Es otro día en donde estoy sentada frente a Scott en la biblioteca.
Hoy Scott me trajo comida, algo que ya no es raro entre nosotros. Me dijo que su abuela le preparó algo y que sobró, que pensó que tal vez me gustaría pero no le creo.
Creo que Scott hace cosas por mí y luego intenta fingir que no le importa.
Él está ocupado comiendo uvas con una mano y sosteniendo un libro con la otra, mientras la luz de la ventana le ilumina un lado del rostro. Lo observo por más tiempo del que debería pero no puedo evitarlo.
Scott es realmente atractivo.
Finjo darle un sorbo a mi botella de agua para que no piense que estoy viéndolo, aunque lo estoy haciendo.
Recuerdo lo que me confesó la semana pasada, sobre su ex novia, el supuesto embarazo y como él se fue para trabajar. Eso explica porque ahora está repitiendo el año, pero no me dijo qué pasó después y a donde fue.
Lo sé, no me tiene que contar toda su vida pero ahora solo quiero saber más de él.
Scott me sorprende cuando sube la mirada y nuestros ojos se cruzan. Parpadeo un par de veces, él frunce el ceño. — ¿Por qué siempre haces eso?
— ¿Hacer qué? —pregunta.
Suspira. —Me miras, por mucho tiempo. Es raro.
Eso provoca una sonrisa en mí. —Lo siento, creo que asumes que te estoy viendo.
—Lo haces —contesta, dejando el libro a un lado—. ¿Tienes algo que decirme?
Me encojo de hombros y veo hacia afuera de la ventana. —No, nada.
—Ah… espera —pide, levantándose de la silla inclinándose sobre la mesa, está sosteniendo el peso de su cuerpo con sus manos, luego levanta una y la sube hasta cerca de mi mejilla.
Mi corazón se acelera. — ¿Qué haces?
Él se inclina un poco más y creo que se me corta la respiración, mueve su mano y luego se separa. Cuando lo hace me doy cuenta de qué estaba sucediendo.
Está sosteniendo a una araña desde su telaraña, no es grande pero ahí está, moviendo sus pequeñas patas.
—Casi te baja al hombro —dice, moviéndola hasta el suelo y dejándola libre.
Respiro profundo. —Gracias —digo aunque mi corazón no se ha relajado, sigue latiendo muy rápido.
Me froto los ojos. —No —susurro.
— ¿Estás bien? —pregunta.
Elevo la mirada y quiero golpearlo o a mí por ser tan tonta. Esto es cruel, esto es como una horrible broma del universo.
Me gusta.
Scott me gusta.
Scott Corse.
—No —recuesto mis brazos sobre la mesa—. No lo estoy. Dime algo malo de ti.
Junta las cejas. — ¿Qué?
Necesito tener razones para que no me guste porque aparentemente el hecho que sea un Corse no es suficiente. —Dime algo vergonzoso o malo, vamos, no tengas miedo.
Rueda los ojos. —Ya te dije algo.
Chasqueo la lengua. —Eso no es malo, eso fue… un error. Tú no lo sabias y luego fuiste a buscar trabajo, no es algo malo.
Se señala. —Pero perdí un año, mírame, aquí otra vez.
Y un pensamiento egoísta me dice que sí, pero si no fuera así no nos hubiéramos conocido.
—Pero volviste y te vas a graduar, eres inteligente —digo sin pensarlo.
Él sonríe y no, no debería hacerlo. —Tú también lo eres.
¡Basta! —No quiero que me digas cosas buenas, dime algo malo. Vamos, critícame.
Recuesta un brazo y sostiene su mentón. — ¿Quieres que te critique?
—Sí, vamos, rápido —pido, antes que siga pensando que sus ojos son demasiado lindos.
Se encoje de hombros. —Creo que deberías defenderte más, no me gusta cómo te tratan en esta escuela. Son un montón de idiotas que piensan que pueden hacerte cosas porque no tienen consecuencias.
—Lo sé —digo.
—Tampoco… no deberías dejar que los chicos intenten hacerte cosas —me señala con su otra mano—. Te enseñaré a dar un buen puñetazo.
Sonrío. — ¿Si?
Sonríe y mi corazón pega un salto otra vez. —Lo haré, creo que deberías estar lista en caso un idiota haga algo estúpido, tú vas y te defiendes. La técnica es estar tan molesta que cuando lo hagas, saques el estrés con ese golpe.
Elevo una ceja. —Suena a que tienes experiencia.
Suspira. —Bueno, una vez sí golpeé a alguien.
Eso podría servir para que deje de gustarme. — ¿Por qué?
Hace una mueca. —Bueno, es que… ¿Sabes lo que te dije de Beatrice? De como siempre terminábamos y regresábamos.
Asiento.
—Pues nada, siempre que estábamos separados ella salía con alguien más y ya la última vez que regresamos, uno de los que siempre quería estar con ella me dio algo estúpido, algo malo —baja la mirada—. Un comentario estúpido sobre ella y yo no iba a dejarlo, no sé… entonces, nada, lo golpeé.
Abro un poco más los ojos. — ¿Sí?
—Aquí —confiesa—. En la escuela. Me suspendieron y creo que desde ahí todo se fue en picada.
Muevo mi cabeza para recostarme sobre mi brazo derecho. —Lo siento.
Sonríe. —No pasa nada, es el pasado. No puedes arreglarlo.
Scott me mira y luego, se recuesta también en la mesa con los brazos cruzados debajo de su cabeza. Ambos reposamos sin romper el contacto visual y sin duda, esto no ayuda a mi corazón.
— ¿Por eso los profesores te tratan así?
Arruga la frente. —No. Ellos no saben la historia completa, ellos creen que yo embaracé a Beatrice y me fui, lo que no saben es que… me fui para intentar hacer todo mejor y además, Beatrice… después sí.
— ¿Después si? —no entiendo.
Hace una mueca que parece una sonrisa a medias. —Después sí quedó embarazada, pero ya no de mí. Del chico que golpeé, Anton.
Oh.
—Vaya —digo, pensando en todo eso.
Intento recordar el año pasado, pero todo lo que yo tenía en mi mente en ese momento era lo que estaba pasando con mi hermana y no me interesaban los otros chismes de la escuela.
— ¿Pero entonces ella no dijo nada? ¿Sobre ti?
Cierra los ojos. —No sé qué dijo o no. Lo único que sé es que cuando me lo confesó me asusté y solo… quería asegurarme que todo estuviera bien. Fui muy estúpido porque solo le creí, le pregunté si estaba segura y me dijo que sí. Les dije a mis padres y ellos me odiaron, papá me echó de la casa.
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Editado: 04.04.2026