—Hola Sera —Emmett me saluda, sentándose a mi lado en la mesa de la esquina.
Emmett es un año menor que yo y me empezó a hablar el año pasado, justo cuando mis antiguas “amigas” dejaron de sentarse conmigo. Emmett es decente pero a veces es un poco intenso, me ha dejado en claro que le gusto y que quiere salir conmigo.
No sé por qué no he aceptado, él no es una mala persona y me trata bien. Me habla de libros que está leyendo, me enseña trucos de matemáticas y me hace sentir menos sola por unos momentos pero no siempre ocurre.
La realidad es, aunque soy despreciada y rechazada por mis compañeros, no puedo evitar preguntarme cuanto de su interés por mí está basado en que le gusto y que quiere obtener algo. Si yo no le gustara, ¿me hablaría?
—Hola —digo, tocando el borde de la mesa.
Él baja la mirada a mi cuerpo por unos segundos. —No sueles usar ese tipo de ropa, ¿Por qué es tan grande?
A nuestro alrededor están los demás alumnos de último y penúltimo grado. Los profesores suelen estar en las mesas cerca de la puerta vigilando que nadie salga y que permanezcamos en este lugar que huele a salsa de tomate, cosas fritas y algo dulce como chocolate.
—No, me lo prestaron —digo.
Él extiende la mano y toma la tela floja de la manga. —¿Quién?
Me encoo de hombros. — ¿No vas a comer? —pregunto.
Deja la tela para recostar los codos sobre la mesa. —Hoy no están vendiendo tacos, después comeré algo.
Asiento.
Yo prefiero comer barras de cereal cada vez que siento hambre pues el año pasado tenía dos rebanadas de pizza que terminaron sobre mi regazo por “un accidente” cuando Madison Gutierrez pasó por mi mesa y lanzó el plato contra mí.
—Te puedo comprar algo si quieres —dice.
Le sonrío de manera fugaz. —Estoy bien, gracias.
A veces me pregunto por qué Emmett se sienta conmigo cuando yo estoy aquí. Él no es feo, su cabello es rubio, sus ojos azules y a veces noto como chicas de su grado me miran molestas.
—¿Te cortaste el cabello? —Toma un mechón—. Te lo veo diferente.
Niego, moviéndome para que deje de hacerlo.
Pero no lo hace, en su lugar, juega con él. —Tu cabello es suave.
—Gracias… —respondo, moviendo los ojos al lado contrario—. Um, Emmett…
Y lo siguiente que hace, me toma por sorpresa. Baja la mano y la descansa en mi muslo.
Me paralizo. ¿Qué está haciendo? —Emmett —es una advertencia.
Él sonríe de forma suave, como si esto fuera algo normal.
Empujo su mano. —Emmett, no hagas eso —mi corazon palpita con fuerza.
Su sonrisa se mantiene. — ¿Por qué no? Vamos, Sera, tú sabes que no hay nadie aquí que te trate mejor que yo.
Niego, moviéndome sobre el asiento, colocando mis manos en mis muslos impidiendo que vuelva a hacerlo. —No me gusta que me toques.
Porque eso es lo que hace. Toca mi rostro, mi cintura, mis brazos y en ocasiones sus manos rozan lugares que no quiero pero él siempre dice que no fue intencional.
—¿No? —Aparta la mano y la entrelaza con la suya sobre la mesa—. Lo siento Sera, no quiero molestarte. Solo pensé que estábamos pensando lo mismo, ya sabes, es tu último año y quería que supieras que estoy interesado en salir contigo.
Eso lo sé. —Pero, yo…
Baja la mirada. —Ya sé que no soy el chico más interesante de la escuela pero me gustas mucho, piénsalo, ¿si?
Asiento aunque ya sé la respuesta.
Él me sonríe y comienza a hablarme sobre un videojuego inspirado en uno de sus libros favoritos. Emmett tiene muchos libros favoritos así que no sé de cual está hablando. Me dice que un personaje del videojuego se parece a mí y yo no sé si tomármelo como un halago.
Cuando la hora de receso termina, me levanto y solo le hago un gesto para despedirme.
Por lo menos, por el resto del día ya no lo voy a ver. Sé que suena que soy malagradecida por no apreciar su amistad pero no es así. al comienzo lo hice, de verdad, pero últimamente las cosas son raras.
Él me llama, siempre, todas las noches a pesar que ya le dije que no suelo contestar tarde. No puedo en realidad, por mis padres. Ellos comenzarían a cuestionarme con quien estoy hablando y a recordarme que tengo que ser mejor que Gabriela, que no puedo desperdiciar mi vida como ella.
Que no debo hacer nada que ellos no aprueben antes.
Voy a la siguiente clase y me siento en medio, en la fila cerca de la pared. Cruzo las piernas y espero casi sin moverme a que llegue la profesora de la clase de Cálculo.
Pero como siempre, antes que eso ocurra, Dariane llega a mi lado con sus amigas y dos chicos más. —¿Quién es tu novio ahora, Seraphine? —pregunta Cat.
— ¿Pues quien más? El único que tiene —dice Dariane—. Como solo puede obtener a los de grados inferiores.
Mantengo la mirada en el escritorio, si los ignoro, se van a ir.
—Oye, pensé que a las chicas Hustton les gustaban los mayores, ¿o tú estás tan desesperada?
Dentro de mi hay una pequeña versión pidiéndome que haga algo, que me defienda pero la silencio. No vale la pena, ya lo intenté todo y nada sirve. Lo único que puedo hacer ahora es esperar a que se vayan y se aburran de mí.
—Ya, habla Seraphine, di algo —Dariane empuja mi hombro.
La miro pero no digo nada.
— ¿Qué? —sonríe—. Ay, vamos, no te lastimé. Mira, no te duele —empuja mi hombro de nuevo.
—Que horrible te vistes —dice Nadia—. De verdad, ¿No tienes algo mejor que eso?
Bajo la mirada de nuevo.
Dariane toma el borde de la sudadera. —Quitatelo, vamos.
—¿Qué haces? —intento apartar su mano.
—Quitate esto, ¿O no estas usando nada abajo? —sigue tirando de mi.
Ahora es Nadia quien toma la parte de arriba y jala para bajar el cierre. Mi corazon late con fuerza y aunque quiero defenderme, estoy congelada o así lo siento.
—Basta —digo, odio que mi voz suena tan débil.
Nadia logra bajar todo el cierre. Al menos de frente no se nota lo que estoy ocultando por lo que me pasó más temprano.
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Editado: 24.02.2026