Marcus estaba feliz.
El inesperado encuentro con Sophie le había mejorado el humor de una forma casi ridícula.
No podía catalogarlo exactamente como una cita porque ella se había pasado prácticamente todo el tiempo trabajando, pero tampoco podía decir que hubiese sido un fracaso.
Después de todo, ella no había rechazado compartir la mesa.
Y, considerando que Sophie llevaba diez años evitándolo con una dedicación admirable, aquello ya era un pequeño triunfo.
Cuando terminaron el café, ambos caminaron hacia sus respectivos autos y se despidieron con rapidez.
Demasiada rapidez para el gusto de Marcus.
Sophie parecía una máquina de trabajo perfectamente engrasada.
Era impresionante, pero también un problema. Porque resultaba bastante difícil conquistar a una mujer cuya agenda parecía tener más actividad que un aeropuerto internacional.
Quizá la propuesta de prestarle su casa mientras él no estuviera allí no fuera lo ideal para acercarse.
Al menos no directamente.
Porque si ella encontraba el lugar cómodo para trabajar, con agua caliente, buen internet y tranquilidad, quizá empezaría a ir más a menudo y por consecuencia a recuperar la confianza en él.
Sin presiones, sin dobles intenciones aparentes.
Era un concepto relativamente nuevo para Marcus que usualmente se la pasaba insistiendo.
Llegó al salón pocos minutos después.
Apenas estacionó, vio el auto de Sophie detenerse unos metros más adelante.
Ella descendió inmediatamente con una carpeta bajo el brazo y el teléfono en la otra mano.
Ni siquiera parecía haber apagado el modo trabajo durante el trayecto.
Marcus sonrió para sí.
Bajó del vehículo y caminó hacia la entrada.
Allí ya estaban Elliot, Holly y Sandy.
Cuando llegó, Holly estaba presentando oficialmente a Sophie y a su hermana.
Marcus saludó al grupo.
—Buenos días.
Elliot se inclinó discretamente hacia él.
—Llegaron prácticamente al mismo tiempo.
Marcus respondió en el mismo tono.
—Estuvimos tomando un café.
Las cejas de Elliot subieron inmediatamente.
—¿Ah, sí?
Marcus negó enseguida.
—No imagines cosas. Coincidimos en la cafetería y aceptó compartir la mesa.
Elliot sonrió.
—A mí ya me parece bastante.
Marcus rio por lo bajo.
—Hoy consiguió tolerarme.
—Eso ya es una victoria.
—También lo creo.
La sonrisa de Elliot desapareció apenas un poco.
—Marcus.
—¿Sí?
—Trátala bien.
Marcus lo miró.
—Tranquilo. Sé perfectamente que la necesitan en este momento.
Elliot negó lentamente.
—No lo digo solo por la boda.
Marcus frunció apenas el ceño.
—Lo digo porque Sophie sigue siendo familia y la quiero mucho —continuó Elliot—. No me hagas elegir un bando.
Marcus soltó un suspiro exagerado.
—Compartes sangre conmigo, traidor.
Elliot sonrió sin el menor remordimiento.
—¿Y eso qué? Voy a estar del lado que me parezca justo.
Marcus negó con la cabeza. Siempre sería el villano sin importar cuánto tiempo hubiese pasado.
Antes de que pudiera responder, Sophie interrumpió.
—¿Entramos?
Todos asintieron.
Ella caminó hasta la recepción, anunció la cita y, pocos minutos después, una asesora apareció para recibirlos.
Estaban a punto de comenzar el recorrido cuando Sophie se volvió inesperadamente hacia Marcus.
—¿Te consideras hábil haciendo videos?
Él la miró con sorpresa.
—Depende. ¿De qué nivel de exigencia estamos hablando?
—De uno bastante bajo.
Marcus soltó una risa.
—Entonces sí.
Sophie abrió la aplicación de la cámara de su teléfono.
—Necesito algunas tomas para un video que voy a subir a mis redes. Nada complicado.
Le entregó el teléfono.
—No tienen que ser perfectas. La magia la hago después con la edición —hizo una breve pausa y añadió—: Pero procura enfocar bien.
Marcus tuvo que contener una carcajada.