No mires atrás

Capítulo 5. La casa recuerda

Volver a la casa de mi madre después de Sullivan’s fue peor de lo que esperaba.

La noche había cubierto el bosque por completo.

Los árboles parecían más altos.
Más cerrados.

Aparqué frente al porche y permanecí dentro del coche unos segundos.

No quería entrar.

Pero tampoco tenía otro lugar al que ir.

Cuando abrí la puerta de la casa, el olor a humedad y madera vieja volvió a envolverme.

Y esta vez había algo más.

Algo distinto.

Me quedé quieta.

Escuchando.

Nada.

Solo el viejo crujido de la madera acomodándose.

Encendí las luces del salón.

Todo parecía igual.

Y aun así…

No se sentía igual.

Subí lentamente las escaleras.

El segundo escalón crujió bajo mi peso.

Entonces ocurrió.

Un fragmento.

Fuego.

Calor.

Humo entrando en mis pulmones.

Mi madre gritando mi nombre.

Cerré los ojos con fuerza.

Respira.

Respira.

Abrí los ojos otra vez y avancé hacia mi habitación.

La puerta estaba entreabierta.

Estoy segura de haberla dejado cerrada.

El pulso empezó a acelerarse.

Empujé lentamente.

La habitación parecía intacta.

Pero alguien había movido algo.

La caja vieja debajo de mi cama estaba fuera de lugar.

Me arrodillé lentamente.

El polvo alrededor estaba alterado.

Como si alguien la hubiera abierto recientemente.

Un escalofrío me recorrió la espalda.

No pensé inmediatamente en Nicolás.

Ni siquiera sabía por qué mi mente intentaba relacionarlo con todo.

Podía haber sido cualquiera.

El pueblo entero conocía esa casa.

Abrí la caja.

Fotografías.
Papeles.
Objetos viejos.

Nada parecía faltar.

Y aun así la sensación persistía.

Alguien había estado allí.

Me puse de pie lentamente.

La casa crujió otra vez.

Esta vez abajo.

El aire abandonó mis pulmones.

Giré lentamente hacia la puerta.

Silencio.

Luego… otro sonido.

Muy suave.

Como un paso.

Me quedé completamente inmóvil.

El corazón golpeándome las costillas.

Esperando.

Pero no volvió a escucharse nada.

Y aun así, mientras apagaba las luces y me encerraba en mi habitación, una certeza empezó a crecer lentamente dentro de mí.

No estaba sola en esa casa.

Tal vez nunca lo había estado.




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