No quiero una vida sin volver a verte

DIECIOCHO

CAPITULO 18

 

–¿Estas segura que no quieres venir con nosotros?

–No, como crees –dice Letty –disfruta por lo menos el viaje, relájate, tranquilízate, lo necesitas –me dice apretando nuestro agarre en las manos

–Pero es que me da pendiente que te quedes con el estúpido ese…

–Lo sé, pero en cuanto subas a ese avión –señala con la cabeza –me iré a casa de Amelia, le pedí hospedaje las dos semanas que estarás en Hawái, simplemente llegare a casa por la maleta que ya tengo preparada

 

Suelto un mega suspiro quitándome lo tenso.

 

–Eso me tranquiliza un poco –le sonrío –por favor comunícate conmigo por lo menos cada 4 horas y que sea videollamada, no quiero mentiras Leticia

–Si hermano protector –se burla –prometo informarte de todo, ¿okey?

 

Asiento gustoso por lo que dice, en su mirada se ve que me quiere decir muchas cosas porque se suelta a llorar y es por eso por lo que la abrazo demasiado fuerte, le beso la coronilla diciéndole lo mucho que la quiero, que la extrañaré y le traeré demasiados regalos. Teresa se acerca nosotros haciendo que rompamos nuestro abrazo, le limpio las lágrimas a mi hermana besando sus mejillas.

 

–Nos vemos, hermanita, te quiero

–Yo te quiero mucho, mucho más –me da un abrazo corto –gracias, Zac

–¿Por qué me dices gracias? –solo niega como si fuera una tontería lo que decía

–Adiós –me lanza un beso en el momento que me voy alejando –¡te cuidas mucho y diviértete! –me grita agitando su mano

 

La veo chiquita cada vez que daba pasos cuando caminaba, mi ahora esposa jalaba con fuerza para que diera más paso y llegar al avión. Tomamos asiento en nuestros lugares de primera clase, ya que cierta señorita no pensaba estar toda junta con personas desconocidas y decidió que su padre nos diera estos puestos. 

 

–No puedo creer que estemos casados, baby –dice emocionada –señora de la Vega, ¿Qué tal suena? ¿ah?

–No lo sé, raro, supongo –digo viendo a la ventanilla

–Baby –me toma la mano de una manera delicada –sé que dijiste que lo intentarías conmigo, por lo mismo nos casamos y seguimos con todo, pero… quiero que pongas de tu parte, yo te amo y demasiado, recuerda que tendremos un hijo, debe naces en un ambiente increíble, bueno, lindo y armonioso, no solo para con él sino nosotros porque lo que reflejemos es lo que el bebé vera todos los años de su vida. 

 

Miro como sus cejas se elevan por preocupación, pero aun así sonríe temerosa de lo que pase después de lo que ha dicho, mis ojos bajan a su barriga cubierta por el vestido veraniego de un color blanco pálido.

 

–Tienes razón –le beso los labios lentamente y le sonrío –, pero deja que vaya poco a poco, ¿de acuerdo?

–Si –dice complacida y se saborea el beso –oh, oh

–¿Qué sucede? –le pregunto al ver como se toca su vientre 

–Tiene hambre –me mira avergonzada –, no puede ser, y acabamos de comer justo antes de subir al avión –se queja

–Déjalo –le hago una seña a la azafata –no puede vivir de tus ensaladas solamente

–Lo que quiere este bebé necio es que suba otros diez kilos, ¡estoy a nada de reventar! –me rio y llega la azafata

–¿En qué puedo ayudarlos? 

 

Yo miro a Teresa para que pida lo que se le antoja en este momento y digo este momento porque al otro no lo quiere, pero después sí.

 

–¿Tiene disponible postres?

–Claro, tenemos disponible todo tipo de pasteles, con y sin helado, crepas como usted las decida

–Genial, si tiene pastel de chocolate, me da un pedazo enormeeee con dos bolas de helado de vainilla y demasiado jarabe de chocolate, si le puede poner algo de fruta al rededor estaría agradecida, de preferencia el durazno, por favor, en caso de que al final me quede un poco de hambre le pediré una crepa, pero eso ya después le digo como la quiero –yo rio interiormente –gracias, linda

 

La azafata la mira con ojos enormes y sin dejar de parpadear, se aclara la garganta, para sonreír y asentir para retirarse a cumplir la petición de mi esposa. 

 

–Y no querías pedir nada

–¿Viste cómo me miró? –dice –por eso yo no…

–Teresa, tranquila –le tomo la mano y se la aprieto –nuestro hijo necesita comer y de tus dietas no sobrevivirá –me burlo

–No digas eso, Zac –me golpea el hombro y me rio –, pero yo ya no quiero crecer, estoy gordísima

–Es normal, comas o no, crecerá, así que tranquila y disfruta de lo que ahí viene




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