Sophie se preguntó si acaso aquel lugar estaba enojado con ella.
En internet no tenía malas críticas, o al menos no demasiadas. Ella era sensata y sabía que ningún alojamiento podía ser perfecto, así que, como predominaban los buenos comentarios, había decidido hospedarse allí.
Pero ya era el colmo que tampoco tuviera señal en el teléfono.
Había logrado intercambiar apenas cinco palabras con Molly cuando su amiga empezó a repetir que la escuchaba entrecortada.
Resignada, colgó prometiéndole que volvería a llamarla en cuanto encontrara otro sitio.
Porque se iba a marchar de allí.
No solo por la falta de señal, sino porque el wifi seguía siendo desastroso, el agua continuaba saliendo helada y la luz del baño todavía parpadeaba como si alguien intentara comunicarse desde el más allá.
Con esa decisión tomada, se fue a dormir.
O, al menos, lo intentó.
Durmió a ratos porque habría jurado que alguien caminaba constantemente por el pasillo.
Aunque no creyera demasiado en asuntos paranormales, aquello empezaba a parecer una película de terror.
Además, Molly no había ayudado demasiado. Le había enviado varios mensajes asegurando que saliera huyendo de ese lugar o, de lo contrario, ella misma viajaría para sacarla de allí.
Su amiga sí creía en fantasmas.
Y, debía admitirlo, había conseguido volverla un poco paranoica.
Así que ya no sabía si los pasos eran producto de su imaginación o si realmente algo (o alguien) la estaba acechando.
Fuera como fuese, a la mañana siguiente guardó todas sus cosas y abandonó el Bed & Breakfast sin mirar atrás.
¿Adónde iba a ir?
No tenía la menor idea, pero lo resolvería.
Antes quería desayunar y, como era domingo, decidió acercarse al mar. No tenía intención de meterse al agua, solo quería relajarse un rato escuchando las olas mientras leía unas páginas de su libro.
Después de comprar un café y un par de rollos de canela, caminó por la playa buscando un rincón tranquilo.
Era temprano y el mar estaba especialmente sereno.
Algunas personas paseaban a sus perros, otras corrían por la orilla y un par de niños ya intentaban construir castillos de arena con una determinación admirable para un domingo por la mañana.
Encontró una roca grande, lo bastante plana como para dejar sus cosas sin que terminaran cubiertas de arena.
Apoyó el bolso, el café, la bolsa con los rollos de canela y el libro con cuidado.
Después se descalzó y se quitó los calcetines.
La arena todavía conservaba el fresco de la mañana.
Sonrió.
Aquello era exactamente lo que necesitaba después de una noche infernal.
Comenzó a caminar despacio junto al agua, disfrutando del sonido de las olas.
Cerró los ojos apenas un instante y entonces sintió un dolor agudo bajo el pie.
—¡Ay!
Se detuvo de golpe.
Instintivamente levantó el pie y perdió un poco el equilibrio.
Miró hacia abajo.
Una concha rota, afilada como una cuchilla, sobresalía entre la arena húmeda.
—No...
Apoyó el pie con cuidado, pero una punzada aún más intensa la obligó a levantarlo otra vez.
Suspiró.
—Perfecto.
Miró al cielo.
—Simplemente perfecto.
Consiguió regresar dando pequeños saltos hasta la roca donde había dejado sus cosas y se sentó con cuidado.
La planta del pie sangraba más de lo que le habría gustado.
No era una hemorragia escandalosa, pero sí lo bastante intensa como para pensar que quizá necesitaría algunos puntos.
Buscó algo con qué presionar la herida.
No llevaba vendas, obviamente. Tampoco pañuelos. Así que terminó sacrificando uno de los calcetines y lo apretó contra el corte.
—Excelente idea la de caminar descalza, Sophie —masculló.
Comenzó a pensar cómo pedir ayuda.
Podría llamar a Elliot, pero bastante tenían él y Holly con la boda.
Podría pedir un taxi, aunque necesitaría ayuda para llegar hasta él, porque no creía poder avanzar dando saltos durante mucho tiempo.
La última opción, pero tal vez la más viable, era contactar a Marcus.
Vivía prácticamente allí y, aunque no le entusiasmaba la idea de deberle otro favor, tampoco pensaba quedarse sentada viendo cómo el calcetín se teñía de rojo.
Sacó el teléfono.
No tenía su número, así que tuvo que recurrir a las redes sociales. Esperaba que estuviera conectado.
Escribió un simple: Necesito ayuda.