Los demás salen rápido, con voces fuertes y risas chillonas.
Ya me duele la cabeza y eso que ni siquiera es mediodía. No puedo creer que mis padres no vean el problema con que nosotros sigamos aquí, en este lugar, en esta ciudad llena de gente que si fueran otras épocas, nos llevarían a una sentencia publica o nos lanzarían a un coliseo con leones.
Que bueno que no estamos en esa época.
Me levanto del asiento y guardo todo. Intento no voltear al notar que el chico a mi lado, quien es el hermano de Dariane, sigue sentado viendo a la ventana.
Ni siquiera sabía que Dariane tenía un hermano. Supongo que de tal palo tal astilla o quizás en este caso seria, de tal rama, tal hojas.
Me cuelgo la bolsa en un hombro aun con ese pensamiento cuando me detengo. Yo estoy haciendo lo que hacen conmigo. Yo estoy asumiendo cosas sobre este chico solo por su hermana.
Yo sé de eso.
Ademas, Dariane ni volteó antes de salir. Su propio hermano está aquí y lo está ignorando o eso parece. Quizás este chico y ella no se lleven bien, no lo sé. No debería interesarme pero…
Pero, ¿Qué?
¿En que estas pensando Seraphine?
La verdad ni lo he visto bien, no me gusta levantar mucho la mirada y menos observar a las personas a los ojos. Tampoco sé si en realidad ella lo ignora porque él es mil veces peor que ella. Quizás él es el malo mayor y ella es solo su réplica.
Pero de nuevo, pienso en el hecho que no debería dejar que mis prejuicios me tomen. Si hago eso no sería mejor que nadie que me ha hecho daño.
Así que, respiro profundo y volteo el rostro hacia él. Ahora lo veo mejor y noto que es un chico más. Cabello marrón, nariz ni tan larga ni tan corta, mandibula un tanto definida pero no tanto como la de Henry Osteen (uno de los populares0
En realidad, no se parece mucho a Dariane, tal vez solo comparten el color de cabello.
— ¿No vas a ir a la otra clase? —digo, sin ver sus ojos.
Él no contesta, ¿Está escuchando música con auriculares?
Levanto la mirada y me está viendo. Ahora sí, veo que es diferente a Dariane, sus ojos son más grandes.
—Um… hola… —es lo mejor que puedo decir.
Él mantiene esa expresión seria aunque sus cejas están elevadas de forma sutil. —¿Hola? —su voz es profunda.
Rayos, me duele el estómago. No sé porque pero espero que no sea porque estoy enferma de algo. Odio estar enferma.
—Um, yo soy Seraphine —digo.
Él suspira, se levanta y toma su mochila. —Y yo no te pregunté.
Oh… entonces sí es como su hermana.
—Lo siento —digo sin saber porque me estoy disculpando—. En realidad… no lo siento, solo estaba siendo amable.
Me acomodo la mochila y paso entre los escritorios hacia la puerta pero su voz me detiene: —Lo siento —dice él.
Me giro, manteniendo mi rostro tan serio como puedo.
Él camina hacia donde estoy, es muy alto. —Yo soy Scott.
Asiento.
Estoy esperando que diga algo, que hable sobre mi familia, sobre mi hermana o sobre su hermana pero no lo hce, solo me observa en silencio y aunque debería sentirse incomodo porque somos desconocidos, no es así.
Mi estomago vuelve a causarme dolor y me llevo las manos a mi viente. Duele.
Él lo nota. — ¿Estás bien?
Tomo una respiración por la boca. —Sí.
Scott retrocede un paso. —Está bien —se mueve y pasa a mi lado.
Esa es toda la interaccion que tengo con él y por alguna extraña razón, no me molesta lo que sea que haya sucedido aquí. Es refrescante que alguien que está frente a mí no mo molesta de inmediato.
Aunque puede ser que él lo haga después.
Mi estómago vuelve a provocarme dolor y entro en pánico al recordar qué dia es hoy. Estos no son dolores, son cólicos.
Oh, no, no, no.
Esto está malo.
Coloco mi bolsa sobre el escritorio que está más cerca de mí y busco entre mis cosas pero por supuesto, no tengo ningun producto femenino. Tengo que apurarme y correr a la enfermería para que me den algo antes que se haga un desastre en mi pantalón azul claro.
Salgo y camino rápido, tan rápido que empiezo a correr. Ya casi todos se han movido a la siguiente clase así que los pasillos están vacios, lo cual es mejor porque no tengo que lidiar con comentarios o miradas.
Llego a la enfermería y toco la puerta. Bajo la mirada a mi pantalón pero por lo poco que puedo ver, todavía no hay nada ahí. Vuelvo a tocar la puerta con el corazón más acelerado.
Rayos, tal vez la enfermera no está.
¿Ahora que hago?
Me muerdo el labio inferior mientras intento pensar en qué hacer. El día está comenzando y no puedo solo irme, tampoco tengo a nadie a quien pedirle ayuda. Mis únicas dos amigas ya no son mis amigas y todas las demás chicas aquí se burlan de mi.
Me recuesto en la pared y cierro los ojos. Odio sentir como el pecho se me está aplastando por algo imaginario. Respiro profundo y mantengo la respiración, luego la suelto lento. Repito esto tantas veces como es necesario para calmarme.
Aunque no estoy totalmente calmada.
El timbre suena y es hora de ir a clases. Mi interior sigue avisándome que estoy en ese momento del mes y es aquí cuando mis ojos se llenan de lágrimas. No es por “estar en mis días” es porque todos mis días en este lugar son así. siempre me siento en desventaja, en soledad y en exclusión y todo por algo que yo no hice.
Por alguien que marcó mi futuro por sus dediciones.
Las lágrimas se deslizan por mis mejillas hasta mi barbilla de donde caen al suelo. Sorbo por mi nariz, respiro profundo y me limpio con el dorso. Voy a tener que afrontar esto, voy a tener que acercarme a alguna profesora y pedirle ayuda o ir con la secretaria del director y preguntarle donde está la enfermera.
Respiro proundo de nuevo y aunque intento no pensar en nada, vuelvo a recordar lo sola que estoy y que siempre he estado desde que ocurrió todo con Gabriela.
Y las lagrimas vuelven.
Tengo que dejar de llorar antes que alguien me vea, antes que este sea otro motivo para que me molesten y se burlen de mí.
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Editado: 24.02.2026