Sophie soltó el aire cuando el doctor le confirmó que no necesitaba puntos y que la herida no era profunda.
Después de la cantidad de sangre que había visto, ya se había preparado mentalmente para escuchar palabras como “sutura, reposo absoluto o muletas".
Por suerte, ninguna apareció.
Le limpiaron bien el corte, le aplicaron una crema cicatrizante, colocaron un apósito y le recomendaron mantener la zona limpia, cambiar el vendaje todos los días y evitar caminar más de lo necesario durante unos días.
Según el médico en una semana debería poder apoyar el pie con bastante normalidad.
Sophie sonrió.
Aquello sonaba infinitamente mejor que cualquier otro escenario que hubiese imaginado.
Aunque, mientras tanto, tenía a Marcus que había adoptado el papel de chofer personal.
Y, como ella seguía sin tener dónde alojarse, había terminado instalada en el sofá de su casa revisando hospedajes desde el teléfono mientras él preparaba café.
—Puedes quedarte aquí. Hay una habitación libre —propuso mientras dejaba una taza frente a ella.
Sophie negó despacio.
—Sería incómodo.
Marcus levantó ambas manos en señal de rendición.
—Está bien, no voy a insistir.
Aquello la sorprendió, pero no dijo nada. Simplemente tomó la taza y bebió un sorbo.
Justo entonces sonó el timbre.
Marcus dejó su café sobre la mesa de centro.
—Ya vuelvo.
Sophie apenas levantó la vista del teléfono.
Hasta que escuchó la voz de Bianca.
Su estómago se contrajo al instante.
Durante una décima de segundo contempló seriamente la posibilidad de desaparecer.
Lamentablemente, escapar saltando en una pierna era una estrategia poco efectiva.
Se quedó exactamente donde estaba y unos segundos después Bianca apareció en la sala.
Se detuvo en seco al verla.
La sorpresa fue tan evidente que casi resultó divertida.
—Hola, Sophie.
—Hola.
El saludo fue frío, pero educado. Y absolutamente falso por parte de ambas.
Marcus miró a Bianca.
—¿Qué haces aquí?
Ella sonrió con naturalidad.
—¿Lo olvidaste? Hoy es el cumpleaños de mi madre, te lo dije anoche.
Marcus frunció ligeramente el ceño.
—Es verdad.
—Vives en las nubes —le acarició el brazo con una sonrisa.
—Es que no me dijiste que estaba invitado.
—Tú siempre estás invitado, sabes que mi familia te adora.
Sophie volvió a bajar la vista al teléfono.
O, al menos, fingió hacerlo porque en realidad estaba pendiente de cada palabra.
Estaba convencida de que Marcus aceptaría irse con ella.
Sin embargo, sin el menor titubeo, respondió:
—No puedo ir.
Bianca parpadeó.
—¿Cómo que no puedes?
—Estoy ocupado.
—¿Con qué?
Marcus señaló discretamente el sofá.
—Estoy cuidando de Sophie. Tuvo un accidente.
Bianca soltó una risa incrédula.
—Marcus —lo miró como si estuviera hablando con un niño—, Sophie es adulta. Puede cuidarse sola.
Sophie estuvo tentada de intervenir. Podía decir que sí, que no hacía falta que cancelara ningún plan, pero permaneció en silencio porque, por primera vez en diez años, Marcus parecía dispuesto a mantener una postura firme.
Y quería ver cuánto duraba.
Él respondió con absoluta tranquilidad.
—Con un solo pie, dudo bastante que pueda hacer muchas cosas.
Bianca dirigió una rápida mirada hacia el vendaje.
Después volvió a observar a Sophie.
—Hasta dónde llega la gente para manipular.
Sophie abrió la boca.
No llegó a pronunciar una sola palabra porque Marcus fue más rápido.
Se cruzó de brazos y su expresión cambió por completo.
—¿Estás insinuando que Sophie se lastimó a propósito?
Bianca sostuvo su mirada.
—Sí.
Marcus soltó una risa breve, sin humor alguno. Luego negó lentamente con la cabeza.
—Puedes irte.
Bianca pareció no haber oído bien.
—¿Disculpa?
—Estás atacando a Sophie sin ningún motivo. Además, voy a quedarme con ella para ayudarla en lo que necesite.