Esto es humillante.
No sé a dónde ir ni que hacer así que lo único que se me ocurre es sentarme en el pasillo, un tanto alejada de la clase.
Ahora tengo la ropa arruinada, una inasistencia y un primer día echado a perder desde temprano. Esto sin duda representa a la perfeccion lo que ha sido mi vida desde el año pasado.
Ya que el sudadero de Scott es más grande que yo, me cubro las manos por completo con él y me abrazo el cuerpo. Me voy a quedar aquí por un rato y luego quizás iré a esconderme a algun baño.
Pero la puerta se abre y me asomo esperando al profesor diciéndome que entre y que me quede en silencio, pero no es él.
Es Scott.
Scott, ahora con su mochila en el hombro.
Él sale arrastrando los pies y cuando me ve en el suelo sentada no se sorprende, solo eleva el mentón como un pequeño saludo. Pensé que se iba a detener a decirme algo pero continúa caminando.
Yo sé que no debería pero de todas formas lo hago. Me empujo hacia arriba, tomo mi bolsa y voy hacia la dirección donde él está caminando hasta llegar a su lado.
—Oye —digo.
No se detiene. — ¿Qué quieres?
Frunzo el ceño, mientras él camina a pasos lentos yo tengo que ir un poco más rápido. Esa teoría que los altos avanzan más rápido es cierta. —¿Qué quiero? ¿Por qué te saliste de la clase?
No me mira, sigue con la vista al frente. —No me salí, me echaron.
Elevo una ceja. — ¿El profesor?
—No, los demás —ahora si me da una mirada pero regresa sus ojos al frente—. Por supuesto que él.
— ¿A dónde vas?
—A alguna parte donde no me molesten —dice con un tono severo.
¿Es esa una forma de decirme que yo lo estoy molestando? Es solo que, no entiendo qué pasó.
—Pero, Scott…
Se detiene abruptamente y voltea hacia mí. —Mira, tú y yo no somos amigos, no esperes que lo seamos, ¿entiendes?
Entorno los ojos. —¿Por qué?
La verdad no estoy esperando que seamos amigos pero al menos él me ayudó y sigo usando su sudadero. Al menos esperaba que tuviéramos interecciones decentes pero quizás su hermana tiene algo que ver. Dariane probablemente le dijo que no me hablara.
— ¿Por qué, qué? —pregunta, cruzando los brazos.
Me encojo de hombros. —¿Por qué no quieres hablarme ahora? ¿Es por tu hermana?
Eso lo hace cambiar de expresion. Aunque ya estaba serio ahora tiene la mandibula tensa. —Quedate aquí, yo me voy.
Inclino la cabeza. —¿Qué me quede aquí? No, yo no sigo ordenes.
Eso es una mentira, claro que sigo ordenes en especial si vienen de personas con una autoridad. Mis padres me dicen que haga algo y los obedezco. Quizás por eso no reclamé cuando el profesor me cerró la puerta.
—¿No sigues ordenes? —veo una pequeña, muy efímera sonrisa que se disipa y sus labios vuelven a una línea recta.
—No y menos de alguien que no conozco —digo, enderezando la espalda—. Así que, ¿Por qué saliste?
Rueda los ojos. —No importa.
Veo hacia alrededor. No hay nadie ahora pues todos están en clase excepto nosotros. El piso huele a desinfectante de canela y madera, como cuando le sacas punta a un lápiz.
—Debiste decirle al profesor por qué llegaste tarde —dice, en voz baja.
Toco el borde de la sudadera, tiene un hilo suelto y juego con él aunque no tiro de este. —No puedo decirle, no creo que entienda y no podía decirlo frente a todos. Eso solo sería peor.
Es algo normal, estoy segura que todas mis compañeras tienen periodo pero sé que la mayoría toma todo lo que me sucede para burlarse. Después de meses de apodos, risas y chistes que solo dan gracia sin estas en contra de mi, he identificado que tipo de cosas puede hacer que hablen de mí.
No pensé que alguna vez estaría hablando con el hermano de Dariane, alguien que ni sabía que existía, pero aquí está. Es un poco mal humorado pero no es grosero, al menos no todavía.
— ¿Qué vas a hacer ahora? —dice, manteniendo el contacto visual.
Respiro profundo. —No sé.
Endurece el rostro y eso me tomó por sorpresa, antes que hablara y cuando abrió la boca pensé que me diría algo malo pero no lo hizo, en su lugar dice: — ¿Biblioteca?
Rasco mi brazo por encima de la tela. —¿Qué?
Tuerce los labios un segundo. —¿Qué si vamos ahí? No hay nada que hacer, no quiero quedarme de pie como idiota aquí.
Entorno los ojos. —¿Ahora sí quieres estar conmigo?
Bufa. —No quiero estar contigo, tú te vas a sentar en otra mesa y yo apartado de ti.
Sonrío un poco. —Está bien, ese plan me gusta.
—No importa si te gusta, es lo único que podemos hacer —dice antes de voltearse y caminar en dirección a la biblioteca.
Yo estoy notando algunas cosas de Scott Corse.
Uno, él sabe a donde ir. Creo que ya estuvo en esta escuela, he escuchado susurros y he notado como lo miran. No es el tipo de miradas que le das a alguien que te parece intrigante, es casi como las miradas que me dan a mi cuando saben cual es mi apellido y quienes son mis familiares.
Dos, no parece ser cercano a su hermana.
Tres, es raro pero en un sentido difícil de explicar. Es serio y pareciera que todo le molesta pero al mismo tiempo, ha sido amable conmigo.
Lo sigo hasta la biblioteca y entramos. El pasa primero y sostiene la puerta hasta que estoy adentro también.
La bibliotecaria está comiendo fruta picada en un contenedor pequeño y solo nos da una mirada cuando pasamos frente a ella.
Scott va hasta el fondo donde están las mesas ocultas por las estanterías y se detiene en la de la esquina. No me invita a sentarme, coloca su mochila en la silla frente a la que otra donde él se sienta.
Lo tomaría como una ofensa pero me han hecho peores cosas.
Voy a la otra mesa y me siento en la silla que está dándole la espalda a él. Digo, de todas formas él está de espaldas a mi y no hay motivo para verle la parte de atrás de la cabeza por el resto del periodo.
Dejo mi bolsa sobre la mesa y al mover la silla golpeo el respaldo de la suya. —Lo siento.
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Editado: 24.02.2026