No Somos Nada

1. SCOTT

Regresar al lugar donde juraste nunca hacerlo como se siente como estar prendido en llamas pero nadie puede ver el fuego, solo tú lo sientes.

Nunca pensé que estaría de vuelta en la ciudad donde claramente nadie me quiere tener pero lo hago solo porque, las únicas dos personas que me hacen no perder la esperanza en la vida, me condicionaron a terminar la escuela.

Cuando veo el edificio al otro lado de la calle siento un escalofrío aunque podría ser el clima. Está nublado, el viento sopla justo como ese día cuando metí todo lo que pude en una maleta y me largué de la casa de mis padres.

Pero esta vez, no llevo una maleta, llevo una mochila con el cierre roto y una mancha de algo amarillo cerca del tirante.

Voy dando pasos lentos, con la cabeza baja. No estoy seguro de qué se dijo sobre mí cuando me fui, cuando las noticias de lo que pasó se esparcieron y no sé si aun hay alguien aquí que me recuerde además de mi hermana aunque actue como si no existo.

¿Qué pudo pasar en este año que me fui?

Les pude preguntar a mis abuelos pero a ellos no les interesan los chismes escolares, están más pendientes de las elecciones presidenciales y de las guerras que existen en otros países.

Al menos mientras voy por los pasillos nadie se detiene a preguntarme algo de mi vida personal o me señala. Todos están ocupados con su vida, todos han olvidado al chico que lo tenía todo y lo perdió así de rápido, como un relámpago en el cielo.

Voy al salón de clases, están casi todos los asientos ocupados. No estoy seguro si mi hermana estará aquí en esta clase conmigo pero espero que no.

Doy un vistazo rápido a las pertenencias sobre las sillas y no puedo reconocer algo que me indique que mi hermana ya llegó aquí.

Me rindo y voy hasta el otro lado, tan al fondo como puedo.

Puedo sentir algunas miradas pero espero que tan solo sea porque soy “una cara nueva” aunque no soy tan nueva.

Me siento con las piernas demasiado juntas y con la nuca irritada por la etiqueta de este sueter que me regaló el abuelo la navidad pasada. No se la he quitado, siento que si la intento cortar, puedo romperlo.

Toco mis dedos, están frios y me pregunto si despues me arrepentiré de no haber traido guantes.

De pronto, algo sucede. Unas chicas al frente empiezan a hacer ruidos como quejas y risas, mezcladas de una manera molesta. Una de ellas eleva la voz: —¿Cómo que sigues aquí?

La otra: —¿Tu no te fuiste a un retiro espiritual con tu novio?

No sé qué están diciendo y no sé porque sus ojos se mueven cundo una chica camina hasta el fondo del salón, cerca de donde estoy. Intento no verla demasiado pero todo esto me está confundiendo.

La primera chica dice: —¿Por qué no te vas de la ciudad?

—¿O del país? —complementa la otra.

Y luego, mi atención deja de estar en lo que sea que esté sucediendo ahora porque alguien cruza la puerta.

Mi hermana.

Dariane.

Ella entra con media sonrisa y cuando cruza la mirada conmigo, arruga la nariz y voltea el rostro. Por supuesto, ella sigue odiándome como mis padres se encargaron de convencerla.

—¡Dari! —una de las chicas al frente la saluda, abrazándola con fuerza.

Mi hermana sonríe y se ríe, ignorando por completo que estoy aquí, que yo existo.

Yo conviví con mi hermana desde que nació así que por dieciséis años la vi en casa y aunque ella siempre encontraba motivos para pelear conmigo, nunca pensé que era una mala persona. Creo que aun, a pesar de todo, no creo que sea una mala persona.

Pero dudo cuando voltea y mira hacia esta dirección, aunque no me está viendo a mí, está viendo a la chica.

—¿Por qué sigue aquí? —le habla a las otras chicas pero lo suficientemente alto para que se escuche por todo el salón.

Una de ellas, de cabello corto con un broche, le contesta: —Porque su familia no tiene vergüenza.

Frunzo el ceño.

¿Quién es esta chica que todas parecen odiar incluyendo mi hermana?

Intento recordar si alguna vez mi hermana mencionó a alguien que le desagradaba, pero mientras más lo pienso, no creo haberle prestado suficiente atención.

—Pero no le digan nada, tal vez sale corriendo de aquí —dice la chica al lado de mi hermana.

Luego llegan más personas y ellas dejan de prestarle atención.

Me inclino para tomar algo de mi mochila y de reojo la veo.

Ella tiene la mirada en su regazo, casi ni se mueve. No estoy seguro de quien es, en realidad, ni siqueira conozco a nadie de aquí.

La única cara conocida es la de mi hermana pero eso no es un consuelo. Mi hermana prefereria que no nos conociéramos.

Un momento después llega el primer profesor. El señor Richards, con lentes, bigote y cabello gris. Él suelta un saludo entre los dientes y todos se sientan rápido. Frente a mí hay un chico muy delgado, con los brazos enrojecidos como si se hubiera rascado muy fuerte.

El profesor Richards me dio Literatura cuando estuve por última vez en la escuela, ahora parece que tambien me dará literatura. Sin duda no extrañé muchas cosas de la escuela y esta clase es una de ellas, especialmente con él quien parece todo el tiempo cansado de dar clases y solo está esperando su retiro.

Se sienta, abre la computadora y mira hacia el techo mientras espera a que cargue. Cierra los ojos unos segundos y luego baja la mirada, aterrizando sobre mi.

Junta las cejas. —Scott Corse —no es pregunta.

Trago saliva. Antes cuando recibia su curso no me sentía intimidado, solo aburrido, ahora me siento incomodo.

Sus ojos se van hacia Dariane, ella suspira y me da un vistazo rápido.

—Veo que tendremos a los hermanos Corse en esta clase —se empuja con la silla hacia atrás y se levanta, juntando las manos—. Señor Corse, ¿Va a tomar enserio mi clase o la va a dejar de nuevo?

Aprieto mis labios. He aprendido que lo mejor que puedo hacer es, no responder.

Dariane exhala ruidosamente.




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