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Aylin
El aire de la terraza era frío, pero mi piel ardía. Había algo en la forma en que Demir Karahan ocupaba el espacio que me hacía sentir pequeña, y no era una sensación que me resultara familiar. En Bebek, en mis hoteles, en mis fundaciones, yo era el centro. Aquí, bajo su mirada oscura, me sentía como alguien que él ya había descifrado antes de que yo abriera la boca.
—¿Peligro, Demir Bey? —pregunté, tratando de que mi voz no temblara—. Mi vida tiene suficiente emoción con el trabajo que hago. No busco riesgos innecesarios.
Él soltó una risa breve, un sonido que vibró en el aire nocturno.
—El trabajo de caridad es noble, Aylin. Pero es seguro. Te mantiene en un lugar donde todos te aplauden. Yo hablo de la vida real, esa que sucede cuando los flashes se apagan y solo quedas tú, frente a alguien que se atreve a decirte la verdad.
—¿Y tú eres ese alguien? —le reté, dándole una mirada que esperaba fuera firme.
—Podría serlo —dijo él, acercándose un paso más. Su cercanía era invasiva, pero mi cuerpo no retrocedió—. Si me dejas entrar en ese mundo perfecto tuyo.
Antes de que pudiera responder, la puerta de la terraza se abrió con un golpe seco. No necesité girarme para saber quién era. La energía en el ambiente cambió instantáneamente.
—Aylin. Papá dice que es hora de irnos.
La voz de Can era como un látigo. Estaba de pie, con las manos en los bolsillos de su traje, pero sus hombros estaban tensos. Su mirada estaba fija en Demir, ignorándome por completo.
—Solo estábamos conversando, Can —dije, tratando de suavizar el ambiente.
—Ya conversaron suficiente —respondió mi hermano, acercándose y tomándome suavemente, pero con firmeza, del brazo—. Demir tiene muchas otras personas con las que hablar en el salón, estoy seguro. Hay varias modelos que parecen muy interesadas en su... visión de los negocios.
Demir no se inmutó ante el sarcasmo de Can. Se limitó a asentir con una cortesía impecable que me hizo sentir que mi hermano estaba siendo el inmaduro.
—Un placer, Aylin. Espero que esta sea la primera de muchas noches —dijo Demir. Luego, miró a Can con una frialdad absoluta—. Buenas noches, Can Bey. Intenta no asfixiar a tu hermana; a veces, cuanto más controlas a alguien, más rápido se aleja.
Can no respondió. Me sacó de la terraza casi a rastras. Crucé el salón principal sintiendo los ojos de los Karahan sobre nosotros. Emre, el hermano mayor, nos observaba con una sonrisa gélida desde un rincón. Parecía un rey observando cómo sus piezas se movían en el tablero.
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El trayecto de regreso a Bebek en el Mercedes blindado de la familia fue un sepulcro de silencio. Hakan Erçel iba en el asiento delantero, revisando documentos, ajeno a la tormenta que se gestaba en el asiento trasero. Seda, la madre, se retocaba el labial, comentando lo elegante que era la familia Karahan.
Pero atrás, entre los dos hermanos, el aire quemaba. Aylin miraba por la ventana las luces de Estambul. Can tenía la vista clavada al frente, con los puños apretados. En cuanto entraron en la mansión de Bebek y el servicio se retiró, Can no pudo aguantar más.
—¿En qué estás pensando, papá? —estalló Can en el gran vestíbulo de mármol—. ¿Viste cómo la miraba? ¿Sabes quién es ese tipo realmente?
Hakan se detuvo al pie de la escalera y suspiró, girándose con la paciencia de quien habla con un niño.
—Es el hijo de Adnan Karahan, Can. Es un hombre de una familia que controla las minas de oro de este país. No veo el problema.
—El problema es que es un cínico —rugió Can—. Lo conozco de las noches de Estambul, papá. Es un tipo que no respeta a nadie. No es un hombre para Aylin. Ella es una buena persona, noble. Él es alguien que solo trae problemas.
—¡Suficiente! —intervino Seda—. Estás exagerando, Can. Demir Karahan es el rostro de la empresa. Tienen que llevarse bien por el bien de los negocios.
Aylin, que se había mantenido al margen, sintió una punzada de dolor.
—Can, solo hablamos de la vista y de la fundación —dijo ella en voz baja—. Además, no es como si me fuera a casar con él mañana.
Can se giró hacia ella, y por primera vez, Aylin vio miedo real en los ojos de su hermano.
—Eso es lo que no entiendes, Aylin. En este nivel, una charla así con los padres de acuerdo es casi un compromiso. Papá quiere las minas y los Karahan quieren nuestro prestigio. Y tú eres el medio para conseguirlo.
—¡No hables así! —gritó Hakan—. Aylin no es ningún medio. Pero es una mujer adulta y sabe que su apellido conlleva responsabilidades. Demir Karahan es un excelente partido. Si él muestra interés, ella debería estar contenta.
Can soltó una carcajada amarga y subió las escaleras de dos en dos. El portazo que dio hizo vibrar los cuadros de la pared.
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Aylin
Esa noche no pude dormir. Me quedé en mi balcón, mirando hacia las luces de Bebek. Pero en mi cabeza, las palabras de Can daban vueltas.
"Es un tipo que no respeta a nadie". Eso fue lo que Can dijo.
Durante toda mi vida, Can nunca se había equivocado sobre las personas. Él veía la maldad antes que nadie. Pero por otro lado, mis padres, las personas que más me amaban, parecían confiar en él. Recordé la forma en que Demir me había tomado la mano. No se sentía como un hombre que solo quería "hacer negocios". Se sentía... diferente. Y yo, que siempre había vivido una vida tan tranquila, me sentía extrañamente atraída por esa intensidad.
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Mientras Aylin se perdía en sus pensamientos, en un apartamento de soltero de lujo, Demir Karahan no estaba solo. Estaba sentado en un sofá de cuero con una copa en la mano. La puerta del dormitorio se abrió y Emre salió, todavía con su traje puesto.
—Papá está feliz —dijo Emre—. Lo hiciste bien hoy, Demir.
Demir se encogió de hombros.
—Es una chica fácil de tratar, Emre. Cree en la bondad y en todas esas cosas. Fue muy sencillo.
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Editado: 03.05.2026