No se vuelve con un ex, ¿verdad?

~11~

Una hora más tarde, desde el sofá de la casa de Marcus, Sophie por fin consiguió un hospedaje.

Era bastante más caro que el Bed & Breakfast del terror, como ya había decidido bautizar al lugar, pero podía permitírselo. Además, si el wifi funcionaba como prometían las reseñas y el agua salía caliente, ya sería una inversión completamente justificada.

Hizo la reserva por teléfono y confirmó el horario de entrada.

Cuando colgó, soltó un suspiro de satisfacción.

—Listo —anunció con una pequeña sonrisa—. Ya tengo dónde quedarme.

—¿Todo bien? —preguntó Marcus.

—Sí. Cruzo los dedos para que esta vez el lugar no me odie.

Marcus negó divertido mientras se acercaba.

—¿Ya tienes que irte?

—No, mi habitación no estará disponible hasta mediodía, aunque si me llevas puedo esperar allá.

Marcus no llegó a responder porque el timbre sonó.

—¿Me disculpas un momento?

Ella asintió.

—Claro.

Empezó a implorar que no fuera Bianca. No tenía ganas de una segunda ronda ni mucho menos de disculpas que sonaran más a obligación que a arrepentimiento.

Escuchó abrirse la puerta y después dos voces distintas.

Frunció ligeramente el ceño.

No era Bianca.

Cuando las dos mujeres aparecieron en la sala, Sophie sonrió de inmediato.

—¿Sophie? —preguntó Amy, incrédula.

Su expresión pasó de la sorpresa a la alegría en cuestión de segundos.

Sophie abrió los brazos.

—La misma. No puedo ponerme de pie, pero si te acercas...

Amy no necesitó que se lo repitiera. Se inclinó para abrazarla con el mismo cariño con el que lo había hecho durante tantos años.

Después se apartó apenas lo suficiente para descubrir el vendaje.

—¿Qué te pasó?

Sophie hizo una mueca.

—Se me ocurrió caminar descalza por la playa y me corté.

Amy negó con la cabeza.

—Ay, cariño...

Sophie señaló a Marcus con el pulgar.

—Por suerte él estaba cerca y fue a rescatarme.

Amy dirigió una mirada orgullosa hacia su hijo.

—Eso me parece muy bien —luego volvió a mirar a Sophie—. No tenía idea de que estabas en Brighton.

Sophie iba a responder cuando una voz más joven carraspeó de manera exageradamente teatral.

Era Grace.

Sophie volvió la cabeza hacia ella.

La última vez que la había visto no estaba tan alta ni llevaba máscara de pestañas.

Aquello la hizo sentirse ligeramente vieja.

—¿Ya regresaste con mi hermano?

Marcus soltó un resoplido.

—¿Podrías pensar antes de hablar?

Grace sonrió con absoluta inocencia.

—Pensé.

—Pues vuelve a intentarlo porque no te funcionó.

Sophie abrió los brazos sin poder contener la risa.

—Ven aquí.

Grace se acercó enseguida para abrazarla.

—Has crecido demasiado.

Grace retrocedió un paso y posó como si estuviera en una sesión de fotos.

—Lo sé.

Sophie volvió a reír.

—Y ya te maquillas. ¿Tu padre también se puso dramático como el mío?

Grace negó divertida.

—Mucho menos de lo que mamá y yo esperábamos.

Amy volvió la atención hacia Marcus.

—Cariño, prepara té —después miró a Sophie—. Tenemos que ponernos al día.

Marcus dirigió una mirada interrogante hacia Sophie.

Ella contempló el reloj aunque la verdad no tenía ninguna prisa real.

—Me encantaría tomar un poco de té.

Marcus asintió y desapareció rumbo a la cocina.

Amy ocupó el sofá de enfrente.

Grace, en cambio, se acomodó junto a Sophie.

—¿Qué haces en Brighton? —preguntó Amy.

—Elliot me llamó para ayudar con la boda.

Amy se llevó una mano al pecho y negó con auténtica indignación.

—Lo que les pasó es terrible.

Sophie asintió.

—Sí, pero no tengo dudas de que van a tener una boda de ensueños. Mañana deberían estar listas las invitaciones para ser enviadas.

—Me alegra escuchar eso, los invitados necesitan tener la fecha cuánto antes para reservar el día.

—Exactamente.




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