No se vuelve con un ex, ¿verdad?

~1~

Una semana más tarde, Sophie se subió a su auto y emprendió viaje a Brighton con una playlist cuidadosamente diseñada para cantar a todo pulmón.

Gracias a eso, el trayecto resultó agradable.

O tan agradable como podía ser teniendo en cuenta el verdadero motivo por el que se dirigía a Brighton.

La boda que debía reconstruir prácticamente desde cero.

La boda que había pasado de tener dos meses de margen a apenas siete semanas.

Y, por supuesto, Marcus.

Sophie suspiró mientras cambiaba de carril.

Las posibilidades de evitarlo eran prácticamente inexistentes, pero estaba decidida a mantener las interacciones al mínimo indispensable.

Al fin y al cabo, era una profesional muy ocupada.

Cuando llegó a Brighton, el aire fresco de la costa la recibió apenas bajó un poco la ventanilla.

Sin perder tiempo, condujo directamente hacia el departamento de Holly.

Elliot le había explicado que allí podrían tener la primera reunión presencial y, considerando el estado de emergencia en el que se encontraba aquella boda, Sophie estaba más que dispuesta a comenzar de inmediato.

Estacionó, tomó su bolso y descendió del vehículo.

Debieron de estar esperándola con verdadera ansiedad porque el portero la dejó pasar casi antes de que terminara de identificarse.

Subió al segundo piso y apenas las puertas del ascensor terminaron de abrirse vio a Elliot esperando frente al departamento.

—Sophie, nuestra heroína sin capa —abrió los brazos teatralmente.

Ella soltó una carcajada y correspondió el abrazo.

—¿Cómo has estado?

—Nervioso, pero supongo que no hay otra forma de sentirse en esta situación.

—Cierto, pero aquí estoy para poner paños fríos a la situación.

—Perfecto. Ven, pasa. Holly está preparando té y lleva veinte minutos acomodando la mesa.

Sophie entró primero.

El departamento era pequeño pero acogedor. Todo estaba perfectamente ordenado. Las cortinas dejaban pasar la luz de la tarde y, sobre la mesa del comedor, había una tetera, tres tazas, azúcar, leche y una bandeja con rollos de canela que olían tan bien que Sophie sintió que todas sus preocupaciones disminuían.

Holly estaba acomodando cucharitas con una concentración que normalmente se reservaría para expertos en desactivar explosivos.

Al verla, sonrió inmediatamente.

—¡Sophie!

—Qué bueno verte, Holly —saludó mientras intercambiaban un abrazo.

—Disculpa el desorden y el espacio reducido.

Sophie miró alrededor.

—Yo no veo desorden, solo muchas cajas.

Holly rio.

—Es que Elliot ya vendió su departamento y nos estamos acomodando aquí hasta mudarnos después de la boda.

Sophie hizo una mueca.

—Boda y mudanza. Tú no haces las cosas a medias.

—Jamás.

—Holly no puede hacer una sola cosa a la vez —comentó Elliot mientras la observaba con una sonrisa tan enamorada que resultaba casi obscena—. Necesita hacer cinco simultáneamente.

Holly se echó a reír como si no pudiera negar tal afirmación.

—Por favor, toma asiento. Elliot dice que los rollos de canela son tu debilidad y lo envié a comprar algunos.

—Tuve que recorrer tres panaderías.

Sophie sonrió mientras tomaba asiento.

—Gracias por el recibimiento. Esto es mucho más agradable que la mayoría de mis reuniones.

—¿La gente no te recibe con rollos de canela?

—Normalmente me reciben con crisis nerviosas.

—Bueno, todavía estamos a tiempo —bromeó Elliot.

Los tres rieron.

Apenas se acomodaron, Sophie entró automáticamente en modo trabajo.

Abrió el bolso, sacó la tableta, luego la agenda de papel, varios documentos impresos y finalmente un bolígrafo.

Holly observó todo aquello con admiración.

—Dios mío, debimos contratarla desde el principio.

Sophie tomó la taza que Elliot acababa de servirle.

—¿Alguna novedad sobre la organizadora anterior?

Las sonrisas desaparecieron un poco.

Holly negó con la cabeza.

—Muy pocas.

—Pero la denuncia está hecha —añadió Elliot—. Al parecer no somos los únicos.

—¿Así que estamos hablando de una estafadora profesional? —preguntó Sophie.

—Parece que sí.

—Utilizaba nombres diferentes —explicó Holly—. Cambiaba de identidad cada vez que comenzaba a buscar nuevas víctimas.




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