Marcus llegó a casa con la agradable sensación de que, por fin, algo había empezado a sanar.
No era ingenuo. Sabía perfectamente que una sola conversación no borraba años de silencios, heridas y malos entendidos. Seguramente todavía quedarían muchas charlas pendientes con Sophie, algunas más incómodas que otras. Sin embargo, aquella tarde habían dado un paso importante y, por primera vez en mucho tiempo, tenía la impresión de que ambos caminaban en la misma dirección.
Solo ese pensamiento bastó para que se dirigiera al baño con una sonrisa. Abrió el grifo y comenzó a quitarse la ropa de trabajo mientras esperaba que alcanzara la temperatura adecuada. Cuando el agua caliente cayó sobre sus hombros, sintió cómo la tensión acumulada durante el día se iba disipando poco a poco.
Cerró los ojos unos segundos.
Hacía mucho tiempo que no sentía esa felicidad desbordante.
Un rato después salió del baño, se secó el cabello con una toalla y se puso ropa cómoda. Una camiseta vieja y un pantalón deportivo eran más que suficientes para declarar oficialmente terminado el día.
Regresó a la sala estirándose un poco.
Su mejor opción era dejarse caer en el sofá y no hacer absolutamente nada hasta la hora de la cena.
Quizá podría aprovechar para ver alguna de las series que llevaba semanas diciendo que empezaría "cuando tuviera tiempo".
O, si la pereza ganaba la batalla, simplemente quedarse mirando el techo sin hacer el menor esfuerzo.
Las dos opciones le parecían igual de atractivas.
Justo cuando iba a sentarse, el timbre sonó.
Marcus giró lentamente la cabeza hacia la puerta y suspiró.
Al parecer sus planes acababan de ser pospuestos.
Se acercó a la entrada, abrió la puerta y se encontró frente a Bianca.
Ella ni siquiera esperó a que la invitara a pasar. Entró directamente en la casa con la confianza de quien lleva años haciéndolo.
—Me tenías muy preocupada.
Marcus levantó apenas las cejas mientras cerraba la puerta. Luego se volvió hacia ella.
—¿Por qué?
Bianca lo miró como si la respuesta fuera evidente.
—No respondes mis mensajes.
Marcus apoyó una mano en la pared.
—Por si no te diste cuenta, estoy enojado.
Ella frunció el ceño.
—¿Por qué?
Marcus la observó con una mezcla de incredulidad y desconcierto.
Por un instante llegó a preguntarse si realmente no entendía el motivo o simplemente esperaba que él dejara pasar lo ocurrido.
—Trataste mal a Sophie.
Bianca soltó una risa despreocupada y le dio la espalda mientras caminaba hacia la sala.
—Ay, por favor, Marcus —hizo un gesto con la mano, como si estuviera apartando un tema insignificante—. Somos amigos desde hace años. No vamos a pelear por ella.
Marcus la siguió con calma.
—No quiero pelear, pero lo mínimo que espero son unas disculpas.
Bianca respondió casi de inmediato.
—Está bien. Perdón.
La ligereza con la que lo dijo hizo que la disculpa sonara completamente vacía.
Marcus negó suavemente con la cabeza.
—No conmigo, con Sophie.
Bianca frunció el ceño.
Marcus continuó antes de que pudiera responder.
—¿De verdad no te pusiste a pensar que lo de ayer fue absurdo? —hizo una breve pausa—. La acusaste de fingir un corte en el pie.
—No voy a disculparme con Sophie —se cruzó de brazos—. Marcus, escucha lo que estás diciendo.
—Lo estoy escuchando —respondió con absoluta tranquilidad—. Y me parece completamente sensato.
Bianca soltó una risa sin el menor rastro de diversión.
—¿Y cómo se supone que me disculpe? —lo miró con incredulidad—. ¿Quieres que vaya a verla?
Marcus negó.
—No —se encogió ligeramente de hombros—. Pero, si por alguna razón vuelven a coincidir, sería bueno que le ofrecieras una disculpa porque te equivocaste.
Durante unos segundos solo hubo silencio.
Bianca terminó soltando otra risa breve.
—No puedo creer que me estés diciendo esto.
Marcus respiró hondo antes de responder.
—Los buenos amigos también sirven para decirnos cuando nos equivocamos.
Bianca negó lentamente con la cabeza.
—Entonces, Marcus… —su expresión se endureció—, déjame decirte que tú eres el que se está equivocando con Sophie. Te va a volver a romper el corazón.
Marcus soltó una pequeña risa.
—No tienes idea.
Bianca se quedó inmóvil.