No Somos Nada

8. SERAPHINE

No entiendo a los hermanos Corse.

No entiendo el odio que Dariane me tiene pero tampoco entiendo a Scott, quien un día me dice que no vamos a ser amigos y que debería mantenerme lejos y luego se impone como mi compañero de clase.

No me quejo totalmente, estar con Ian no iba a ser la mejor opción y él es demasiado fastidioso.

—Bien, chicos, ya que se organizaron les asignaré a cada uno su país y quiero que me hagan una investigación sin ayudas digitales, yo necesito que usen su cerebro —todos reclaman—. Miren, no sé si los conocen pero hay algo llamado libros y suelen contener mucha información así que eso es lo que quiero que hagan. Que busquen en los libros.

Ella pide que uno de cada pareja vaya al escritorio para que nos diga cual es el país.

—¿Voy yo? —le pregunto a Scott.

Niega sin hablar, se levanta y camina hacia la profesora. Veo su espalda y luego siento la mirada de alguien. Mis ojos van con Dariane, quien está frunciendo el ceño en mi dirección.

Aparto el rostro y solo espero a que Scott vuelva.

El regresa, toma su escritorio y lo acerca un poco más a mí. —Yugoslavia —dice.

Asiento. No sé nada de Yugoslavia.

La profesora sacude las manos en el aire. —Chicos, chicos, por favor mantengamos silencio, les daré tiempo para que se organicen con sus compañeros pero recuerden que en el sitio escolar he dejado los lineamientos, sus trabajos tienen que ser presentados en forma física y en una presentación frente a la clase.

Esas últimas palabras hacen que mi estómago sienta una punzada.

Ella se sienta y toma su teléfono, lo deja a un lado cuando dos de mis compañeras van a hablarle. Maitee y Sori.

— ¿Entonces qué quieres hacer primero? —Scott me habla.

Lamo mis labios. —Eh, supongo que deberíamos repartirnos el trabajo, ¿no?

—Primero tendremos que ver que es lo que quiere la profesora —dice, recostando su codo sobre la tabla de madera—. Y tenemos que buscar libros.

Noto que sus uñas son cortas y sus dedos largos pero gruesos, no como los míos que parecen esqueléticos. —Sí, hay que hacer eso, tal vez en la biblioteca de la escuela.

—Yugoslavia —repite viendo hacia el techo—. Me suena a la Segunda Guerra Mundial, ¿no?

Me encojo de hombros. —No sé, no me interesan las guerras.

Bufa. —No creo que a nadie le interesen las guerras pero eso no evita que sucedan.

Vuelvo a levantar los hombros.

—Creo que conozco a alguien que podría saber del tema, que tiene libros sobre eso —aclara la garganta—. Pero yo te podría traer algun libro.

Asiento. —Si eso quieres.

Y ahora es él quien se encoje de hombros.

Es incomodo estar a su lado y que ninguno hable, ni siquiera sobre la tarea mientras que todos los demás no dejan de hacerlo.

Entonces bajo la voz para decirle: —Gracias por escogerme, para esto, el trabajo.

Me mira y sus ojos son tan frios e intensos a pesar que el color de ellos es calido. —No te escogí, me frustra que no hagas nada —murmura.

Me inclino un poco hacia él para que no nos escuchen. —¿Hacer nada?

Señala levantando su dedo índice. —Él te estaba molestando y lo dejas.

Frunzo el ceño. —¿Me estas culpando?

—Estoy diciendo que debes defenderte —se acerca más a mi oido— ¿Por qué no lo haces?

No puede entenderlo.

—¿Sabes que? Deberíamos hacer algo con lo de la clase, no con mi vida.

Bufa. —Claro, lo que quieras.

Y de nuevo, silencio.

—Oye —lo vuelvo a romper luego de unos segundos—. Quizás en la biblioteca de la escuela hay algo, tal vez podríamos buscar.

—Está bien —bosteza, cubriéndose la boca con ambas manos—. Vamos en receso.

Asiento sin pensarlo ni dudarlo. Cualquier cosa que me saque de la cafetería me sirve.

—Entonces… —digo pero no sé si tengo que preguntr algo o decir algo.

Scott me mira. —¿Qué?

—Pensé que no querías que estuviera cerca de ti —toco el borde del escritorio sintiendo la textura desgastada.

Scott se rasca por debajo del ojo. —Aun no quiero que estes cerca.

—Pero me escogiste como tu compañera —mantengo la voz baja.

Mi estomago hace un ruido y él abre los ojos. Sí, tal vez debí comer algo más que una manzana picada. —¿Estás bien?

Asiento. —Solo tengo hambre.

Endurece la mirada. —Pero entonces no nos juntemos en receso, deberías comer.

Niego. —Está bien, no me gusta ir a la cafetería.

Ahora que lo pienso, no lo he visto a él ahí. —A mi tampoco —contesta—. Pero eso no significa que no comas, ¿traes comida?

Si con comida se refiere a un paquete de galletas, supongo que sí. —Sí.

—Entonces come —carraspea—. O no, haz lo que quieras.

Dariane de pronto se ríe escandalosamente con sus amigas y la profesora le pide que baje la voz, ella se disculpa y sigue con su conversación. Está ocupada en su mundo y luce tan ajena a los demás, incluyendo a su hermano.

Su hermano, quien comparte su apellido pero su personalidad es tan distinta. Scott no es necesariamente la persona más educada de todas pero no es malo. No como Dariane, lo sé sin duda.

Aunque no entiendo nada de él. Claro, lo conozco muy poco pero es como un conjunto de contradicciones y preguntas sin respuestas. Dudo que Scott quiera contestarlas.

Una parte de mi cree que debería realmente apartarse de Scott Corse solo por el hecho que su hermana es quien arruinó mi vida en esta escuela pero otra, muy pequeña, cree que aun no debo alejarme.

Que quizás Scott no llegue a ser alguien cercano para mi pero que hay algo en él que no debo desechar todavía.

No sé porque, solo lo siento así.




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