No Somos Nada

31. SCOTT

— ¿Tu hermana desapareció? —pregunto, absolutamente sorprendido.

Ella hace una mueca. —Déjame contarlo —pide, aclarando la garganta—. Mi hermana tenía quince años y yo tenía casi trece, más o menos. Era el comienzo del verano y todo era normal, bastante normal cuando de pronto… ya no estaba.

Frunzo el ceño pero no la interrumpo.

—Mis padres se alarmaron de inmediato, mi hermana no era de salir tanto o no sé, solo no se iba sin volver —explica—. Entonces primero solo contactaron a la policía pero les pidieron que no se alarmaran y esperaran unos días, eso hicieron hasta que no volvió. Luego la policía se dio cuenta que ella no se había llevado ni su teléfono ni nada así que, no se había ido por su voluntad.

Seraphine se mueve para sentarse mejor, viendo al frente donde una ventana está iluminando tenuemente el pasillo.

—Eso fue así. Mis padres por esos meses estaban mal, yo recuerdo que la casa era como estar en un funeral, siempre se sentía como si ella hubiera muerto pero queríamos creer que no fue así —admite—. Eso ocurrió en San Alleno, pero antes mamá tenía una página en internet donde la gente podía dar información si la habían visto y alguien dijo que sí, que aquí en esta ciudad habían visto a una chica muy parecida.

No puedo imaginarme lo que ellos sentían. Mi relación con Dariane no es buena pero es mi hermana y si mañana ella desapareciera, me sentiría horrible.

—Y luego otras personas dijeron que la habían visto por lugares cercanos de aquí y mis padres pensaron que sería mejor mudarse, en caso la viéramos —explica—. Eso hicimos, hace tres años y yo vine aquí y primero solo la buscábamos silenciosamente pero un día, en la iglesia, mamá pidió que por favor se contactaran si sabían algo.

Ósea que Seraphine ha vivido aquí por tres años pero no la había visto jamás, o quizás sí pero no había prestado atención.

—Y así fue como en el invierno del año antepasado, mucha gente se organizó para salir a pegar carteles y buscarla —dice.

El invierno del año antepasado…

Ahora entiendo por qué yo no sabía nada de esto. Ese invierno yo estaba ocupado con mis amigos saliendo y nos fuimos unas semanas a la casa de mi antiguo amigo Erick, en las montañas.

Y luego de eso, fue cuando Beatrice habló conmigo.

— ¿Tu tenías quince? —hago matemática mental.

Asiente. —Sí, todavía tenía quince, pero justo en mi cumpleaños salimos a buscarla, el dos de diciembre.

—Ya veo… —es tan raro como mientras yo vivía un evento que cambiaría mi vida, ella estaba viviendo algo así.

—La cuestión es que en navidad muchos ayudaron con publicaciones en internet y realmente la policía ya se había olvidado del caso, hay muchas personas desparecidas.

Chasqueo la lengua.

—Y supongo que todo iba, normal, hasta el año pasado. Fue en marzo cuando alguien llamó a mi mamá —hace una pausa.

Me siento mal por hacer que Seraphine hable de esto, no es un tema fácil. — ¿Quién era?

Seraphine mira a la ventana y niega, soltando aire por la nariz. Por un instante parece que quiere llorar y mi corazón se detiene. ¿Le sucedió algo malo a su hermana? ¿Era el culpable de su desaparición?

—No tienes…

Me interrumpe. —La persona que llamo —traga—, era Gabriela. Mi hermana.

Asiento lentamente. — ¿Qué pasó? ¿Qué les dijo?

Exhala. —Mi hermana… nunca desapareció, solo se fue con su novio —se pasa la mano entre el cabello—. Mi hermana… se fue por su voluntad y ni siquiera sabíamos que tenía un novio.

—Espera —pido—. Ósea, ¿no fue un secuestro o algo así?

Sonríe tristemente. —No. Gabriela… ella se hizo novia d alguien que no debía, era mayor. Es mayor, siguen juntos.

Junto las cejas. —Espera, ¿De qué hablas? ¿Qué tan mayor?

Muerde su labio inferior antes de hablar. —Él… fue un tutor de ella, él estaba en la universidad y era el amigo de un hermano de una compañera. Se conocieron y se veían a escondidas. Él le pidió que se fueran a vivir juntos y Gabriela sabía que mis padres no lo iban a permitir así que solo se fue, sin nada para que no sospecharan ni la buscaran.

No sé qué decir.

—Entonces… ¿Está bien? —pregunto con cautela.

Se encoje de hombros. —Esa vez llamó porque dijo que vio su rostro en una publicación de Socialz y no sabía que la estaban buscando como desaparecida. Le dijo a mamá que no iba a regresar, que seguía con Jonathan y que estaba bien, que tenía un pequeño apartamento con él y que quizás aprendería a ser estilista.

Elevo las cejas, estoy sin palabras.

—Pero… —digo—, bien, tu hermana está bien y no se perdió o la desaparecieron pero entonces, ¿Por qué actúan así contigo? Digo, no fue tu culpa y no sé, es extraño.

Me mira a los ojos unos segundos y luego aparta la mirada. —Bueno… era… ¿Sabes quién organiza los fondos para ciertas actividades o colectas de la iglesia aquí, no?

Oh…

Mi madre.

— ¿Y les reclamó? —no me sorprendería.

Niega. —Ella… no. Pero mis padres tuvieron que hablar con ella para que ya no hicieran la segunda ronda para buscar a Gabriela y tuvimos que disculparnos frente a todos ahí.

No tenía idea.

Eso seguramente pasó cuando yo ya no estaba aquí. No es que yo asistiera a la iglesia con mis padres pero mamá siempre hablaba de las actividades y presumía lo que hacía por los demás, así que yo me hubiera enterado pero por las fechas estoy casi seguro que ya me había subido al autobús en busca de un trabajo.

—Y luego —Seraphine continúa—. Pues… tu papá tiene ese programa de noticias…

Ay, no.

Mi papá, quien no solo “informa” sino que lo hace con un tono sarcástico y por eso se ha ganado muchos seguidores. Sus fanáticos no son personas que quieren conocer qué está pasando en el mundo, son personas que disfrutan reírse de las desgracias de los demás.

— ¿Qué dijo? —pregunto con un tono firme.

Suspira. —Que una familia en este lugar había tomado los recursos y tiempo de los buenos vecinos para encontrar a su hija adolescente y hormonal que se fue con su novio que dejó la universidad. Eso y más chistes estúpidos —me ve de reojo—. Lo siento, es tu papa.




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