Ella está guardando sus libros en la mochila mientras todos se están moviendo fuera para ir a comer.
Me acerco. — ¿Vamos?
Eleva sus cejas marrones. —Ah, sí… ya voy.
Empieza a apresurarse para guardar todo pero se le cae un tubo rosado al suelo, rueda y antes que uno de los dos haga algo, mi hermana lo toma viéndolo como si estuviera cubierto de basura.
—¿Usas marcas baratas, Sera? —arruga la nariz—. Bueno, no es como si tú no lo fueras.
Y Seraphine se cierra de nuevo. Es como un flor, se esconde en la oscuridad. Ella solo permanece con la boca cerrada, sin defenderse ni confrontarla.
—Hazte un favor y comprate mejores productos —dice.
Mi hermana no lo duda cuando se acerca al basurero y lo tira. Solo lo hace, sin titubear. ¿Qué le pasa?
Luego Dariane me mira y sonríe. —Ah, Sera, no te ilusiones con mi hermano. Él solo quiere estar sobre ti.
Y ella sale.
Pero aunque Seraphine tome el método de ser una piedra contra los ataques, yo no. No sé que le pasa a mi hermana, por qué se comporta de esa manera pero me está comenzando a hartar.
Salgo del salón y le alzo la voz: — ¡Dariane!
Ella voltea, ahora no sonríe, me mira con el ceño fruncido. —¿Qué quieres?
Camino hacia ella con pasos largos. —¿Cuál es tu problema? ¿Por qué estás actuando asi?
Aprieta los ojos. — ¿Estas defendiendo a tu nueva novia? Yo que tú, esta vez, cambiaba de estrategia a menos que…
—Cállate —digo, firme—. Mira Dariane, tú te tomaste personal algo que no te incumbre y me tratas como si no fuera tu hermano. Te guste o no, lo soy..
Niega. —No lo eres. Me das vergüenza, no me hables aquí o en ningun lugar. Papá te dijo que no lo hicieras.
Ella gira, veo su cabello alisado moverse de un lado al otro mientras acelera el paso para alcanzar con sus amigas.
Regreso al salón, pasando los dedos por mi cabello, desordenándolo. Encuentro a Seraphine inclinándose sacando ese tubo del basurero, su rostro luce cansado y estoy seguro que no es algo físico.
—¿Qué es eso? —le pregunto.
—Es un brillo labial —contesta, sosteniéndolo con dos dedos—. Solo iré a lavarlo.
Asiento. —Te acompaño, vamos.
Ella toma su bolsa y yo voy por mi mochila, salimos del salón y caminamos en silencio hasta el baño en donde me quedo afuera esperándola.
Recuesto mi espalda en la pared, viendo una mancha de humedad en el techo y recordando las palabras de mi hermana. A veces creo que mi familia exagera, a veces recuerdo que yo fui quien se dejó llevar por los impulsos y no se detuvo a pensar un segundo lo que estaba haciendo.
Seraphine sale, secándose las manos en el pantalón. —Ya.
—Vamos a la biblioteca —digo.
Otra vez mantenemos el silencio hasta llegar a la puerta de la biblioteca. Al entrar solo está la bibliotecaria ocupada con algo en su computadora, ignorándonos por completo.
Aquí no hay mucha luz, solo la que entra por las ventanas que está justo en el área de las mesas. Supongo que asumen que es suficiente para que podamos leer o no les interesa demasiado.
Algunas partes del suelo de madera rechinan cuando caminamos y ese olor distintivo a algo como polvo y objetos guardados se siente entre las estanterías.
El lugar está tan silencioso que cada pequeño sonido se escucha más fuerte de lo que es.
Nos sentamos en una mesa, esta vez, en la misma.
—Supongo que tenemos que buscar en los libros de historia —dice.
Tomo mi teléfono para entrar al portal de la escuela y ver que reglas tenemos que cumplir. —Sí, supongo.
Seraphine se levanta primero y camina hasta la otra fila, la siguiente estantería, para buscar algo que nos pueda servir. Yo me levanto mientras dejo que el portal cargue.
Empiezo a leer los títulos de secciones, hay una sobre “SOCIEDAD” así que lo tomo y al hacerlo, queda un espacio en donde puedo ver hacia el otro lado y desde aquí noto que Seraphine está de espaldas con dirección al frente, buscando libros.
Entre el espacio y la tenue luz, puedo verla. Su cabello ondulado, su perfil cuando toma uno y lee la contraportada, la manera en que aprieta los ojos y tuerce los labios.
Trago saliva.
Mi corazón pega un salto y cuando ella estira el brazo para tomar otro libro, pega uno más.
Me giro y recuesto mi espalda en la estantería. Cierro los ojos, recordándome que ya fui un gran idiota una vez, no tengo que hacerlo de nuevo.
Sobre todo, no debería arruinar a más personas.
Seraphine sigue siendo una desconocida pero no creo que merezca que yo la arruine. Ella tiene al frente de su vida todo lo que yo no. No puedo ser nada de lo que ya fui, ni siquiera considerarlo.
Tengo que terminar este proyecto con ella y eso es todo. Ya no me va a importar si mi hermana o quien sea la molesta, si ella deja que el mundo le pase encima o si necesita mi ayuda.
Por mi bien, por el suyo, no estaré cerca de Seraphine.
Un ruido se escucha, mucho más fuerte que cualquiera que hemos hecho desde que entramos.
Me giro y ya no veo a Seraphine, voy hasta el otro lado de la estantería y está inclinada recogiendo dos libros.
—¿Qué fue eso? —la bibliotecaria camina hasta donde estamos.
Seraphine se levanta rápido. —Lo siento, solo se me cayeron, pero están bien.
Ella es una mujer que no es tan mayor pero su cabello gris y corto, junto con esos lentes grandes la hacen parecer así. Frunce el ceño viéndola y aprieta los labios. —Eso espero.
Se va.
Seraphine eleva la mirada y estira el brazo para intentar colocarlo en la fila más alta. Levanta los talones ayudándose con todo lo que puede para dejarlo en su lugar pero no llega, el libro se le resbala y ahí es cuando yo me apresuro a tomarlo.
Este momento parece una de esas estúpidas e irreales películas de amor pero lo que está pasando aquí no es amor y es real.
Realmente estúpido de mi parte.
—¿Puedes dejar de hacer esto? —digo, sosteniendo el libro.
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Editado: 24.02.2026