No se vuelve con un ex, ¿verdad?

~12~

Cuando su madre y su hermana se marcharon, Marcus acompañó a Sophie hasta su nuevo hospedaje.

Mientras no pudiera apoyar bien el pie, alguien tendría que llevarla y recogerla cada vez que necesitara salir.

No estaba del todo seguro de cómo una mujer tan independiente como ella iba a soportar depender de alguien para cosas tan simples como trasladarse de un sitio a otro, pero esperaba sinceramente que no se le ocurriera andar dando saltos por orgullo y terminara haciéndose todavía más daño.

Después de registrarse en recepción, tomaron el ascensor. La habitación estaba en el primer piso, pero Sophie claramente no estaba en condiciones de subir una escalera, por corto que fuera el trayecto.

Cuando las puertas se abrieron, recorrieron el pasillo hasta encontrar el número indicado.

Sophie abrió y entró dando pequeños saltos sobre el pie sano.

Marcus la siguió de cerca cargando sus pertenencias.

No eran demasiadas, pero sí para alguien que, temporalmente, tenía un pie menos.

Mientras ella se acomodaba sobre la cama con un suspiro de alivio, él dejó la pequeña maleta junto al armario y el bolso sobre una silla, procurando que todo quedara al alcance de su mano.

Echó un vistazo alrededor.

La habitación era sencilla, pero acogedora.

Muy luminosa.

Y, al menos a primera vista, bastante más prometedora que el famoso Bed & Breakfast embrujado.

—Está bonito el lugar —comentó mientras cerraba la puerta.

Sophie hizo una mueca.

—El otro también parecía bonito, así que prefiero no confiarme por las apariencias.

Marcus soltó una risa.

Tenía razón, así que decidió hacer una inspección rápida.

Entró en el baño, encendió la luz y comprobó que no había parpadeo. Luego abrió la ducha, esperó unos segundos y metió la mano.

Sonrió cuando sintió el agua caliente.

—¡Todo funciona perfecto! —anunció desde el baño con un entusiasmo ridículo.

Cuando volvió a salir encontró a Sophie levantando el teléfono con expresión triunfal.

—El wifi también funciona.

Marcus no pudo evitar reír.

—Es absurdo que alguien tenga que alegrarse porque una lámpara no parpadea, salga agua caliente y el wifi funcione.

Sophie dejó escapar un largo suspiro.

—Mi vida se volvió absurda desde el viernes, Marcus —aseguró y comenzó a contar con los dedos—. Me acechó un fantasma, me corté el pie y ahora estoy en una habitación con un hombre que pasó de ser mi exnovio a mi niñero.

Marcus negó inmediatamente.

—No, yo no soy tu niñero.

Ella arqueó una ceja.

—¿Ah, no?

—No —cruzó los brazos con fingida solemnidad—. Si lo fuera, ya me habría puesto mucho más severo contigo.

—Quisiera ver que lo intentes —se burló.

Marcus adoptó una voz exageradamente autoritaria.

—Sophie Blake, deja de ser tan terca. Vas a quedarte en mi casa, donde estarás cómoda y no tendrás un solo gasto.

Ella sonrió con condescendencia.

—Claro —hizo una pausa—. Como si no supiera deshacerme de un niñero pesado.

Marcus soltó una carcajada.

Aquello le recordó inmediatamente una conversación que había tenido años atrás con los padres de Sophie.

Al parecer, cuando era pequeña había conseguido espantar a una cantidad considerable de niñeras a base de travesuras.

Sacudió la cabeza para volver al presente.

—¿Tienes papel y bolígrafo?

Sophie señaló el bolso.

—Ahí dentro —lo observó con curiosidad—. ¿Para qué lo necesitas?

Marcus no respondió.

Abrió el bolso, encontró la agenda, tomó el bolígrafo y comenzó a pasar las hojas hasta llegar al apartado destinado a números de contacto.

—Aquí está —murmuró.

Escribió con calma, cerró la agenda y la dejó sobre la mesa de noche.

—Listo.

Sophie frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué acabas de hacer?

—Ahora tienes mi número. Llámame si pasa algo.

Ella hizo un pequeño gesto con la mano.

—No creo que...

—Sigo estando cerca —la interrumpió y su expresión se volvió un poco más seria—. Así que procura no hacer nada que pueda terminar en otro accidente.

Sophie abrió la boca para responder, pero él continuó:

—Si no contesto enseguida, probablemente esté en una reunión de trabajo, pero te devolveré la llamada apenas pueda —hizo una breve pausa—. Y si es realmente urgente, puedes llamar a mi madre, a Elliot, a Holly o a quien necesites, pero no intentes andar dando saltos por ahí.




Reportar suscripción




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.