No se vuelve con un ex, ¿verdad?

~3~

Sophie empezó a desplegar hojas sobre la mesa.

Una para Elliot, una para Holly y para Marcus absolutamente nada.

En parte porque no había esperado que estuviera presente en la reunión. Y, siendo completamente sincera consigo misma, en parte porque no tenía la menor intención de compartirle información que ni siquiera le correspondía.

¿Era un poco inmadura?

Probablemente.

Pero también conocía demasiado bien a Marcus.

Si le daba la mano, él le tomaría el codo.

Y si le daba el codo, terminaría intentando abrazarla.

Era un hombre peligrosamente encantador cuando se proponía algo y Sophie no estaba dispuesta a facilitarle el trabajo.

Se aclaró la garganta y volvió inmediatamente al modo profesional.

—¿Recuerdan a mi tía Catherine?

Holly levantó la cabeza.

—¿La pastelera?

—Sí, ella —respondió Elliot antes incluso de que Sophie pudiera hacerlo—. Hace unos pasteles increíbles.

Sophie sonrió.

—Si están dispuestos, mi tía quiere regalarles el pastel de bodas.

Holly abrió mucho los ojos.

—¿De verdad?

Sophie asintió.

—Lo primero que hice antes de proponérselos fue asegurarme de que el traslado desde Londres fuera completamente viable.

—¿Y sí se puede? —preguntó Holly.

—Perfectamente. Dependiendo del diseño, los pisos se transportan por separado, siempre refrigerados y con soportes especiales. Después se ensamblan directamente en el salón.

Holly soltó un pequeño grito de emoción y giró inmediatamente hacia Elliot.

—Tal vez no tengamos que endeudarnos.

Él le tomó la mano con absoluta naturalidad y la besó sobre los nudillos.

—Tal vez no.

Elliot sonrió con todo el amor que parecía acompañarlo cada vez que miraba a Holly.

—Pero si fuera necesario, también lo haríamos.

Ella negó con la cabeza.

—Elliot...

—No. Escúchame —le acarició suavemente la mano—. Tú te mereces la boda de tus sueños y no me importa si tengo que trabajar una década para terminar de pagarla.

Sophie sintió que el corazón se le encogía.

Era absurdamente lindo ser testigo de cómo dos personas se miraban como si el resto del mundo no existiera.

Sonrió enternecida.

Y, cuando ambos terminaron besándose, decidió mirar discretamente hacia otro lado para no sentirse como la tercera rueda de una bicicleta muy enamorada.

Pero fue una mala decisión porque al girar la cabeza se encontró con Marcus.

Él ya la estaba mirando y, para no perder la costumbre, le sonreía.

Sophie permaneció completamente seria.

Marcus ensanchó todavía más la sonrisa.

Ella levantó lentamente una ceja.

—¿Qué?

Marcus bebió un sorbo de té con una calma desesperante.

Después respondió:

—¿Puedo ver los rellenos del pastel?

Antes de que Sophie contestara, Elliot le extendió su propia hoja.

—Toma. No molestes a Sophie.

Marcus la aceptó.

—Gracias —dijo ella con evidente satisfacción antes de continuar la explicación—. Mi tía preparará las combinaciones que elijan para que puedan probarlas antes de tomar una decisión.

Holly sonrió como una niña en una juguetería.

—¿Podemos probar varios?

—Todos los que quieran.

Holly rio.

—¿Y tendremos que viajar a Londres?

—Sí. Mi tía nos recibirá personalmente.

—Yo quiero ir —interrumpió Marcus.

Sophie levantó lentamente la vista.

—No me pueden excluir de la elección del pastel —añadió él.

Elliot frunció el ceño.

—¿Por qué no podríamos?

—¿No es deber del padrino ayudar?

Sophie cruzó los brazos.

—¿De verdad te interesa todo esto?

Marcus la miró como si la pregunta fuera completamente absurda.

—Sí, claro —se volvió hacia Elliot y Holly—. Ellos pueden confirmarlo.

Los dos intercambiaron una mirada y finalmente Holly respondió.

—Marcus ha estado interesado en ser útil desde el inicio.

Marcus sonrió con orgullo.

—Gracias.

Pero Holly aún no había terminado.




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