No sólo los ángeles vienen del cielo

Capítulo 5 (II)

Capitulo 5 (II)

(...) Somos peones en el partido del azar y el destino. Los seleccionados para ser rey y reina están dormidos todavía. Esperamos el jaque definitivo, donde cada movimiento ha sido perfectamente planificado y cada cuadrícula es un instante. Cada decisión parte de las acciones pasadas, mientras que cada acto llevó al final de la función (...)

"Sometimes, i just want die" expresaba el caballero frente a los enemigos. Expresando una melancolía tan irrefutable que dolía verlo sentir.

Empuñaba su espada y bajo el sacramento divino de una bendición de su dios, arremetía contra los herejes que difamaban la palabra de su Señor, o eso le habían dicho. Cargaba una cruz de Calatrava en su santo pecho e iba contra ellos.
La sangre llovía y llovía, y la tierra se alimentaba se aquella lúgubre escena, mas no era un sueño, era una cruel realidad, una vil trampa del destino. El caballero y su espada mataban a cada enemigo y su arma se iba fortaleciendo mientras el caballero iba aprendiendo.

Juntos llegaron a ser invencibles, o eso les parecía, pues su arma, le daba una irónica sensación de ser invulnerable. Habían pasado meses de intensa tortura para poder aprender a moverse con la espada. Ese intenso entrenamientos había fortalecido su cuerpo, pero mermado su humanidad. Eran horrores los que tenía que vivir en aquel coliseo, para ser un gladiador, un títere de la iglesia y matar en su nombre.

Surcando por charcos de viseras y sangre, era de los únicos que quedaba vivo. Casi toda su escuadra había perecido, y siendo él, el elegido y libre de pecados, tenía la santa misión de limpiar las tierras. En nombre de su Dios y una cosa llamada Cruzadas, osaron los reyes de mandar en el destino del elegido y así, junto a su oxidada armadura y una espada, mataban a cada enemigo.

Surcaba por aquí y arremetía por allá, linchaba y perforaba, como decía la frase: En la guerra tanto en el amor todo se vale. No importaba el color ni la edad, cada enemigo que surcara frente a su arma, perecía al instante, y mientras tanto su espada se alimentaba
Sentía perecer su alma, mientras tanto rogaba a su dios por un perdón después de tanta lucha.

Perecería ese día, el viento en el pueblo rugía todos los días advirtiendo tal desgracia. Pero sólo él podia pensar en Altagracia.

Estocada tras estocada, quería recordar aquellos lindos y pintorescos días, aquellos días que vivía junto a su amada, ese tranquilo tiempo donde era feliz trabajando en la tierra. La felicidad no venia de ostentosos palacios, ni de collares de gigantes perlas, todo lo contrario; la felicidad venía de momentos donde todos estaban juntos, pues no era para menos pues esperaba una criatura en el vientre de su amada.
Recordaba aquellas tardes frescas de febrero donde hacían planes para el futuro mirando al cielo. El susurro del viento en las hojas, la frescura de la tarde y el alba iniciando su compás diario, fueron factores y variables que procuraron y forjaron una llama, una emoción llamada familia

...Con gruesos lagrimones cayendo cual turbia y melancólica cascada, desfallecía muestro "invencible héroe". Sólo deseó una nueva oportunidad, un nuevo comienzo donde poder ser feliz. En sus últimos momentos deseó un nuevo cuento, uno donde los finales fueran eso y sólo eso... Finales

Dicen que la mente humana es tan compleja que cuando nos perdemos en esta, es como ir en un laberinto... Un laberinto en el cual no existe dirección ni tiempo. Por eso hay tanto miedo a la mente, pues su efecto es como viajar por un bosque, por el cual la cordura se ausenta.
Por eso surge la locura, cuando hay tanto dolor que el cuerpo no puede soportar, nuestra mente viaja a un lugar, uno en el cual te pierdes, mientras tanto sufres físicamente

Con la mirada perdida y una voz armoniosa susurrándole al oído, nuestro héroe veía atisbos de reminiscencias, su pecho bravo había sido perforado por una espada a traición, apenas tenía una respiración abrazable, su palpitar se confundía con los lamentos de la guerra y miles de coros celestiales exigían su nombre.
No quería irse, no podía. Apenas consiente y ardiendole su cuerpo como los mismos infiernos, logra levantarse y gritar al cielo; su sueño, su familia, su hija apenas formada y su futuro habían sido robados por una guerra que no era suya. Era una decepción sin precendentes los giros a los que lo habían llevado el Destino, un ente tan cruel como miserable que parecía un Dios.

No era justo, así que sacando energía de donde no existía se levanta y maldice a la tierra que pisaba. -Te maldigo tierra impía, esta será la tierra de los fracasos y los duelos, donde lloverá tanta sangre que ni el santo grial podrá limpiarlo. Te maldigo desde el fondo de mis entrañas y... Vaticino un día, en el que los muertos se levanten a expiar los pecados de la guerra.

Y así, se iba convirtiendo en una sombra, los ojos verdes perdían clorofila, de los labios moria su dulzura y se desvanece la vida de nuestro héroe, no sin antes escupir a la tierra y a la espada maldita

Mientras tanto... Aquella tierra seguía plagada de pecadores, herejes malditos cuya sangre corrompía la sagrada tierra de Canaan. Nadie se detenía a ver la belleza del cielo, ni el misterio del vuelo de las aves, solo detenían su mirar en los estragos de la guerra y en la sangre que lamia la tierra
Al mismo tiempo, una bandada de cuervos, volaba cual urracas carroñeras, vigilando con ojo atroz la dulce carne del guerrero que maldecía la tierra

Todos los guerreros miraban atónitos como minutos antes su capitán maldecía producto de la sinfonía bélica e instantes después moría. Estos sintiéndose perdidos deciden rendirse
Llovieron cabezas, cual espartanos los subversivos a su dios rebanaban cráneos tal mantequilla. Robaron todas las armas y las rompieron... Excepto un soldado... Este guardó la empuñadora de nuestro magnífico protagonista. No supo si fueron por las letras irreconocibles que se marcaban en la hoja o por el aura sombría que amaba de su metal, o tal vez por el oro y los zafiros incrustados en su metal. El punto fue que aquel soldado, en un pequeño acto de egoísmo, había condenado al mundo, no solo a un infierno, sino a el inicio de esta historia...
 



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En el texto hay: sufriento, adolcentes, emociones lastimadas

Editado: 23.07.2022

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