No se vuelve con un ex, ¿verdad?

~15~

Sophie sonrió satisfecha cuando la mesera dejó el plato frente a ella.

El aroma del tocino llegó primero, cálido y tentador, arrancándole un suspiro involuntario. Bajó la vista hacia la tostada y sintió una pequeña oleada de nostalgia. Seguía viéndose tan apetitosa como la recordaba. Habían pasado casi diez años desde aquellas tardes en las que ella y Marcus terminaban allí casi por costumbre, y, sin embargo, el plato lucía exactamente igual.

Había algo reconfortante en eso.

El pan estaba perfectamente dorado, el tocino crujiente y el huevo tenía el punto exacto de cocción. Cuando hundió suavemente el cuchillo, la yema se rompió y el líquido dorado comenzó a deslizarse lentamente sobre la tostada.

Era una verdadera obra de arte.

—Estás contenta —comentó Marcus cuando la mesera se alejó y volvieron a quedarse solos.

Sophie levantó la vista y le dedicó una sonrisa sincera.

—Sí. Este lugar siempre me encantó.

Marcus asintió mientras acomodaba la taza frente a él.

—Lo recuerdo. Vengo con Grace a veces, también le gusta.

—Es que nada puede competir con esto —señaló la mesa con un pequeño gesto.

Marcus sonrió mientras añadía azúcar a su café y revolvía con tranquilidad.

—Me alegra estar haciendo esto.

Sophie arqueó una ceja.

—¿Pasar la tarde con tu exnovia?

Él negó con naturalidad.

—Eres más que eso.

Ella soltó un suspiro exageradamente dramático.

—Cierto. Ahora eres mi niñero.

Marcus rio con ganas.

Sophie tomó el primer bocado de su tostada y cerró los ojos apenas un instante.

Seguía siendo tan deliciosa como la recordaba.

Después de masticar, volvió a mirarlo.

—Debo reconocer que me has dado una buena mano. Así que supongo que te debo un favor.

Marcus negó inmediatamente.

—No, no me debes nada.

Sophie lo observó con curiosidad.

—¿No vas a sacar ventaja?

—No —sonrió con tranquilidad—. No soy un chantajista.

Ella asintió, satisfecha con la respuesta.

—Qué bueno —tomó otro bocado antes de continuar—. De todas formas, no me gusta que socialices tanto con mi mamá.

Marcus soltó una risa espontánea.

—¿Puedes dejarme pasar eso? Extraño a tus papás y a tus hermanos. Ellos fueron mi segundo hogar durante años.

Sophie suspiró.

—Ya sé, pero es raro que quieras ir a comer pizzas.

Marcus levantó ligeramente los hombros.

—No es tan extraño.

—Bueno... tal vez no, pero...

Se quedó sin argumentos. Ni siquiera ella sabía exactamente qué era lo que le incomodaba.

Marcus sonrió al verla buscar una explicación.

—Deja las excusas, Sophie —dijo con ligereza—. Hablemos de otra cosa.

Ella dejó el tenedor sobre el plato.

—¿De qué?

—Por ejemplo… —bebió un sorbo de café—, me gustaría saber qué pasó con Francis.

Sophie parpadeó.

—¿Mi ex?

—Sí —hizo un pequeño gesto con la taza—. Tu mamá lo llamó raro.

Ella soltó una risa breve.

—No sé por qué dijo eso, pensé que les caía bien —se encogió de hombros.

Marcus permaneció unos segundos en silencio antes de preguntar:

—¿Y por qué terminaron?

Sophie lo miró con incredulidad.

—¿Estás preguntándome eso en serio?

Él asintió.

—Sí. Es que los vi felices aquella Navidad en la que coincidimos.

La sonrisa desapareció un poco del rostro de Sophie.

Cómo olvidar aquella Navidad.

Había sido incómoda por demasiadas razones.

En primer lugar, había aceptado asistir porque le habían asegurado que Marcus no estaría.

Al final sí apareció.

Y, para completar el desastre, Francis y ella atravesaban uno de los peores momentos de la relación.

Tal vez desde afuera parecían una pareja feliz porque sabían fingir bastante bien. Pero, puertas adentro, llevaban semanas discutiendo prácticamente por cualquier cosa.

—Terminamos en Año Nuevo —respondió finalmente—. No estábamos tan felices.

Marcus frunció apenas el ceño.

—¿Y eso por qué?

Sophie dejó escapar una pequeña risa resignada.

—No puedo creer que esté hablando de mi exnovio con mi otro exnovio —negó lentamente con la cabeza—. Pero, si quieres saber… —jugó distraídamente con el tenedor—, un día discutimos por una tontería y luego ya no pudimos parar. Todo el tiempo encontrábamos un motivo nuevo para pelear. Hasta que un día simplemente lo dejamos... en medio de gritos.




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