No Somos Nada

32. SERAPHINE

—Lo siento —digo, limpiándome las lágrimas con la manga del suéter.

Cuando desperté hoy sabía que iba a estar con Scott por lo del viajes escolar pero no pensé que el día terminaría conmigo contándole sobre Gabriela y llorando.

—No te disculpes —él retira el cabello de mi rostro—. Tranquila.

Subo los ojos a los suyos y a pesar que está más oscuro ahora, la tenue luz ilumina la mitad de su rostro y de pronto ya no importa nada más. No importa que se hayan ido sin nosotros, los fantasmas o los ratones que pueden estar aquí.

—Gracias —le digo, separándome un poco.

Scott aclara la garganta. — ¿Quieres agua? Yo tengo —dice y sin esperar mi respuesta, se mueve para sacar una botella de plástico de su bolsa. Me la entrega—. Toma, no te preocupes.

Mi corazón vuelve a reaccionar pero ahora es por algo distinto. Scott es tan bueno conmigo y ni siquiera se da cuenta. Puede que parezca que hace lo mínimo pero él me cuida y no está obligado a hacerlo.

Dudo por un segundo pero lo hago, coloco mi mano sobre la suya. —Gracias Scott.

Él no aparta la mano, solo asiente. —De nada.

Sube la otra a mi mejilla y limpia las lágrimas debajo de mi ojo. —Lamento que mi familia haya sido así.

Sorbo por la nariz. —No es tu culpa, es… la vida, supongo.

Coloca su mano sobre la mía. —Sí, la vida —me da un apretón antes de soltarme—. Bebe agua, te sentirás mejor así.

Tomo la botella que dejé a un lado y le doy un sorbo. Scott se levanta y camina a la ventana, se asoma y suspira.

—Creo que deberíamos llamar a tus padres —sugiere.

Hago una mueca. —Sí, supongo.

Aunque mamá todavía no me ha enviado un mensaje así que asumo que ella cree que sigo en el autobús de camino al lugar. Sé que debería avisarles para que podamos salir de aquí, pero todavía no quiero eso.

— ¿Aun no? —es como si me leyera la mente.

Me encojo de hombros.

—Podemos caminar, ver como es este lugar en la oscuridad —dice—. Si quieres.

Asiento, dejo la botella a un lado. —Sí, supongo.

Scott se acerca para tomar un sorbo de agua también y luego la guarda, se cuelga la bolsa en un hombro, va por la mía pero esta vez yo me la cuelgo.

—Está bien —digo.

Caminamos en silencio sin saber bien a donde vamos, pero solo avanzamos. Cruzamos el pasillo mientras yo observo los salones vacíos y sin iluminación. No me quedo observando mucho, realmente podría aparecer algo en cualquier momento.

Aunque creo que Scott solo dijo eso para asustarme.

—Creo que todavía no hay meteoros —susurra—, pero estoy seguro que se ve algo allá arriba, está despejado.

Seguimos avanzando hasta el fondo, las escaleras al tercer piso y subimos. Él deja que pase primero, mantengo mis ojos en mis pies para no tropezar. Llegamos en donde mayormente están algunas oficinas y salas para maestros, junto a una bodega.

Scott avanza a la puerta que da a la azotea, que realmente nunca he estado ahí y creo que nadie de los alumnos tiene permitido entrar. Él mueve la puerta metálica y rechina cuando se abre.

—Ven —dice.

Ahora con la puerta abierta siento el frio de la noche y cuando salgo, el viento me mueve el cabello.

No es una gran azotea, la mitad está llena de cosas viejas que nadie usa y nunca han tirado como escritorios y mesas pero la otra mitad está vacía, rodeado todo de unas barandas metálicas altas.

Froto mis manos juntas. —Esto se siente ilegal.

—Mira arriba —pide.

Muevo mis ojos ahí y sonrío cuando noto varios puntos luminosos entre la oscuridad. Aun se ve la noche con ese tono azulado pero se pueden distinguir las estrellas.

Ver el cielo así me hace darme cuenta que hemos estado aquí más tiempo del que he creído, al menos eso parece.

Otra corriente de viento me hace juntar las piernas y rodear mi cuerpo con los brazos. Este lugar parece siempre estar frio.

—Mi abuelo… —Scott empieza a hablar—, mi abuelo siempre dice que hay que vivir con la mirada en el cielo. Que cuando te sientes oprimido por la vida, sube los ojos y te darás cuenta que eres parte de algo más grande de lo que crees.

Sonrío. —Eso es lindo.

—Sí, mi abuelo dice muchas cosas —Scott se acerca a la baranda, que es casi de su altura—. Él cree que no importa que tan oscura es la noche, siempre regresará el sol. Siempre.

Me acerco también. —Tu abuelo me agrada.

Scott me mira de reojo. —Pues creo que les agradas también, siempre me preguntan por ti.

Todavía hay mucho de Scott que no conozco y qué tal vez no sabía, pero me pregunto si Beatrice conoció a sus abuelos. Me pregunto si ella era como Scott, amable o si era diferente.

Según él, esa chica mintió sobre un embarazo. Eso es algo que no imagino haciendo y no entiendo por qué haría eso, quizás él tampoco lo entiende.

Recuesto la frente en las barras frías. —Scott —lamo mis labios—, ¿Qué hubiera pasado si ella sí hubiera estado embarazada?

No sé porque pregunté eso, supongo que estar tanto tiempo a solas con él y luego de hablarle sobre mí hermana me ha hecho pensar que por hoy podemos hacer preguntas difíciles y hablar sin filtros.

Suspira. —No lo sé —mira hacia el cielo—. El plan era que yo trabajaría, que yo los mantendría y todo eso pero, no estaba pensando bien. Solo hice lo que pensé correcto, mis padres no iban a ayudarme y su madre era muy… complicada. Sabía que no podía depender de nadie.

Hago una mueca. —Lo siento.

Encoje los hombros. —Es lo que es.

Toco una parte oxidada con mi dedo. —Pero, ¿Por qué tu hermana se enoja contigo? Digo, puedo medio entender a tus padres porque su hijo adolescente va a ser padre y todo eso pero, ¿Por qué tú hermana?

Resopla. — ¿Tu entiendes porque Dariane te molesta? —Se gira, quedando de lado para verme—. Dariane solo se toma personal lo que no es de ella, no sé qué le pasa. No tenía idea de lo que hacía en la escuela, ¿Desde cuándo es así contigo?

Suspiro. —Desde que se supo lo de Gabriela.




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