Puedo ser mil cosas y todas malas pero no soy un idiota que mira el periodo femenino como un chiste o algo sucio, lo veo como es: normal.
Creci con mi madre quien siempre fue de esas personas que nisiquiera pueden pronunciar ciertas partes del cuerpo humano sin cambiarles el nombre o bajar la voz. Crecí con mi padre que siempre mencinaba ciertos temas con un tonto raro y mi hermana, que odiaba que se tocaran temas sobre la reproducción en cualquier entorno.
Pero yo… bueno, digamos que yo me salí de su perfecta caja de cristal y creo que un periodo menstrual no es algo que me asuste. Es ironico porque, hay otras cosas que sí me asustaron.
Pero ese es otro tema.
— ¿Cómo es que te llamas? —digo, no recuerdo.
Ella tiene las mejillas con lagrimas y sonrojadas. —Ah, eh, Seraphine.
Ese nombre es diferente, suena como el que tendría una princesa en una película animada para niños o un oso de felpa nombrado por una niña de seis años.
Pero tambien tiene algo melódico en él y sin duda es más original que el mío. —Seraphine, usa mi sudadero.
Lo mira y niega. —Es que, no quiero ensuciarlo.
¿Por qué te odia mi hermana?
—No importa —digo.
Realmente no importa, yo estoy manchado por dentro y eso no se puede lavar.
Se recuesta en la pared, aun no toma mi sudadero. —Gracias pero, creo que tengo que ir a…
Deja de hablar.
Sé que a muchas chicas no les gusta hablar de esto, lo sé porque a mi ex le daba vergüenza mencionar algunos temas hasta que ya se sintió más en confianza conmigo.
Miro hacia el pasillo. Voy a llegar tarde a mi siguiente clase pero no me importa. Sé que debería importarme más porque no quiero decepcionar a mis abuelos pero tambien creo que ayudar a esta chica es un poco más importante que ir a una clase aburrida.
—Tengo una idea —digo—. Usalo, encima y es largo, te cubrirá suficiente.
Su cabello es marron pero claro, tiene las puntas onduladas como lo que se hacia mi hermana con un aparato de calor pero su cabello parece como si naturalmente se hiciera de esa forma.
—Oye, no sé porque me ayudas —dice.
Lamo mis labios. —Yo tampoco.
Eso la hace sonreír y finalmente toma mi sudadero y se lo coloca como el dije. Las mangas le quedan un poco largas pero le cubre la mitad de los muslos y por ende, la parte que quiere esconder.
—Creo que deberías ir al baño o algo así, no estoy seguro que tienen que hacer ahora —confieso sintiéndome torpe.
Ella tuerce los labios. —Yo… —suspra—. Esperaré a la enfermera.
Asiento y supongo que debo irme, ya no hay más que hacer.
Pero ella se toma la babilla. —Um, oye… ¿te puedo pedir un favor? —asiento—. ¿Puedes no decirle a tu hermana?
Tenso la mandibula pero recuerdo que Seraphine es una desconocida y dudo que sepa de mi vida y la de mi hermana. —No vivo con ella —digo.
Levanta una ceja. —¿No?
Niego.
Juega con el cierre de mi sudadero. —Um, ¿otro favor?
Asiento y me imagino que luzco como un robot solo moviendo la cabeza.
—Um, iré al baño rápido, si viene la enfermera puedes por favor decirle que me espere, necesito pedirle algo.
—Claro —respondo.
Ella me sonríe rápidamente y va hacia los baños con pasos rapidos. La veo entrar y ahora sí, me recuesto en la pared.
Qué raro es esto. Creo que en los últimos seis meses solo he interactuado con personas cuarenta o cincuenta años mayores que yo y Seraphine es la primer persona de más o menos mi edad que me dice más que un par de palabras.
Froto mis brazos sintiendo la corriente de aire que se forma en este pasillo pero no importa, creo que ella necesita mi sudadero más que yo. He soportado más que un poco de frio.
Escucho unos pasos y volteo, es la enfermera Lorena Cardona. Sigue aquí, como todos.
Ella camina con una pequeña sonrisa en su rostro pero cuando está lo suicientemente cerca de mi, me reconoce y su sonrisa se va. Por supuesto que es así, todos son así.
—¿Corse? —usa mi apellido como si fuera una mala palabra.
Asiento. —Buenos días señora Cardona.
Eleva una ceja delgada. —¿Qué hace usted aquí?
Me encojo de hombros. No le debo explicaciones a nadie.
—No crea que se nos ha olvidado la escena que hizo el año pasado antes de dejar la escuela, ¿Ya se arrepintió?
No sé si estoy arrepentido de dejar este lugar pero sí que tengo muchos arrepentimientos.
Saca unas llaves de su bolsa y suspira, deja de importarle mi presencia o eso creía hasta que me da una mirada de reojo. —¿Por qué no está en clase? Es el primer día, ¿Tan rápido quiere romper las reglas?
Creo que en este lugar tendré que morderme la lengua muchas veces. —Es que, alguien la estaba buscando, necesita algo de usted.
—¿Alguien? —termina de abrir la puerta— ¿Quién?
Miro hacia el baño. —Es una chica…
—¿Un chica? —entorna los ojos—. Por favor Corse, digame que usted no volvió a…
—No —la interrumpo porque sé qué dirá—. Es alguien que no conozco pero vino aquí y usted no estaba y ahora está en el baño pero ya saldrá.
No parece que me cree pero no me importa. —Bien, estaré aquí entonces, digalé a esa chica que toque la puerta.
Y entra.
Ahora que no puede verme ruedo los ojos. No estoy seguro que todos en esta escuela se comportaron siempre así o solo es por lo que han escuchado y creen saber.
Veo que Seraphine sale del baño y me mira un tanto sorprendida, tal vez pensó que me iria. —Uh…
—Ya vino —digo.
Asiente. —Gracias, voy a... bueno…
Señalo hacia atrás. —Me voy a clases, ¿Qué tienes tu ahora?
—Creo que tenemos lo mismo, solo hay una sección —me informa—. Así que, Algebra.
—Algebra —repito—. Te veré ahí.
Creo que me sonrió, no estoy seguro porque me giré antes de poder confirmarlo.
Escucho que entra a la enfermería y yo voy al salón de clases sintiendo frío en los brazos pero algo diferente en mi interior. No, claro que no es una atracción. Sería estúpido si de inmediato yo cometiera ese error, es algo como agradecimiento.
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Editado: 24.02.2026