Después de unas horas de organización del equipaje que debían de guardar dentro del baúl del auto, los cuatro se subieron al vehículo una vez ya listos. Se habían despertado a una hora casi temprana para poder iniciar el viaje y acomodar solo algunas cosas que faltaban.
—¿A dónde vamos a ir?—pregunto con emoción la más menor de allí, acercándose un poco a los asientos delanteros. Miró a su padre, que conducía en ese entonces—¿Iremos de nuevo a Whistler?
—No, está vez iremos a otro lugar—quien respondió fue la madre, mirando a su hija.
—¡Es mentira!—contestó, permaneciendo con la misma actitud—han guardado las cosas que llevamos allá.
—Si, pero será otro lugar—agregó su padre, sin quitar la vista del frente—no diré a dónde iremos, será sorpresa.
—¿Y el viaje será largo? ¿Cuántas horas serán? ¿Es lindo?
—Si es lindo, y no será largo, igual debes disfrutar el viaje—respondió la mujer—¿Estás emocionada?
—¡Si!—dejó crecer su sonrisa—esperaba mucho este día, ojalá lleguemos rápido.
El entusiasmo de su hija le hacía sentir algo de gracia, luego en unos segundos dirigió la mirada hacia su hijo y la sonrisa desapareció de a poco—Eirian.
—¿Si?—levantó la mirada hacia ella, luciendo un poco cansado.
—Deja el celular, apenas estamos por iniciar el viaje—ordenó—¿Qué haces con el celular?
—Solo estaba viendo la hora, un amigo me mandó un mensaje recién—habló con desgano debido al cansancio que sentía.
—Le contestas después, deja el teléfono y apágalo.
—Lo dejas aquí adelante—ordenó quien conducía.
—Bien—frunció el ceño algo molesto, cumpliendo la orden de su padre y dejando el celular donde lo pidieron luego de apagarlo. Recostó su cabeza sobre el respaldo de la silla y miraba la ventana.
Quien estaba a su lado se reía silenciosamente de él—eres tonto, lo hubieras usado cuando no te vieran.
—Tu tablet también, Julie.
—No la traje.
—¿No?—el adolescente apenas sonrió, mirando el objeto—¿Y eso que tienes a tu lado que es?
—Julie, obedece—exigió su madre.
—Te odio—bromeó mientras le entregaba la tablet a su madre.
El viaje había sido largo, lo cual el recorrido les había llevado varias horas. Durante ese tiempo quienes no manejaban dormían de vez en cuando, hablaban entre ellos y rara vez hacían una parada en alguna estación.
Al llegar al lugar estacionó cerca de allí, quienes iban en la parte trasera miraron confundidos el lugar ya que no era tanto lo que se imaginaban.
—¿En dónde estamos?—preguntó Eirian sin quitar la vista de la ventana que estaba al lado de su hermana.
—Alquilamos una cabaña—comentó su madre—¿Les gusta?
—Si, nos gusta—respondió su hijo, sin parecer convencido ante lo que decía, ya que el sueño no se le iba del todo.
—No hay donde pasear en este lugar, no hay nada—Julie dijo en voz alta lo que ambos pensaban, ella miraba el lugar—aunque hay mucho espacio en la nieve, podríamos jugar.
—Cerca está el centro, pasearemos allá—aclaró la mayor—En uno de estos días van a venir también los familiares.
—¿¡Van a venir mis primas!?—sonó más contenta al escuchar esa noticia, acercándose más a su madre.
—Si vendrán.
—Aquí estará bien—interrumpió al dejar el auto cerca del bosque—Eirian, me vas a ayudar a bajar todo.
—Voy.
Ya se encontraban fuera del auto, Eirian junto a su madre eran los que más llevaban hacia la cabaña mientras que Julie sólo llevaba lo más liviano. Después de vaciar el baúl, Royce se dirigió hacia la cabaña donde estaba su familia.
—¡Pido está cama!—la más joven se acostó sobre la cama que estaba al lado del televisor, que también se encontraba alrededor de la cocina.
—¿Dónde dormiré yo?—el castaño miró a su madre, traía en sus manos su valija y sobre su espalda su mochila.
—Allá—señaló— hay una habitación libre y cerca tienes el baño, y la que está cerca será la nuestra.
—Iré a guardar mis cosas.
Ya estaba dentro del cuarto, no era de gran tamaño, pero le era suficiente para acomodar las cosas que traía. Para empezar guardo cada ropa que trajo en el armario así dejar vacía la valija y tenerla a un costado, por último sus pertenencias la dejo en la mesa que tenía al lado de su cama.
—¡Eirian! ¿Vamos a jugar afuera?—Julie apareció de manera inesperada, abriendo rápido la puerta y esperando la respuesta de su hermano con una sonrisa larga.
—Recién llegamos, ahora no—respondió—estoy cansado, dormiré un rato.
—Yo no estoy cansada.
—Porque dormiste en todo el viaje.
—¡Un ratito!—insistio.
—Después—repitió, levantó apenas su voz—usa tu tablet o duerme un rato, no sé.
—Que aburrido—se largó de allí rodeando sus ojos, por último cerró la puerta de la habitación.
Quien ocupaba esa habitación se sentó en la cama, sus pertenencias personales la había ya acomodado, ahora esperaba que su celular encendiera. Cuando se prendió, revisó cada notificación y respondió los mensajes de sus amigos, para luego dejarlo sobre la mesa y sacarse sus zapatillas para así descansar.
En la cocina de la cabaña únicamente estaba la mujer, quien organizaba las provisiones y guardaba algunas comidas en la heladera. Julie se acercó al lado de ella después de salir donde su hermano estaba.
—Mamá, ¿Puedo salir afuera?
—¿Tu hermano va contigo?
—No quiere.
—Entonces no—cerró la heladera, yendo a buscar otra de las bolsas.
—¡Un ratito, mamá!—suplico—te prometo que no me alejaré tanto, estaré cerca.
—Primero ayúdame a acomodar todo y luego sales.
—¡Está bien!—aceptó animada, fue a abrir la última bolsa que quedaba.
Luego de unos minutos las bolsas quedaron vacías, la de menor edad se había quedado sola en ese entonces ya que su madre fue a recostarse en el dormitorio donde estaba su padre. Ya se había terminado de abrigar, al salir vio que todo era nieve plena, así que solamente se sentó frente de la cabaña y quiso hacer un muñeco de nieve.