No Somos Nada

27. SCOTT

Bajamos del auto de Seraphine cuando vemos como los profesores están empezando a organizarse.

Ambos permanecemos a un lado, claramente excluidos de los demás pero no importa.

No me importa.

Estaba a punto de decirle algo a Seraphine cuando mi mirada se va al fondo, donde está mi hermana pero detrás de ella está otra persona más.

Mi mamá.

Siento mi cuerpo entero tensarse y de pronto ya no tengo dieciocho años, tengo cinco y acabo de arruinarle su vestido favorito con el jugo de arándano que intenté tomar, tengo siete y estoy de pie al lado de mi papá mientras ella me recuerda que tengo que ser igual de exitoso que él.

Iba a moverme para evitar que me viera pero demasiado tarde. Ella me nota y sin dudarlo, camina hacia mí con la espalda recta y esa expresión indescifrable.

Sus ojos están sobre mí hasta que nota a la persona a mi lado, a la chica a mi lado.

Cuando estamos frente a frente, habla: —Scott.

Aclaro la garganta. —Hola mamá.

Le da una mirada a Seraphine. —Entonces sigues en la escuela, pensamos que te ibas a salir de nuevo.

¿Tiene que mencionarlo frente a Seraphine? —No, aquí sigo.

Solo quiero que se vaya, no me siento cómodo en absoluto con su presencia. Cuando recuerdo sus palabras y la manera en que me miraba ese último día en la que fue mi casa, mi mandíbula se tensa.

—Espero que estés aprovechando la oportunidad —siempre usa ese tono que me molesta, que sé que muestra decepción.

Me cuesta tragar. —Estoy haciendo lo que puedo.

Ella sonríe pero no por ser amable. —Claro, lo que puedes. Esperemos que así sea —sus ojos se van a Seraphine.

Ahora siento mis hombros tensarse y sin pensarlo, me muevo un poco frente a Seraphine para bloquear la mirada de mi madre. Yo puedo lidiar con sus comentarios y prejuicios, pero no quiero que la involucre a ella.

Sin embargo mamá sigue viéndola y entorna los ojos. —Tú… ¿Eres hermana de la chica Hustton, no?

Frunzo el ceño, ¿Cómo es que mi mama conoce a Seraphine? O bueno, a su familia.

La veo volteando la cabeza. —Ah, sí, yo…

Mamá suelta aire por la nariz. — ¿Y ustedes son… amigos?

Seraphine me mira y yo aclaro la garganta. —Seraphine es… mi compañera, de aquí.

No quiero verla ahora, no quiero saber si mi forma de catalogarla le molestó. Hemos dicho que no somos amigos y quiero creer que no lo somos porque ya no tengo tiempo para encariñarme con alguien, pero Seraphine es definitivamente algo más que solo una compañera.

—Entiendo —responde mamá—. Pues recuerda tu lección, Scott. No lo arruines de nuevo.

Con eso, ella se gira y regresa con el grupo de mamás de las amigas de mi hermana.

¿Por qué todos asumen que voy a embarazar a cada chica que se topa frente a mí?

Y por favor, ni siquiera Seraphine y yo nos hemos dado un estúpido beso en la mejilla.

Pero ahora que ella se ha ido, puedo respirar mejor. Me giro para ver a Seraphine y luce rara, con la cabeza hacia abajo y la expresión seria. Tan opuesta a como se veía en el auto.

Quiero decirle algo para hacerle saber que ella sí significa más que “una compañera” para mí pero no lo hago, claro que no lo hago. No puedo hacerlo.

No entiendo por qué o como llegué a pasar tanto tiempo con Seraphine, no entiendo qué hizo para lograr que le confesara algunas cosas sobre mí y que me sintiera bien llevándola con mis abuelos.

Pero a pesar de todo lo que yo pueda estar sintiendo, mi madre tiene razón en parte. Yo tiendo a arruinar las cosas.

Arruiné mi futuro, lo hice realmente. Cuando me fui dejé a un lado las posibilidades que tenía como el chico popular y que todos querían, para convertirme en el fracasado e idiota que pensó que iba a tener un hijo.

Ni siquiera sé qué haré después de graduarme, no sé a dónde rayos voy con mi vida.

Y Seraphine no merece vivir un futuro mediocre con alguien como yo.

— ¿Cómo te conoce mamá? —le pregunto luego de unos minutos.

Los profesores empiezan a pedir que se organicen todos, dejando a las madres en un grupo que irá al frente con los profesores. Son como doce de ellas y casi parece que todas se conocen porque no dejan de charlar.

— ¿Qué? —pregunta.

Aclaro la garganta. —Mamá sabe tu apellido, ¿Por qué?

Ella frunce el ceño. — ¿De verdad no lo sabes?

Elevo una ceja. — ¿Qué tengo que saber?

— ¡Irán en parejas! —Explica el profesor de ciencias—. ¡Recuerden que sus madres están por aquí así que queremos que se comporten! Tienen diez minutos para ir al baño, el viaje será largo chicos.

Muchos comienzan a moverse a la escuela para ir al baño.

— ¿Quieres ir? —pregunta Seraphine.

Sonrío un poco. — ¿Me estas preguntando si quiero ir al baño?

—Sí —dice—. Es que yo si quiero.

Asiento, sin pensarlo, le quito la bolsa que sostiene con ambas manos y me la cuelgo en el hombro. —Vamos, entonces.

—No tienes que hacer eso —señala la bolsa.

—No me importa lo que no “tengo que hacer” —claramente.

Caminamos hacia la escuela, algunas personas se están tomando fotografías y otros solo esperan a sus amigos en el pasillo.

Fuera del baño de chicas está el grupo de Dariane pero no entran, solo están en la puerta. Seraphine detiene el paso y duda en pasar ahí. Yo también dudo, porque aunque no soy su guardaespaldas ahí adentro no puedo hacer nada por ella si es que la molestan.

Conozco a mi hermana, en especial ahora que estamos en el mismo grado. Dariane le ha tirado jugo a Seraphine, la empuja, la mira con asco y suelta comentarios de su ropa todo el tiempo.

— ¿Quieres ir allá arriba? A los otros baños —le sugiero antes que ellas nos noten.

Asiente y sin dudar, cruzamos el pasillo para subir las escaleras del fondo.

Por la hora, los pasillos están apenas iluminados. Ya no hay nadie más en otros grados, los profesores que no irán al viaje están en sus casas o en donde sea que van los profesores de secundaria en un viernes y realmente parece que solo está el eco de nuestros pasos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.