño.

La imagen de anoche regresó a su mente como un golpe: la luz encendida, el carro azul casi negro, el chico moviendo cajas, su voz fuerte, la tensión, el miedo.

Pero ahora…

Era como si nada hubiera pasado.

Como si lo de anoche hubiera sido un sueño.

Un invento de su mente cansada.

Una alucinación por la adrenalina de escaparse de casa.

—Fue la falta de sueño —murmuró para sí misma, ajustándose la mochila.

Y siguió caminando.

Pero aun así, mientras avanzaba por la calle, no pudo evitar mirar una vez más hacia atrás.

La casa seguía igual.

El autobús llegó y ella subió, sentándose en la parte de atrás. Se puso los audífonos, pero no puso música. Solo quería silencio.

Quería pensar.

Esa casa llevaba diez años abandonada.

Y él estaba ahí.

Moviendo cajas.

Como si estuviera escondiendo algo.

Stella apretó los labios.

No quería meterse en problemas.

No quería involucrarse en nada raro.

Pero tampoco podía fingir que no había visto nada.

Cuando llegó a la escuela, sus amigas la estaban esperando en la entrada.

Todas se veían igual de cansadas que ella, pero felices.

—¡Amiga! —dijo Ana, abrazándola—.

¿Dormiste algo?

—Muy poco —respondió Stella.

—La fiesta estuvo buenísima —agregó Wendy

—Tenemos que repetirlo.

Stella sonrió.

Entraron juntas a la escuela, hablando de la fiesta, de la música, del vestido que se le rompió a una chica y del tipo que se cayó intentando bailar en una mesa.

Las clases comenzaron.

El maestro hablaba, explicaba, escribía en el pizarrón… pero nadie estaba realmente prestando atención.

Se les veía muy cansadas.

Ana, especialmente, estaba luchando por mantener los ojos abiertos.

Stella la miraba de reojo.

Ana parpadeaba lento, como si cada vez que cerraba los ojos se quedara atrapada en un sueño profundo.

Hasta que finalmente… su cabeza cayó hacia adelante.

El maestro se detuvo.

Se giró lentamente.

La miró con esa expresión de “ya me cansé de ustedes”.

—Señorita —dijo con voz seca—, si va a estar durmiéndose en mi clase, sálgase por favor.

Ana se despertó de golpe, casi brincando en su asiento.

Algunos se rieron.

Stella también, aunque trató de disimularlo.El maestro solo suspiró y siguió explicando la clase.

Cuando por fin llegó el receso, todas salieron.

Se sentaron en su mesa de siempre, cerca de la ventana, donde podían ver a los demás pasar.

Ana puso la cabeza sobre la mesa.

—No vuelvo a desvelarme así —murmuró.

—Sí vuelves —dijo Dafne, riéndose.

—Sí vuelvo —admitió Ana sin levantar la cabeza.

Stella tomó un jugo y lo abrió.

El cansancio seguía ahí, pero al menos ya no se sentía tan pesada.

La mañana estaba tranquila, el sol entraba por la ventana y el ambiente escolar tenía ese caos normal que a veces era reconfortante.

Estaban platicando de la fiesta, de quién había bailado con quién, de quién había llorado, de quién había hecho drama… cuando de pronto llegó Wendy, casi corriendo.

—¡Chicas! —dijo, agitada

— OMG, no puede ser.

Todas la miraron.

—¿Qué pasó? —preguntó Dafne.

Wendy puso su celular sobre la mesa, temblando de emoción.

—Los chicos de Space Zero anunciaron que van a hacer una gira después de su pausa activa.

Stella se tensó.

Ella odiaba los boygroups.

No los soportaba.

Ni las canciones, ni los bailes, ni los gritos de las fans, ni el drama y sobre todo detestaba que idealizaran a los artistas.

Dafne, que también amaba los boygroups, casi gritó.

—¡Qué emoción!.

No puedo esperar a ver a Steven.

Necesito actualización de él.

Ahora que están de vacaciones no han subido nada… solo queda esperar.

Wendy asintió, emocionada.

—¿Y ya anunciaron las fechas y el lugar que van a tocar?

Wendy bajó la mirada, triste.

—No… —dijo con un suspiro

— Solo anunciaron un póster en X de la gira.

—Ay no —dijo Ana, decepcionada—. Yo también extraño mucho a Ivan.

Stella rodó los ojos discretamente.



#5150 en Novela romántica

En el texto hay: #romace, #romancejuvenil, #idol

Editado: 26.07.2026

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