No se vuelve con un ex, ¿verdad?

~8~

Marcus entró en la cocina cabizbajo.

Había imaginado una noche completamente distinta, prometedora incluso. Pero Bianca llegó por sorpresa y todos sus planes se fueron al diablo.

Ella y Sophie nunca se habían llevado bien. Él había intentado apaciguar la situación siempre que podía, pero había sido una tarea imposible.

Durante toda su relación jamás consiguió una tregua entre ellas, y eso había significado convivir con su novia y su mejor amiga en una guerra constante.

Con un suspiro resignado, comenzó a guardar las compras en el refrigerador.

No era un chef profesional ni mucho menos, pero durante los últimos años había aprendido a cocinar bastante bien. De hecho, había pensado preparar algo rico para Sophie. Nada demasiado elaborado, solo una cena tranquila para demostrarle que ya no era el muchacho incapaz de freír papas sin supervisión.

—Ey, qué cara larga.

Marcus levantó apenas la vista.

Bianca se acercó con expresión preocupada.

—¿Otra vez mal por Sophie?

Él cerró lentamente la puerta del refrigerador.

—No diría que estoy mal —se apoyó contra la encimera—. Más bien... desanimado.

Bianca suspiró con dramatismo.

—¿Es que no aprendes?

Marcus dejó escapar una pequeña risa.

Le había hecho tantas veces esa pregunta que ya había perdido la cuenta.

—¿Qué hace esa mujer en Brighton? —continuó ella.

—Elliot la llamó para salvar la boda.

—Qué oportuno.

Marcus sonrió apenas.

—Si vieras el desastre que dejó la organizadora anterior, también la habrías llamado.

Bianca cruzó los brazos.

—Hay cientos de organizadoras de bodas.

—Sí.

—¿Entonces?

—Solo hay una Sophie Blake.

Bianca hizo una mueca.

Aquella respuesta claramente no le había gustado.

Marcus continuó guardando algunas cosas en los armarios.

—Tengo siete semanas.

Ella arqueó una ceja.

—¿Siete semanas para qué?

—Para que vea que cambié.

Bianca cerró los ojos durante un instante, como si estuviera reuniendo paciencia.

—¿Cuántas veces te he dicho que no te rebajes?

Marcus dejó escapar el aire lentamente.

—No me estoy rebajando.

—Sí lo haces —dio un paso hacia él—. Porque Sophie claramente ya no te ama.

Marcus no respondió.

—Te dejó y ahora… —hizo un gesto alrededor con las manos—. ¿Qué se supone que hacía aquí en tu casa?

Marcus respondió con calma.

—Trabajando, necesitaba wifi.

—No seas ingenuo.

—No lo soy.

—Una cosa es que ayude a Elliot y otra muy distinta que te use.

Marcus soltó una risa breve.

—¿Usarme?

—Sí.

—Ni siquiera me pidió ayuda, yo se la ofrecí.

—Eso se llama ser migajero.

Marcus sonrió con cierta resignación.

—Puede que sí.

Bianca pareció quedarse sin argumentos durante un segundo.

—¿Y no te cansas?

Marcus reflexionó unos instantes.

—La verdad no.

Bianca soltó un largo suspiro.

—No te entiendo.

Marcus tampoco esperaba que lo hiciera.

Se sirvió un vaso de agua y bebió un sorbo antes de responder.

—Cuando terminamos, pensé que el tiempo haría lo suyo.

—Eso suele pasar.

—No con Sophie, claramente —sonrió con cierta melancolía.

Bianca apoyó los codos sobre la isla de la cocina.

—Han pasado diez años.

—Lo sé.

—Una década.

—Sé cuánto son diez años.

Ella rodó los ojos.

—Marcus, eso no es sano.

Él permaneció unos segundos en silencio.

—¿Sabes? Descubrí algo.

Bianca esperó.

—Durante mucho tiempo pensé que simplemente estaba siendo orgullosa —sonrió sin humor—. Creía que, tarde o temprano, se le pasaría el enfado, pero ahora me doy cuenta de que no está enfadada.

Bianca frunció ligeramente el ceño.

—¿No?




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