No Somos Nada

16. SERAPHINE

Scott tenía razón con lo del auto.

Papá me dijo que hoy lo llevaría al mecanico pero eso solo significa que yo tengo que regresar en uno de esos que se piden por aplicaciones, de esos que a veces me dan miedo.

Es mi culpa por ver tantos videos de chicas contando sus experiencias con conductores de apps, pero tambien puede ser porque en la escuela muchos chicos me tratan como una muñeca de plástico.

Como hoy, por ejemplo. Ulises Harrison se colocó demasiado cerca de mi fingiendo que tenia que pasar. Por supeusto que Dariane y sus amigas lo vieron todo y empezaron a murmurar.

A veces me pregunto si Gabriela no hubiera hecho nada de lo que hizo, ¿Me tratarían así? ¿O acaso soy yo el problema?

No quiero culpar a mi hermana pero no puedo evitarlo. Quiero saber si mi vida sería distinta si ella no lo hbuiera hecho.

Y mientras voy por el pasillo para salir, Scott sale del baño y nos encontramos. Pero solo me da una mirada y no me habla, estamos caminado casi al lado del otro.

No sé porque pero quiero decirle algo, solo cualquier cosa.

Sé que él no quiere ser mi amigo pero yo no quiero ser su nada. No quiero salir con él, no es eso, es como si… algo siempre me lleva hacia Scott. Es raro pero es así.

—Hola —digo.

Levanta el mentón. —¿Te vas?

Me encojo de hombros. —Sí, como todos.

Asiente y desvía la mirada. —Si, como todos —aclara la garganta—. ¿Todo bien con tu auto?

Arrugo la nariz. —Supongo, papá lo llevará al taller. Espero que todo esté bien o tendré que pasar más días sin el auto.

Sus ojos vuelven a mi. —¿Entonces no tienes auto hoy? ¿Cómo te vas a ir?

Vuelvo a encogerme de hombros. —Pagaré para que me lleven.

Deja salir un “jum” y exhala, viendo hacia el suelo. Su cabello le cae sobre la frente, se pasa las manos por el rostro y se despeina un poco cuando sus dedos se mueven a su cabello.

—¿Quieres que te lleve?

Elevo las cejas. —¿A mi?

Resopla. —No, a tu fantasma —chasquea la lengua—. Sí, Seraphine, a ti. ¿Quieres o no?

Es mejor que ir con un completo desconocido. —¿Cuál es el truco?

Entorna la mirada. —¿Crees que tengo una trampa?

Es un Corse, así que no puedo confiar ciegamente. Aunque sin duda él no es como su hermana, o su padre.

Porque sé quien es su padre, es quien arruinó a mi familia en mayor parte.

—Ah, si quieres —digo.

Sacude la cabeza. —¿Quiero? No, pero puedo hacerlo, solo me das la dirección y ya, te llevo. No es la gran cosa.

—Está bien —ajusto mi bolsa colgando del hombro—. Está bien, gracias Scott.

Él me mira unos segundos a los ojos y mi corazón hace algo diferente, algo que me asusta sentir.

Pero no debería sentir nada ahora mismo y menos por él. Seguramene solo estoy teniendo estas reacciones porque Scott es aparentemente la única persona decente en esta escuela y el único que no me ha tratado mal últimamente.

—Ven —me dice, haciendo una seña para que lo siga al auto.

Cuando caminamos noto algo extraño, veo a la profesora de Historia y al profesor de Matematicas hablando entre ellos pero cuando estamos cerca, sus ojos están sobre Scott.

Eso he notado, los profesores lo miran de una manera rara. No todos pero sí varios, como ellos.

Luego los ojos de la profesora Smith bajan a mi y niega, vuelve a ver al profesor Carls.

¿Qué fue todo eso?

—Solo déjame que pase rápido a un lado, tengo que avisar algo —me dice, retomando mi atención.

Asiento. —Está bien.

Llegamos a donde está su camioneta y abre la puerta, luego se estira dentro de ella para quitar el seguro de la puerta del copiloto y la abre un poco. —Pasa.

Cuando la abro siento el olor a colonia masculina, pero no de una forma exagerada.

Me acomodo en el asiento y me coloco el cinturón luego de tirar dos veces para que se aflojara.

—Bien, ahora me dices donde vives —pide.

Le digo mi dirección y él frunce el ceño por un segundo. Repite el nombre de mi calle y tuerce los labios.

Quería decirle algo para saber por qué tuvo esa reacción, pero antes de eso mi estomago hace un ruido, quejándose porque no he comido nada.

Mis mejillas se sienten calientes. —Lo siento.

—¿Tienes hambre? —pregunta, ajustando los espejos antes de encender el motor.

Sostengo mi bolsa sobre el regazo. —Eh… no mucho.

Pero mi estomago vuelve a hacer ruidos.

—Ahora que lo pienso, no te veo comiendo nunca —dice sin verme, empieza a retroceder para salir del estacionamiento—. ¿Por qué?

Suspiro. —No es que no coma, pero no sé, no me gusta comer con personas.

Eso es en parte mentira. La realidad es que desde el año pasado, desde que todo comenzó con el caos de mi familia y la manera en que me tratan en la escuela, he dejado de comer porque mi estomago reacciona raro cuando me siento nerviosa y empiezo a tener nauseas y luego llega el miedo a que pueda vomitar de pronto y eso seria muy humillante.

Pero no puedo explicarle eso.

—¿Quieres comer algo? —salimos del estacionamento.

Niego aunque no me está viendo. —Estoy bien.

Exhala ruidosamente. —Seraphine, decir que “estás bien” no sirve si no es verdad —niega—. ¿Por qué eres asi?

Frunzo el ceño. —Que amable eres.

Mi estomago se queja una vez más. —No me importa ser amable, solo creo que tú... olvidalo.

Mientras él conduce yo lo observo, él está concentrado en el camino pero al mismo tiempo parece que su mente está en otro lado.

Tengo muchas pregunas sobre Scott Corse.

¿Por qué no se graduó el año pasado?

¿Por qué su hermana lo trata como si no existiera?

¿Por qué los profesores lo ven así?

Y por supuesto, me pregunto qué tanto sabe de mi hermana y de mi familia.

Tomo una larga respiración antes de hablar. —No quiero ser entrometida pero… um, tú ya habias estado aquí, ¿no?

Me da una mirada de reojo. —Sí, ¿Y qué?

Ruedo los ojos pero no me rindo. —Entonces, ¿Qué pasó? ¿Por qué no te graduaste?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.