Desde pequeña, solo había una única regla en mi casa.
No salir.
¿El por qué?
El mundo estaba destruido. La maldad de la gente se había esparcido como polvo por todas partes, y todos comenzaron a matarse entre sí.
No había lugar seguro, todo era peligroso.
Tío César siempre me dice que mis padres se enfrentan a los monstruos durante el día para conseguir comida y abastecimientos, y por eso no pueden estar conmigo. También dice que en la noche, mientras duermo, ellos vienen y me dan un beso en la frente para que descanse.
Yo lo siento… e inconscientemente sonrío.
Aunque...la verdad si me da tristeza, porque me gustaría pasar más tiempo con ellos.
Hace tres años el mundo cambió, y desde entonces no los veo. Bueno, al menos los siento cada noche cuando vienen a dejarme un beso de buenas noches.
Nosotros vivimos en un refugio escondido en el bosque. Cuando la gente empezó a matarse y el mundo fue consumido por el caos y los mounstrous, nos vinimos a vivir aquí. El refugio es de mi tía Camil, la novia de mi tío César, pero no la veo mucho, porque como el refugio es de ella, siempre se la pasa resolviendo los problemas que pueda haber.
Recuerdo la noche en la que llegamos. Me habían envuelto en una manta y me pidieron que no hiciera ruido mientras entrábamos al carro porque escapábamos de gente que quería hacernos daño.
Mamá lloraba y tío César me acurrucaba mientras papá manejaba.
Extraño mi vida de antes, aunque no la recuerdo mucho, y es entendible, pues apenas tengo siete años, pero recuerdo lo bien que la pasaba en mi antigua casa porque era muy grande y de muchos colores bonitos.
Papá y mamá tenían trabajos buenos y teníamos bastante dinero, por eso, yo tenía varios juguetes, mucha ropa y muchas amigas para jugar.
Ahora ya no.
El refugio no es tan bonito como mi casa de antes, pero es acogedor, a pesar de que las casas no tienen color, son grises y casi no salgo.
Editado: 20.11.2025