A altas horas de la noche, mientras la intensa lluvia caía con fuerza sobre la ciudad y los truenos resonaban en la distancia, observaba por la ventana el estado de la calle para asegurarse de que pudiera salir sin que hubiera nadie alrededor. La habitación permanecía completamente a oscuras, iluminada únicamente por la luz nocturna que se filtraba a través de la ventana.
Las personas con las que vivían dormían a esas horas. Trató de ser lo más sigilosa posible para evitar que escucharan algún ruido y, con demasiada lentitud, entró en la habitación de sus hijos. Ambos descansaban en camas separadas, sin percatarse de la presencia de su madre hasta que uno de ellos sintió cómo ella lo sacudía suavemente por el hombro, insistiendo en que despertara.
Abrió los ojos lentamente, todavía los mantenía entrecerrados por el sueño y preguntó por qué lo despertaba tan temprano. La mayor no le respondió y solo le pidió en voz baja que la siguiera, con el mismo ritmo que iba.
Miró a su hermana dormir tranquilamente antes de salir de la habitación, con pasos lentos bajó las escaleras para seguir a su madre hacia donde tenía pensado ir. Noto que se la veía contenta y entusiasmada por algo, creyendo que habría alguna buena noticia o algo que quisiera mostrarle.
Abrió la puerta de la casa y tomó en brazos a quien la seguía. No se detuvo a pensar en llevar un paraguas ni en que la lluvia terminara empapándolos por completo. Fuera de su hogar apresuró los pasos para alejarse lo suficiente de la casa y al sentir que estaba segura soltó a quien cargaba en ese sitio.
Volvió a preguntar qué hacían en aquel lugar a aquellas horas y mencionó que tenía frío, no le alcanzó el tiempo de abrigarse. Esas palabras no fueron de importancia para la mayor, solo se arrodilló ante él y lo miró con una sonrisa forzada únicamente para decirle que esperara aquí prometiendo que luego volvería, que no la siguiera.
Tardó unos segundos en responder, todavía adormilado y confundido por el sueño, pero al final aceptó. Con solo esa respuesta, su madre pudo marcharse aliviada. Cuando la perdió de vista, miró a su alrededor en busca de un lugar donde refugiarse hasta que ella regresara.
Se refugió bajo un árbol grande, donde no llegaba a caer ninguna gota de lluvia. Decidió quedarse allí e intentar dormir. Para protegerse del frío, sólo podía abrazarse a sí mismo, pues no tenía otra forma de entrar en calor.
Pasaron unos pocos días en aquel lugar, esperando a que su madre regresara por él. Nunca se mostró impaciente, pues estaba seguro de que cumpliría su promesa. Aún así, con el paso de los días, el hambre comenzaba a hacerse cada vez más difícil de soportar.
Otro día más, apenas se incorporó, decidió caminar tranquilamente hasta su casa. Mientras avanzaba, solo pensaba en que su madre no se molestara ni se preocupara al no encontrarlo allí. Iría a verla y regresaría lo más rápido posible para que no tuviera que esperarlo.
El camino había sido largo, lo que terminó por agotarlo. Tras aproximadamente una hora, llegó a su casa y aprovechó que las cortinas no cubrían la ventana para asomarse y mirar hacia el exterior. No tenía la estatura suficiente para asomarse, pero lo consiguió al subirse a una piedra que se encontraba cerca.
Observó en silencio la escena que se presentaba ante sus ojos. Sus padres lucían completamente felices mientras almorzaban, una actitud que nunca había conocido cuando él estaba presente. Conversaban con alegría junto a su hermana, quien también parecía compartir aquella felicidad.
Hacía mucho tiempo que lo trataban de manera diferente. Muchas veces había visto cómo sus padres sonreían más cuando estaban con su hermana, pero aun así nunca se enojó con ella ni creyó que fuera su culpa. Al verlos felices, pensó que quizá era mejor no volver. Tal vez su madre estaría más contenta si él ya no estuviera con ellos.
Aunque intentó mantener la calma, durante el camino hacia el lugar donde lo dejaron no pudo evitar derramar lágrimas en silencio. Al llegar, decidió alejarse un poco más y buscar otro sitio donde permanecería durante un largo tiempo.