Odio que las redes sociales tengan esa función donde te muestra qué publicaste ese día hace uno, dos o más años atrás.
Lo odio porque hoy, hace dos años, estaba con mis amigos en un festival local donde hubo música y comida, donde yo todavía tenía todo por delante y cuando las personas me miraban a mí, no veian a un caso perdido, veian a un futuro prometedor.
Luego tengo un pensamiento, uno que quien sabe de donde viene.
¿Dónde estaba Seraphine hace dos años?
Ella no es nueva, ¿no? Digo, todos actúan como si ya la conocen o si saben algo de ella pero yo no recuerdo algo de ella. Si me llevara bien con mi hermana podría preguntar, si yo me llevara bien con alguien le preguntaría pero no regresé a hacer amigos y supongo que tendré que quedarme con la duda.
Suspiro antes de bajarme del auto y empezar otra estúpida semana en la escuela. Salgo y cierro la puerta con cuidado porque a pesar que mi abuelo me dio un auto más viejo que mi propia existencia, es un auto que no merezco y tengo que cuidarlo.
Nada de lo que me dan los abuelos lo merezco, ni siquiera su amor.
Me subo la capucha y me froto el hombro, arrastro los pies hasta la entrada, cruzo un pasillo al mismo tiempo que alguien también y nos topamos.
Ah, por supuesto que es ella.
Seraphine levanta las manos en el aire y abre los ojos. —Lo siento —parpadea rápido—. Ah, Scott, hola.
Trago saliva. —Seraphine.
Se acomoda el cabello. —¿No te lastimé, verdad?
Elevo una ceja y mi boca se curva hacia arriba. Seraphine es unos centímetros más baja que yo pero por supuesto que un roce así no iba a dañarme. —Viviré.
Chasquea la lengua. —Siempre estás de buen humor, ¿no?
Bufo. —Créeme, cada vez que te veo, sé que voy a pasarla bien.
Eso la hace fruncir el ceño. —¿Ah, sí? Pues para que lo sepas, cada vez que te veo, sé que vas a… —se traba con las palabras—, tú… yo…
Muerdo mi labio inferior para no sonreir. —¿No sabes insultar, verdad?
Rueda los ojos. —No importa, mejor no estorbes.
Bien, vamos mejorando, al menos está tomando un poco de actitud. —Yo no estoy estorbando, tu vas al lado contrario, se supone que estamos llegando a la escuela no yéndonos.
Cruza los brazos y noto que una de las mangas de su blusa tiene un hilo blanco colgando. —Pero olvidé algo en mi auto, solo quería ir rápido para no retrasarme pero ahora mismo, estoy retrasándome.
Mi abuelo tiene muchos dichos, es un hombre sabio sin duda, y uno de ellos es: Siempre estarás en el lugar correcto, en el momento indicado, cuando la vida misma requiera de ti.
Creo que nunca había entendido eso hasta hoy, porque mientras estaba teniendo esta extraña e inesperada conversación con Seraphine, uno de los chicos que está en nuestro grado pasa al lado y ni me nota pero a ella sí.
Y el pedazo de imbécil, le toca la cadera.
Sin duda esa no era su intención, él quería tocar algo más pero ella sí lo notó y se movió tan solo un poco para evitar el contacto total sin embargo eso no es importante porque haya sido ahí o en el meñique, él la tocó.
Antes que mi razón detenga a mis impulsos, doy pasos hacia él y con el antebrazo lo empujo contra el muro presionándolo con fuerza pero no extrema. Él abre los ojos y todo el valor que tenía al hacer eso, se ha ido, así como el color en su rostro.
—¿Qué te pasa? —pregunta.
Presiono los dientes con fuerza. —Disculpate con ella ahora mismo.
Frunce el ceño y yo lo presiono un poco más. —Está bien, está bien, ya lo siento, no era mi intención.
Mis ojos siguen en este idiota así que no sé si Seraphine sigue ahí o ya se ha ido, no importa. No es por ella, es porque siempre odié a este tipo de chicos. Por culpa de uno me metí en problemas hace tiempo.
—Largate y no lo hagas con nadie más —lo suelto y lo empujo, él tropieza pero sigue su camino.
Me volteo y Seraphine está ahí, parada con los ojos abiertos. Creo que ahora me va a despreciar porque seguramente cree que soy un chico violento y desagradable. No la culparía por eso.
—¿Qué? —levanto el mentón.
Ella da unos pasos hacia mi. —Gracias.
Cada acción tiene una reacción y su sonrisa causa una en mi. No es que piense que Seraphine es bonita o fea, atractiva o no. Es solo que ella me recuerda a todas esas cosas que nadie nombra pero que te hacen detenerte.
Y eso confirma lo idiota que soy porque es imposible que una extraña provoque algo en mí.
Trago saliva. —¿No ibas por algo?
Asiente. —Ah, sí… era un libro que encontré, ya sé que terminamos la tarea pero…
Deja de hablar y yo ya no quiero correr ni huir, ni tampoco ser un estúpido que sigue tomando las decisiones incorrectas. Pero lo soy y lo seré.
—¿Qué?
Desvia la mirada. —Nada, solo recuerdo que te veias interesado por algunos temas y ese libro es de historia, no… si quieres leerlo…
Me toma unos segundos encajar lo que dice. Ella me trajo un libro para que lo lea.
Frunzo el ceño —¿Por qué?
Niega. —Olvidalo, mejor… me voy.
Seraphine comienza a caminar pero me giro y la sigo quedando a su lado. —Espera, necesito entender, ¿Por qué hiciste eso?
Suspira. —Scott, es solo un libro —se detiene abruptamente—. ¿Por qué me defendiste tú de Noah?
Entorno la mirada. —¿De verdad tengo que tener un motivo para ayudar a alguien?
Se encoje de hombros. —¿De verdad tengo que tener un motivo para darte un simple libro? Tampoco creas que es nuevo o algo, solo es uno de los muchos que mi papá tiene.
Asiento. —¿Y que quieres a cambio?
Resopla. —¿Qué? Scott… tú… eres tan complicado.
Mi corazón pega otro salto y pienso lo mismo de ella.
No sé si Seraphine está complicando todo para mí o yo estoy a punto de complicar su vida, pero sin duda, algo se está alterando para ambos ahora mismo.
—Acepto el libro —digo—. Pero no somos amigos.
Levanta y baja los hombros. —No esperaba que lo fuéramos.
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Editado: 16.03.2026